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martes, 29 septiembre, 2026

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En la Raya/El tren «El Sinaloense»/La locomotora de las promesas

Por José Luis López Duarte

Hace más de dos años, cuando el gobernador Rubén Rocha todavía vivía en Jauja —ese lugar imaginario donde todo funciona, nadie protesta y las obras se inauguran antes de construirse— anunció con bombo, platillo y video espectacular el tren regional de pasajeros «El Sinaloense».

La promesa era de película: un tren moderno, turístico, veloz, estratégico y casi mágico. Recorrería Sinaloa, conectaría pueblos, impulsaría la economía y convertiría al estado en una potencia turística. Incluso hubo fechas de inauguración. Después cambiaron los plazos. Luego volvieron a cambiarse. Y otra vez. El tren avanzaba, sí, pero únicamente en los discursos oficiales.

Terminó el sexenio de Andrés Manuel López Obrador y llegó la presidenta Claudia Sheinbaum. En Sinaloa, sin embargo, el cuento siguió sobre los mismos rieles. Primero dijeron que “El Sinaloense” estaría listo en abril de 2025. Después lo mandaron para diciembre. Luego desapareció del mapa, como tantas promesas de la llamada Cuarta Transformación.

Pero el 23 de septiembre apareció el general Ricardo Vallejo Suárez con una noticia extraordinaria: el tren ya tendría un avance del 64 por ciento, 14 frentes de trabajo, más de 18 mil 200 trabajadores y casi 3 mil 900 máquinas operando día y noche.

¡Caramba! Si esas cifras fueran ciertas, en Sinaloa ya deberíamos escuchar el silbato del tren desde Los Mochis hasta Mazatlán. Pero el problema no es únicamente el anuncio; el problema es que el gobierno pretende que la ciudadanía acepte cada nueva versión sin hacer preguntas.

Según la propaganda oficial, “El Sinaloense” recorrerá 529 kilómetros y conectará puntos estratégicos con pueblos mágicos en Guasave, Mocorito, Culiacán y La Cruz de Elota. Será de doble energía, diésel y eléctrico, y supuestamente quedará terminado en 2029.

¿En 2029? Es decir, después de otro montón de discursos, renders, ceremonias, recorridos virtuales y presentaciones con música épica. Para entonces, quizá el tren ya tenga nombre nuevo, gobernador nuevo y hasta una estación dedicada a las promesas incumplidas.

La pregunta inevitable es: ¿este gobierno considera tonta a la ciudadanía? Porque no parece haber otra explicación cuando se utiliza la mañanera y Palacio Nacional como la gran bocina para difundir anuncios que nadie puede verificar plenamente.

Y si durante el sexenio anterior se documentaron miles de afirmaciones falsas o engañosas, ¿qué cuesta agregar unas cuantas más? Total, el pueblo “bueno y sabio” también tiene memoria corta, sobre todo cuando las promesas se repiten con imágenes bonitas y palabras como “transformación”, “bienestar” y “desarrollo regional”.

Algo parecido ocurrió con el metrobús urbano de Culiacán, anunciado por Jesús Estrada Ferreiro en 2018. Se dijo que el dinero federal ya estaba autorizado, que Andrés Manuel lo había prometido y que sólo faltaba firmar acuerdos entre el gobierno estatal y el municipal. El costo estimado: 3 mil 900 millones de pesos. ¿Y el metrobús? Bien, gracias. Seguramente esperando al tren para hacer transbordo.

También apareció la promesa de una rueda de la fortuna como la de Londres, instalada junto a la confluencia de los ríos Tamazula y Humaya. Otra maravilla que se quedó dando vueltas, pero únicamente en la imaginación de los funcionarios.

Así que ahora los militares nos dicen que “El Sinaloense” va en 64 por ciento. Ojalá sea cierto. Sinaloa necesita infraestructura, turismo y transporte moderno. Pero también necesita transparencia, contratos públicos, calendarios verificables y funcionarios que no confundan propaganda con resultados.

Porque una cosa es inaugurar una obra y otra muy distinta inaugurar la promesa de una obra. Y en eso, señoras y señores, la Cuarta Transformación ya tiene una terminal de lujo.

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