Felipe Guerrero Bojórquez
Guadalupe Taddei encabezaba en el INE un equipo de colaboradores incondicionales, sin cuya colaboración y sumisión no habría podido ejecutar una serie de latrocinios de los que la acusan, jamás vistos en el ámbito de esta institución.
Taddei, sin duda, de acuerdo a los señalamientos, atentó gravemente contra nuestra democracia al apropiarse, junto con algunos proveedores convertidos en sus socios, de grandes cantidades de dinero destinado a organizar nuestras elecciones.
Si en este país hubiera ahora una verdadera traidora a México, sería Guadalupe Taddei, porque de acuerdo a los señalamientos traicionó a la democracia, eje fundamental de la República, y apuñaló por la espalda la confianza de millones de mexicanos en el INE.
No hace mucho, desde la mañanera, la presidenta Claudia Sheinbaum reprobaba los memes en contra de Taddei y los calificaba como una agresión y una falta de respeto al género.
Eso es cierto, pero no lo es menos que, entre más información trasciende —con audios y videos en los que claramente se ve y se escucha cómo se robaron y se repartieron el dinero—, lo primero que se infiere es la falta de escrúpulos, la frialdad gansteril, el tamaño de la calaña y la peligrosidad que representan.
Antes del escándalo mayúsculo y del material periodístico que decapitó a Taddei, destaca especialmente un video en el que, durante una conferencia de prensa, el reportero Jorge Monroy, de Latinus, le pregunta a la entonces presidenta del INE sobre la existencia de contratos a modo, a lo que ella respondió: «Eso me parece una majadería».
A la luz del tiempo, y con todo lo que ahora se sabe, esta respuesta ilustra claramente la frialdad y el grado de cinismo de esta señora: a la vista los muertos debajo de la alfombra, el tufo corrupto de los cuerpos y su capacidad de fingir la indignación suficiente como para convencernos de su inocencia. Una verdadera sociópata.
Los memes palidecen y se quedan cortos frente a una señora que estaba al frente de una de las instituciones más importantes del Estado mexicano. Ella traicionó entonces al INE, a la República, a la democracia y, en consecuencia, la fe y la confianza del pueblo de México.
Entonces, si traicionó todo esto, ¿no traicionó a la patria?
En el sentido estrictamente jurídico-constitucional, no. Pero, en el sentido ético-moral, sí.
En este marco, se interpreta que debilitar el arbitraje electoral o restar autonomía a las instituciones constitucionales atenta contra los pilares del Estado moderno. Se utiliza el término «traidor» en un sentido ético-civil, para calificar el incumplimiento del juramento constitucional de «guardar y hacer guardar la Constitución».
Ernestina Godoy, titular de la FGR, calificó de presunto traidor a la patria al exfiscal de Chihuahua, César Gustavo Jáuregui, por permitir la entrada a territorio mexicano de dos agentes de la CIA que murieron en un accidente después de un operativo. ¿Cómo calificar, entonces, los presuntos delitos de Taddei, más allá de las triquiñuelas presupuestales?
Las acusaciones hacia esta señora son graves y, a juicio de muchos juristas, resulta más traidora a la República que el exfuncionario de Chihuahua, hoy en la cárcel y a quien le tocó la mala circunstancia de ser convertido en chivo expiatorio
No hay duda: el hilo se revienta por lo más delgado.
¿Irá a la cárcel Taddei? La FGR de Godoy tiene la palabra, aunque todo lo que huela a Morena tiene de antemano la ventaja de la protección. Y ejemplos sobran.



