Por Rodrigo de Triana
La maratón de 17 designaciones en Morena no fue precisamente el paseo triunfal que la dirigencia imaginó en la víspera. El libreto oficial hablaba de legitimidad democrática y de las encuestas como un “método infalible”.
En la práctica, el método demostró ser todo lo flexible que la coyuntura exigió. Ahí está San Luis Potosí, donde ante la falta de competitividad de los inscritos se optó por el dedazo de consenso para colocar a Elí Cervantes, un militante que ni siquiera había levantado la mano.
O el caso de Nayarit, donde el ganador real en las urnas internas, Héctor Santana, tuvo que dar un paso al costado en favor de la senadora del Verde, Jasmine Bugarín, para saldar la cuota de género y la factura de la alianza.
No en todos lados la píldora se tragó con la elegancia de Santana. Mientras en Nuevo León Tatiana Clouthier optó por el hielo institucional tras el triunfo de Clara Luz Flores —evitando a toda costa comprometer su apoyo en campaña—, en el norte la fractura se volvió espectáculo. Sonora vibró al ritmo de las acusaciones de “imposición” dirigidas al gobernador Alfonso Durazo, y en Baja California Sur la reunión previa saltó por los aires cuando Milena Quiroga y su gente reventaron el salón a portazos.
Tras bambalinas, la jornada de cierre para nombrar a sus coordinadores estatales —y virtuales candidatos a las gubernaturas— dejó al descubierto un mapa de fracturas, pragmatismo puro y una disciplina de partido que cruje según el código postal.
Con diez coordinaciones en manos de mujeres, dos entregadas al Partido Verde y un Partido del Trabajo que brilló por su ausencia —reflejando una grieta no menor en la coalición oficialista—, Morena cerró la lista a toda prisa.
La urgencia por hacer públicas las encuestas esta misma semana no responde a un repentino arrebato de transparencia, sino a una operación urgente de control de daños. En la marejada guinda, convencer a la militancia de que los dados no estaban cargados será, desde hoy, la verdadera prueba de fuego.

Agarren piedras porque el combate en Morena por las candidaturas ya comenzó
En la pintoresca comarca mazatleca, las aguas internas del guinda se pusieron igual de picadas que la bahía con el mar de fondo que nos trae el mentado “Polo”. Y es que el exalcalde Édgar González Zataráin decidió desenfundar la honda, esa arma flexible que le fue muy útil a David para despacharse a Goliat de zendo pedradón en la frente, para mandar mensajes muy sólidos y directos en tres direcciones:
Con la soltura de quien ya se comió el pastel de la administración local y conoce hasta dónde crujen las vigas del palacio municipal, Édgar salió a los micrófonos a soltar una verdad que a más de tres «puros y virtuosos» les cayó como patada en el estómago: ¡El mito de que en Sinaloa la marca guinda gana “con quien sea” pasó a mejor vida!
Así, con todas sus letras, lo dijo.
Pero como en esta columna no nos chupamos el dedo ni nos alimentamos de discursos para párvulos, hay que descifrar el abecedario de la pedrada. Porque el tiro no fue al aire, mi estimado lector; traía tres destinatarios perfectamente etiquetados y con acuse de recibo:
1. Para los «intelectuales» del escritorio y las encuestas patito
El primer zurdazo fue directo a las oficinas de la dirigencia estatal y a la afamada Comisión de Elecciones. A esos genios de la estadística que creen que medir la «popularidad» es lo mismo que garantizar el triunfo, Édgar les advirtió que medir el nivel de conocimiento sin evaluar la tasa de rechazo es como comprar un coche sin motor solo porque está recién pintado.
Traducido al cristiano: si la cúpula insiste en regalar la candidatura desde el escritorio basándose en quién sale más en la foto y no en quién sostiene el territorio, Mazatlán se les va a ir de entre las manos.
Ahora la pregunta es: ¿Quién o quiénes son los destinatarios perfectos de esta pedrada ensalivada?
2. Para los «paracaidistas» con aroma a oportunismo
El segundo dardo pegó en la línea de flotación de la fauna de «cuño reciente» —esos distinguidos especímenes que aparecieron de la noche a la mañana jurando amor eterno a la transformación—. Édgar los retrató de cuerpo entero al recordar a aquellos candidotes del pasado reciente que «aparecieron de pronto sin tener ni remota idea de lo que era esto».
La pedrada va con dedicatoria para quienes pretenden saltarse la aduana del trabajo comunitario y la gestión municipal, apostándole todo al milagro del arrastre de la sigla o a las bendiciones otorgadas desde Culiacán o desde Palacio Nacional. ¿Quién es el aludido o la aludida aquí?
3. Para los rivales con el «negativo» hasta las nubes
Y para que la jornada fuera completa, el veneno fino cayó sobre sus compañeros de contienda que presumen reflectores pero arrastran una cauda de pasivos políticos que ni con bendición papal se les quita. Al fijar como regla de oro que el candidato debe ser «quien traiga menos negativos», González Zataráin les puso el dedo en la llaga a las figuras hiperconocidas en redes sociales pero profundamente aborrecidas en las colonias.
¿Será esta una bola en screwball para LGBT, quien reapareció públicamente hace días con su tarjetita de Morena en mano y no precisamente para decir «buenos días»? Fue precisamente LGBT quien desató la lluvia de pedradas cuando en esa aparición hizo lanzamientos hacia la figura de Rocha, Inzunza, Édgar González y otros personajes que andan por ahí.
El amague del despegue
Lo verdaderamente sabroso del sainete no fue el diagnóstico, sino el remate. Eso de soltar un picaresco «si esto toma otro giro, habrá que valorarlo… porque uno no puede ser cómplice de cosas que no estén bien», en el castellano llano de la política sinaloense significa una sola cosa: «no me midan el agua a los camotes».
En pocas palabras, González Zataráin avisó que su disciplina no es un cheque en blanco firmado a ciegas. Si la simulación se impone y el parto de la candidatura resulta en un adefesio improvisado, la tan cacareada «armonía» guinda será la primera en irse a pique por el acantilado del Paseo del Centenario.
El aviso está en la mesa.
A ver a cuántos en Culiacán y en el puerto les alcanza la compostura para no salir a chillarle al árbitro.



