POR RODRIGO DE TRIANA
¡Ay, mi gente! Con la novedad de que por la oficina de la alcaldesa Estrella Palacios el aire se puede cortar con machete. Dicen las malas lenguas —y las voces de radiopasillo que nunca fallan— que la presidenta trae un genio de los demonios, de esos que hacen que hasta el gato de la casa salga volando por la ventana nomás de verla pasar.
Ayer se le notó todito el coraje en pleno arranque del reencarpetado de la avenida Río Piaxtla. ¡Y cómo no, si volver a la rutina de la alcaldía no estaba en sus oraciones! Cuentan los que saben que ella ya se hacía prolongando sus vacaciones en el «periodo turístico-electoral» hasta diciembre, esperando que para entonces le amarraran una candidatura a la reelección o a diputada local.
Y no por amor al arte ni por vocación de servicio, sino por lo que realmente importa en estos tiempos: ¡su buen fuero y su bendita impunidad!
Pero el berrinche no es de gratis ni nació ayer. Trae la espina clavada desde el día en que anunciaron a la buena para la Coordinación de la Cuarta Transformación y el dedo mágico no la señaló a ella. ¡Vaya corajazo!
Tanto fue el coraje que se bajó del templete echando chispas en cuanto escuchó el nombre de la ganadora, aunque después se quiso salir por la tangente diciendo que nomás le habían dado ganas de hacer del «uno». ¡Por favor! A otro perro con ese hueso.
Lo peor del asunto es que a la pobre la dejaron como novia de pueblo: vestida y alborotada. Y todo porque sus principales porristas —su papá y su compadre— le habían dado bastante «piola» jurándole y perjurándole que ella iba a ser la mismísima «Maciza» de Sinaloa.
Esa puede ser la razón de sus muinas, pero hay otra que comenzó a circular por voz de Luis Chaparro en sus video-comentarios de Pie de Nota, donde da a conocer que las cuentas de su esposo Román Lizárraga Quintero fueron congeladas por la UIF en la sociedad que mantiene con el exsecretario de Economía, Ricardo “El Pity” Velarde.
¿Será por aquí? ¿O ambas cosas?
Ahora la realidad le pegó de frente, el sueño se le desinfló y la que tiene que aguantar las carotas y los sombrerazos en el Ayuntamiento es la ciudadanía. ¡Sálvese quien pueda!
EN LA BANCADA DE MORENA EN EL CABILDO: TODOS CONTRA TODOS
En un cambio de rieles en la materia, ¡les tenemos que en el Ayuntamiento de Mazatlán las aguas están más revueltas que las del malecón en pleno mar de fondo! Y es que en la política local, cuando no es Chana es Juana.
Resulta que nuestro primer regidor, Martín Ochoa López, agarró sus chacharas, aventó la toalla y dijo: «A’i se ven, ahí les dejo su coordinación de Morena». Y claro, como todo político cuando dimite sin querer soltar el hueso grande, tiró la piedra y mandó un recadito bien empaquetado en celofán.
Dijo el muchacho que para coordinar se necesita «comunicación, diálogo y confianza», pero que esas virtudes brillan por su ausencia. Traducido al español del que se habla en la esquina y en la parada del camión: ¡nadie se puede ver ni en pintura y la bancada es un agarre de greña diario!

Pero la frase de la semana, de esas que ni en las telenovelas de las 9, fue cuando soltó: «Los cargos son temporales, la dignidad es permanente». ¡Tómala! Esa pedrada no iba para el aire, tenía nombre, apellido y dirección en el Cabildo. Eso no fue un adiós, fue una desconocida pública para sus propios compañeros de partido.
Eso sí, no crean que Martín se va a ir a buscar chamba al mercado o a repartir volantes. ¡Para nada! Aclara que sigue siendo regidor y que la militancia de Morena no se la quita nadie. Faltaba más, la quincena se respeta y la silla no se suelta, que la dignidad alimenta el alma pero el sueldo paga la luz.
Ahora la pregunta es: ¿le dieron un jalón para que dejara el campo libre a Jesser Yael Martínez Otero para que sea éste el nuevo «Descoordinador» de la Bancada acatando línea directa desde uno de los cuatro gobernadorcitos que, aparte del grande, tiene Sinaloa?
Porque cuando los de arriba empiezan a jugarle al ajedrez, a hablar de «convicciones» y a recibir órdenes por teléfono, es porque los platos rotos los terminamos pagando los de abajo.
¡Agarren aire chavalos, que esta tormenta va empezando!



