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Chispazo/ MORENA, de la libertad a la imposición: el regreso del pensamiento único.

Felipe Guerrero Bojórquez

La decisión del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación de avalar los lineamientos de ética de Morena, que obligan a sus militantes a “agotar las instancias internas” antes de expresar públicamente una crítica, no es una simple medida administrativa. Es una declaración política-ideológica y anticonstitucional: la «disciplina», por encima de la libertad y demás derechos humanos.

La oscuridad del autoritarismo no llega de golpe. Se va instalando poco a poco, en el lenguaje polarizante, en la imposición de nuevas normas y en las resoluciones judiciales que visten de legalidad lo que en el fondo es control.

El tribunal, con esa resolución, reconoció el derecho de auto organización de MORENA, pero a costa de mutilar un derecho superior: el de la libertad de expresión. Es decir, para la mayoría de los magistrados, afines a la cúpula morenista, el silencio es una forma legítima de convivencia política. Callar primero, opinar después y luego la militancia tendrá que consultar a qué horas puede hablar. Más autoritarismo no se puede.

El mensaje de fondo es claro: la disidencia interna no es bienvenida; el pensamiento crítico se convierte en indisciplina. Y quien ose cuestionar, deberá antes presentarse ante la autoridad moral del partido, la llamada Comisión Nacional de Honestidad y Justicia, a pedir permiso. La estructura de obediencia se formaliza, y el miedo a la sanción sustituye al debate.

Lo más grave es el precedente: si la censura se normaliza en el partido que dice representar la transformación moral del país, ¿qué impedirá que ese modelo se reproduzca en la vida pública? La ética convertida en dogma es el paso previo al autoritarismo. Y ese paso, hoy, se da con el aval del propio órgano encargado de proteger los derechos políticos de los ciudadanos, es decir del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

Y no se trata solo de Morena. Se trata de todos. Porque lo que se erosiona no es una militancia, sino la noción misma de democracia partidista. Un sistema político en el que los militantes no pueden hablar, es un sistema que ha renunciado al derecho a la crítica y al derecho constitucional de exigir y rendir cuentas.

La censura previa, disfrazada de disciplina, revive los métodos de los viejos regímenes que castigaban el desacuerdo y premiaban la sumisión. Aquellos en los que la unidad no era fruto del consenso, sino del miedo. Es la historia del viejo PRI de los años 70-80, donde «la unidad del partido» era una forma de decir «cállate o te expulsamos, te encarcelamos o te desaparecemos».

Quizá la historia termine repitiéndose, pero hoy en una versión de corto plazo: los partidos que nacen de la rebeldía suelen convertirse en verdugos. Y todo indica que MORENA ya inició este proceso.

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