Por Rodrigo de Triana
Imelda Castro ya tiene en las manos la famosa constancia que la acredita como “coordinadora” en Sinaloa. Traducido del lenguaje cantinflesco de Morena al español que todos entendemos: es oficialmente la candidata a la gubernatura.
Lo interesante no es la foto en la Ciudad de México con la dirigencia de su partido, sino los compromisos que lanzó abiertamente. Prometer que va a “recuperar los valores y el rumbo de la transformación” en el estado es, básicamente, reconocer lo que la gente en la calle vive todos los días: que el rumbo actual está perdido y que Sinaloa atraviesa horas muy oscuras en seguridad y tranquilidad. Una crítica velada a la casa, pero empaquetada con moño guinda.
El mensaje lleva tres destinatarios claritos:
Para la gente
La promesa de un «nuevo amanecer» y un cambio de aire en la seguridad, buscando conectar con el enfado de la clase trabajadora y las familias que pagan los platos rotos de la violencia.
Para el gabinete local
Marcaje de distancia. Se alinea con el proyecto de Claudia Sheinbaum y la figura de López Obrador, pero manda el mensaje de que lo que viene para Sinaloa es «otra historia».
Para los de afuera
Su postura sobre las «acusaciones internacionales» es un blindaje directo para evitar que los señalamientos externos tumben al movimiento.
La jugada está cantada: Imelda intentará venderse como la solución a los problemas del presente sin dejar de colgarse de la marca federal que da votos. La pregunta que queda en el aire para doña Juanita y Don Pedro, mis vecinos del abarrote de la esquina y que madrugan todos los días a trabajar entre la incertidumbre, es sencilla: ¿alcanza con un cambio de rostro para devolverle la paz a Sinaloa?
El tiempo, como siempre, dirá si este «nuevo amanecer» trae luz o más de lo mismo.
El manotazo en Palacio y la caída de Rocha
Si usted quería entender por qué las piezas se acomodaron tan rápido para Imelda Castro, no busque más: el ropaje político se rompió por la arrebatinga del poder.
De acuerdo a reconocidos analistas de El Universal, lo que ocurrió entre el 21 y el 25 de agosto en las alturas de la 4T no fue un trámite burocrático; fue una historia de tensión pura. Rubén Rocha Moya cometió el error de cálculo más costoso de su vida política: intentar acorralar a Palacio Nacional reincorporándose a la gubernatura de manera unilateral para obligar al gobierno federal a protegerlo a él y a sus hijos de las investigaciones de la FGR y el congelamiento de cuentas de la UIF.

El sábado del manotazo
Cuentan desde los pasillos del Senado que la presidenta Claudia Sheinbaum no solo no estaba enterada, sino que sintió la jugada como un desafío directo a su autoridad. En la reunión del sábado 22 de agosto hubo manotazos, gritos y una orden tajante: cero comunicación con el gobierno de Rocha y dejarlo completamente solo.
Ese mismo fin de semana se sopesaron los escenarios más duros para removerlo:
Juicio político y desaparición de poderes sobre la mesa.
Un tuit presidencial que sirvió de sentencia: “Nada por encima del pueblo, y mucho menos la ambición desnuda del poder por el poder”.
La salida obligada de Rocha pidiendo licencia a toda prisa para evitar un choque frontal.
Al final, la jugada le salió al revés al exgobernador. No solo tuvo que ceder el paso a una gubernatura interina con Graciela Domínguez —alguien desmarcada del «rochismo»—, sino que aceleró la decisión de Morena para entregarle las riendas del estado a Imelda Castro.
Para doña Juanita y Don Pedro, la lección es clara: cuando la cúpula se pelea por impunidad y poder, los de abajo pagan los platos rotos del desgobierno. La llegada de Imelda no es casualidad; es la respuesta de Palacio para tomar el control directo de Sinaloa y limpiar la casa a sombrerazos.
El regreso de Estrella y el ‘despiste’ en la municipal
Tal y como se lo comentamos en la columna de ayer, todo está listo para el regreso a la vida real en el servicio municipal de Estrella Palacios Domínguez. Si usted cree que va a ser temprano, pues se equivocó: el acto de retorno al despacho principal de la Ángel Flores y Guillermo Nelson está programado para esta tarde, según marca la agenda de la hasta este momento alcaldesa interina, Minerva Osuna.
Todos los integrantes del “Star Palaces team” están emplazados a llegar puntualitos a las 16:00 horas o antes, porque la jefa quiere reporte de novedades de las actividades de cada uno de los responsables de área de su gabinete. Lo necesita urgente, porque mañana muy temprano ella —es decir, la presidenta «de a buenas»— necesita rendir cuentas en la Mesa de Seguridad.

Nos dicen que, en temas de seguridad, la III Región Militar se ha convertido en una especie de Presidencia paralela; un tema al que por más que quiso aprenderle y estudiarle doña Minerva Osuna, jamás le halló el cuadrado al círculo. Hizo comprender a sus conciudadanos que de esa materia no sabe ni papa, ni la «O» por lo redonda. No es lo suyo.

Si la dejan una semana más, seguro todos los habitantes de Mazatlán terminaríamos siendo criminalizados. Si no, basta ver cómo les fue a los muchachos de la colonia Felipe Ángeles, que solo regresaban uniformados de jugar futbol y terminaron masacrados. Una muestra más de lo costoso que resulta la improvisación cuando la gobernabilidad se ejerce a ciegas.



