MAREA ALTA
Por Rodrigo de Triana
Vaya que el ahora retornado Gobernador Rubén Rocha Moya, en unas cuantas horas, logró la unidad total y absoluta que tanto ha buscado la dirigencia de la Cuarta Transformación, aunque para su mala fortuna, el milagro ocurrió para cerrarle la puerta en la cara.
Si lo que pretendía RR era medir la temperatura de la confianza hacia su persona en el ecosistema «cuatroteista», la prueba del termómetro resultó catastrófica. El diagnóstico es contundente: su credibilidad no solo está golpeada, sino tirada en el piso.
Uno a uno, el mandatario fue recibiendo como cubetazo de agua helada en la cara los posicionamientos de repudio y rechazo por su personalísima —y para muchos desatinada— decisión de reincorporarse a su despacho del tercer piso.
Una maniobra ejecutada en el peor momento posible, justo cuando el horno no está para bollos en la delicada relación bilateral de nuestro país con los Estados Unidos.
La cadena de deslindes cayó en cascada. Primero fue la presidenta Claudia Sheinbaum, luego la Secretaría de Gobernación marcando una sana distancia institucional, la dirigencia nacional de su propio partido, Morena, los senadores, los diputados y los gobernadores, los aliados que prefirieron cerrar filas con la postura federal antes que con la aventura sinaloense.

Pero la cereza en el pastel de esta crisis la pusieron los aliados indispensables. Al tachar de «torpeza» su precipitado regreso, el jefe de la bancada del PVEM en el Senado, Manuel Velasco, no anduvo con rodeos ni cortesías legislativas y le exigió de plano la renuncia al cargo. Cuando hasta el ecologista te desampara en medio de la tormenta, queda claro que las mareas en Sinaloa no suben a favor de Palacio. Fue un día de gatos negros para Rocha, nada más faltó que el perrito callejero de la esquina le mojara las valencianas de los pantalones.
De la huida al aplauso: la gimnasia olímpica y la lealtad por… la Visa
Con el regreso de Rocha Moya se desataron las reacciones en todas sus formas y expresiones, abriendo la puerta a las lecturas de rigor que operan detrás de tan controvertida decisión. Sin embargo, en el catálogo de posturas, las más patéticas se las llevan sin duda las «corcholatas» Graciela Domínguez y Estrella Palacios.
Apenas unos días después de que RR se declarara en fuga institucional, doña Chela no dudó en soltar una linda y hermosa declaración con la que buscó marcar una conveniente distancia del rochismo, ese mismo grupo del que tantos favores y beneficios recibieron en el pasado. Pero ayer, en un salto olímpico hacia atrás digno de tres medallas de oro, la legisladora mandó un mensaje de reconciliación y apapacho. Por si fuera poco, convocó a la masa morenista a celebrar un evento en el «Chaflán» para hoy a las 2 de la tarde, aquí en Mazatlán, dizque para defender a Rocha de la injerencia extranjera y de quién sabe cuántos peligros más. Puro rollo.
Pero si lo de Chela fue un mal sainete, lo de la alcaldesa con licencia Estrella Palacios Domínguez resultó ser un despliegue de tartufería todavía más evidente. Mientras su retórica pública se desbordó en calificativos laudatorios hacia Rocha Moya —a quien le «ratificó» su lealtad y consideró un gesto «digno y valiente» el regreso de su mentor—, tras bambalinas operó bajo una lógica diametralmente opuesta. A tan solo unas horas de que se divulgaran las imputaciones neoyorquinas contra el gobernador, la alcaldesa aplicó un silencio sepulcral que vino acompañado de una sigilosa purga: su equipo de comunicación social borró de inmediato todas las fotos oficiales junto al indiciado en su muro personal, demostrando que en el catálogo de sus lealtades la Visa está primero.
Entre la tibieza opositora y la mecha de la calle
Las posiciones de los partidos de oposición no se hicieron esperar, aunque con matices dignos de análisis. En el PAN se esperaba una reacción contundente de la dirigencia estatal que encendiera el vecindario de las redes sociales, pero en el radar mediático no apareció postura alguna que mereciera los titulares. Sin embargo, abajo del edificio, justo en el área del zaguán, sí se escuchó la voz de la dirigente municipal Nadia Haydee Olivas. La panista calificó como «vergonzosa e indignante» la reincorporación de Rubén Rocha Moya al Ejecutivo estatal, advirtiendo que su retorno genera un rotundo rechazo social en medio de la severa crisis de inseguridad que atraviesa la entidad. Y vaya que le acertó al tino.
Mientras tanto, por el lado de la bancada blanquiazul en el Congreso local la respuesta fue la nada absoluta. Silencio sepulcral. Ni los propios diputados de Morena estuvieron tan calladitos ante el torbellino.

Donde sí apretaron las tuercas fue en Movimiento Ciudadano. El coordinador estatal, Sergio “Pío” Esquer, expressed de forma tajante que la reincorporación de Rocha Moya al Poder Ejecutivo tras 112 días de licencia representa un duro golpe a la justicia y una afrenta directa para las víctimas de la violencia en Sinaloa.
Se espera que las reacciones suban de tono en los próximos días, porque al grito de «¡Fuera Rocha!», representantes de la sociedad civil liderados por Miguel Taniyama y Martha Sánchez ya están convocando a la toma del Palacio de Gobierno del Estado para el próximo lunes. La marea no solo viene alta: amenaza con meterse hasta la cocina de la sede estatal.



