Se está poniendo en riesgo la disponibilidad futura de agua en nuestro país, Manuel Cárdenas Fonseca

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¡Lo que nos faltaba! A pocos días de la contienda electoral y en un ambiente de celebración futbolera, desde las alturas del Ejecutivo Federal se tomó la decisión de publicar diez decretos que eliminan la veda en 300 cuencas hídricas de todo el país, que constituyen el 40 por ciento de las 756 que existen en México y que concentran el 55 por ciento de todas las aguas superficiales con las que contamos.

Así, por decreto, por la sola opinión de un puñado de burócratas, y la decisión de un Ejecutivo, que no por ser legal es correcta y pertinente, se abre la puerta y el riesgo para la privatización del agua, a expropiarles a los núcleos agrarios, a las comunidades indígenas y a todos los mexicanos, este vital líquido, para ponerlo al servicio de los intereses de grupos empresariales. Por decreto, se está poniendo en riesgo la disponibilidad futura de agua en nuestro país.

Pero lo que no hacen por decreto (que podrían), es declarar la veda en cuencas en donde la sobreexplotación y la contaminación las han llevado prácticamente al agotamiento, y ahí está el caso de Chihuahua nada más como ejemplo. Pero claro estas decisiones no se toman, porque están en juego importantes intereses económicos.

De acuerdo a las propias cifras oficiales, las descargas industriales generan 340% más de contaminación que las descargas municipales. Además la demanda industrial de agua es cada día mayor y se espera que para el año 2050, sea de 400 por ciento más que la de ahora, mientras que el incremento para el uso doméstico será de 130 por ciento.

Triste futuro nos espera, si no defendemos este recurso fundamental para el desarrollo del país y para el bienestar de la sociedad. Ya no es posible tolerar que de manera discrecional se tomen decisiones que afectan a toda la sociedad, es necesario impulsar reformas que fortalezcan la participación social y la del poder legislativo en este proceso y en el diseño de políticas adecuadas de cuidado, explotación y uso del agua, que proteja al medio ambiente, que establezca mecanismos de control precisos y señale prioridades.

Si algo ha caracterizado a los gobiernos de las últimas décadas ha sido la gran irresponsabilidad que han mostrado con respecto al manejo de nuestras cuencas hídricas. Y no se necesita ser experto para saber del grado de deterioro que tienen las cuencas hídricas en México. Más de 32 por ciento de las aguas superficiales del país están contaminadas y la mayoría de los acuíferos y cuencas están sobrexplotados.

Hasta ahora no ha existido un programa integral y serio sobre el manejo del agua en México, lo que ha prevalecido es la discrecionalidad, las ocurrencias, la opacidad y la poca participación social en la toma de decisiones. Es urgente que esto cambie.

Ahora (quizá debería decir una vez más) con argumentos para nada convincentes, las autoridades federales nos pretenden hacer creer que con la eliminación de la veda, de un día para otro, en casi la mitad de las cuencas hídricas que tenemos en todo el país, tiene el loable propósito de cuidar nuestros recursos hídricos, de proteger ecosistemas y el medio ambiente. Nada más equivocado

Resulta un mucho contradictorio que se cambie la veda, por la apertura, con reservas parciales, argumentando que así se protegen los ecosistemas, el medio ambiente y hasta el suministro a la creciente población en esas zonas del país.

Estos decretos no responden a un programa integral nacional de cuidado del agua, en donde se establezcan limitaciones y regulaciones precisas (fuera de los volúmenes a reservar o explotar) y en donde se garantice la adecuada explotación, uso y aprovechamiento de los recursos hídricos del país, sin ponerlos en riesgo y sin comprometer áreas naturales protegidas. Lo que sí hacen es dejar la puerta abierta a la privatización a través de títulos, concesiones y otros mecanismos sea utilizados a favor de actividades empresariales, o administrado por privados en los municipios.

De igual forma, estos decretos dejarían en indefensión a comunidades indígenas y núcleos de población, que cuentan con 50 mil títulos que no han sido actualizados o que no están vigentes de acuerdo a la Ley de Aguas Nacionales y que no serían reconocidos de acuerdo a lo que establecen los propios decretos.

Me parece que estos decretos responden más al interés de cumplir con los compromisos de suministro a actividades empresariales como la minería y los hidrocarburos, que tienen una alta demanda del recurso, pero que también son altamente contaminantes

Las crecientes necesidades de agua son una realidad en el país que no debe ser menospreciada, pero los recursos deben ser utilizados de manera sostenible, sin ponerlos en riesgo, estableciendo prioridades, y en el marco de un programa integral, que establezca en la ley que las modificaciones y adecuaciones, deban hacerse por la vía legislativa y no mediante decretos ejecutivos como hoy sucede.

A pesar de lo que el gobierno sostiene, en México no existe un programa de cuidado y aprovechamiento de aguas y las decisiones se toman de manera coyuntural por parte del Ejecutivo, sin responder a una planeación estratégica, con un cronograma específico y en donde se evite la toma de decisiones discrecional.

Bajo este escenario, la aprobación de estos decretos que eliminan la veda en cuencas hídricas que contienen más del 55 por ciento de las aguas superficiales del país, generan grave incertidumbre, riesgos de privación y concentración del recurso, desconocimiento de derechos de los núcleos agrarios de las cuencas y posible afectación de ecosistemas.
No debemos permitir que se nos expropie un bien fundamental para todos los mexicanos; debemos alzar la voy y expresar nuestras opiniones. La política del agua en México no puede ser producto de la decisión de un solo poder y de las recomendaciones de unos cuantos “expertos”; debe ser construida directamente con las comunidades y el poder legislativo; debe ser clara y transparente y bien planeada.

Como en muchos otros temas, ya no es posible que los gobiernos en México sigan actuando a espaldas de la sociedad y motivados por intereses poco claros. Es hora de hacer un cambio verdadero y debemos empezar por el cuidado del agua.

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