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sábado, 15 agosto, 2026

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Chispazo/ ¿Dónde está Rocha? En poder de los que lo empoderaron

Por Felipe Guerrero Bojórquez

La simple desaparición absoluta de Rubén Rocha Moya de la esfera pública, ofrece el tamaño del problema en que está involucrado; ofrece la dimensión de sus antecedentes y de lo que hizo y dejó de hacer como gobernador de Sinaloa.

Si el gobierno federal confirmó que Rubén Rocha está bajo protección, la pregunta no pierde sentido: lo gana. ¿Dónde está? Y, sobre todo, ¿qué significa que un hombre que hasta hace unos días gobernaba Sinaloa haya desaparecido por completo de la vida pública bajo una explicación tan escueta?
No se trata de morbo ni de excesos opositores. Porque lo primero que al sentido común llega es que la vida de este hombre corre peligro, lo que no debería ocurrir cuando él mismo se dice absolutamente inocente de lo que se le acusa.

Sin embargo para la autoridad existe una situación de riesgo, de ahí la protección. Pero de eso a la desaparición absoluta hay un largo trecho, lo que desde luego no puede admitirse como normal. Por supuesto, a nadie se le ocurriría pedir su ubicación. No es ese el tema. Ni su importancia.
El problema no es que Rocha reciba protección. El problema es el nivel de secretismo con el que se ha decidido manejar su ausencia, lo que hace pensar que detrás de ello existe un problema más allá de un simple requerimiento: Algo que pone en riesgo al sistema mismo.

Rocha no es un exfuncionario cualquiera ni una figura de rango menor. Las acusaciones en su contra lo colocan en un punto especialmente delicado: por su dimensión local, y por lo que su caso representa en la narrativa que Estados Unidos ha venido construyendo sobre la relación entre crimen organizado y poder político en México.

Por eso su desaparición pública no puede leerse como un simple protocolo de seguridad. Tiene implicaciones políticas, institucionales y diplomáticas. Obliga a preguntar si se le protege por una amenaza concreta, si se le resguarda mientras se define una salida política o judicial, o si el gobierno mexicano está estirando la liga bajo la presión ya extrema de los Estados Unidos. No hace falta afirmar nada para advertir la gravedad. Basta con analizar por encima las contradicciones discursivas del régimen, en voz de la presidente Claudia Sheinbaum. Y el atrincheramiento político en Palacio Nacional, cuyo espacio físico se utiliza, sin el menor rubor, para que los miembros oficialistas del poder legislativo cierren filas sin reserva. Aquél viejo PRI, el partido de Estado cuestionado severamente por los que ahora ejercen el poder, les quedó pequeño.

Por eso el escándalo Rocha ya no está solo en las acusaciones. Está también en la forma en que el poder ha decidido tratar el caso. Para la cúpula, la protección a Rocha no es policiaca ni judicial, es política y lo de menos para ella es que alguien se interese por saber dónde está.
Pero para el sentido común, para los ciudadanos, la pregunta simple de dónde está Rocha, genera, sin proponérselo, una terrible incomodidad en las altas esferas del poder. Por supuesto, para muchos ciudadanos la respuesta oficial de la «protección» ofende su inteligencia, pero al final la interpretan como los malabares naturales de un oficialismo que, por eso mismo, ofrece con claridad una trama de enredos, nada ajena al sufrimiento cotidiano de la gente: corrupción y ligas con estructuras fácticas.
Al final, el hecho de esconder a Rocha es al mismo tiempo consecuencia de un ejercicio de poder cuestionado por la sociedad. Si a quien gobernaba Sinaloa le reconociera la gente su gestión; si lo consideraran su líder y lo defendieran con la seguridad irrefutable de que es inocente de lo que lo acusan, entonces la comunicación desde la «clandestinidad» estuviera a la orden del día y las plazas y calles de Sinaloa estuvieran llenas, exigiendo trato justo. No, no ha sido así hasta hoy. En cambio la cúpula del poder es la única preocupada en su defensa y protección, o en su estrategia para entregarlo y calmar al imperio . Y no es que les importe el destino de Rocha como persona. Lo que les importa es qué tanto pone en riesgo al régimen como pieza clave del mismo. Y lo que también valoran, con frío cálculo, es qué ocurrirá si lo entregan a los Estados Unidos o sí en su distorsión convenenciera de la bilateralidad a Trump se lo ocurre incursionar. ¿Dónde está Rocha? Está en poder de los mismos que lo empoderaron.

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