CIUDAD DE MÉXICO.— Valiéndose de la placa institucional para operar desde las sombras de la impunidad, un agente activo de la Fiscalía General de la República (FGR) fue capturado junto a su séquito de cómplices civiles en las inmediaciones de la colonia Buenavista, luego de ejecutar el secuestro de una empresaria queretana por la que exigían la estratosférica suma de 60 millones de pesos.
El oficial, identificado como Roberto “N”, prefirió cambiar la justicia por el dinero fácil. Utilizando su gafete de investigador federal como escudo de impunidad, el servidor público se trasladó hasta el estado de Querétaro para cazar a su víctima. Con lujo de violencia, la célula criminal privó de la libertad a la mujer de negocios, montándola en un operativo de terror financiero.
Terror institucional: Pagas o te siembro delitos
El cinismo de la banda no conoció límites. De acuerdo con los reportes policiacos y datos filtrados por el periodista Carlos Jiménez, los plagiarios no pedían un rescate cualquiera; el modus operandi consistía en amenazar a la víctima con «sembrarle» carpetas de investigación y entregarla a las celdas de la Fiscalía Especializada en Materia de Delincuencia Organizada (FEMDO) si su familia no soltaba el millonario botín. Era extorsión pura armada desde las entrañas del mismo gobierno.
Para el trabajo sucio, el agente federal reclutó a tres civiles —Óscar “N”, Adán “N” y Elizabeth “N”—, quienes operaban como las viejas “madrinas” del cuerpo policiaco, cobrando una tajada por acuerpar al oficial en sus «movidas chuecas».
Se les cayó el teatrito en la CDMX
Sin embargo, el festín criminal se les pudrió al entrar a la capital del país. Tras una alerta oportuna, elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) adscritos al Sector Buenavista interceptaron el convoy de los delincuentes.
En una rápida y certera acción que no les dio tiempo ni de desenfundar las armas de cargo, los uniformados capitalinos neutralizaron al grupo, rescataron a la empresaria completamente ilesa y desarmaron al elemento federal, demostrando que en las calles de la CDMX la placa no es boleto de impunidad.
Los cuatro implicados ya duermen en el Ministerio Público de alta prioridad, mientras la FGR mantiene un silencio sepulcral ante la vergonzosa captura de uno de sus propios lobos con piel de oveja.



