Por Rodrigo de Triana
A bordo del barco guinda en la Ciudad de México, todo era confeti, sonrisas de comité y aplausos de consigna. Imelda Castro Castro levantó el brazo en la VII Sesión del Consejo Nacional de Morena tras rendir protesta como la flamante coordinadora estatal.
En el papel y en el micrófono, el discurso suena impecable: “continuidad”, “unidad” y la edificación del bendito “Segundo Piso de la Cuarta Transformación” en Sinaloa.
El problema —y vaya mar de fondo que se avizora— es que cuando la senadora con licencia baje del avión y ponga un pie en el piso real de Sinaloa, se dará cuenta de que la planta baja que pretende heredar no necesita un segundo piso, sino un dictamen urgente de Protección Civil para evitar el colapso.
La heroica tarea de «nadar de muertito»
En Palacio de Gobierno, la administración interina de Graciela Domínguez Nava y su habilidoso equipo de Comunicación Social han diseñado una doctrina digna de estudio en facultades de ciencia política: la gobernabilidad por ausencia.
Frente a las catástrofes que asfixian al estado, la consigna oficial no es resolver, sino nadar de muertito para que la corriente no los hunda antes de entregar la estafeta.
¿Balaceras y ejecuciones a plena luz del día? La vocería responde publicando fotos de la gobernadora inaugurando el techumbre de una escuela.
¿El motín sanguinolento en el Cereso de Mazatlán? Un boletín sobre los beneficios de la lectura en bibliotecas públicas.
¿Un crack económico que tiene a comerciantes de Culiacán y Mazatlán bajando cortinas acorralados por la parálisis y el cobro de piso? Un comunicado garantizando que la macroeconomía «mantiene una tendencia positiva».
¿El Malecón de Mazatlán desmoronándose en cámara lenta frente a la mirada atónita de los hoteleros? La solución oficial no es anunciar una obra de contención de gran calado para dar certeza a los inversionistas, sino poner tres conos naranjas, una cinta de «Precaución» y subir una foto a Instagram del bello atardecer porteño.
Para la dirección de prensa oficial, la fórmula es simple: lo que no sale en el boletín, no ocurrió.
Mientras tanto, la presencia de cerca de 10 mil efectivos de las Fuerzas Armadas en Sinaloa no se comunica como lo que es: un estado de excepción de facto. La narrativa oficial busca «mimetizar» las tanquetas y el patrullaje castrense dentro de la rutina diaria, vendiéndolo como un simple «operativo de proximidad», mientras los inversionistas interpretan que si hay un ejército en las calles, algo gigantesco y fuera de control está ocurriendo.
La trampa perfecta para Imelda
Es aquí donde el proyecto de Imelda Castro choca de frente contra su propia línea de flotación. ¿Cómo se promete el «Segundo Piso» de una casa que se está cayendo a pedazos?
Si Imelda decide alinearse a la disciplina ciega del partido y salir a defender el «excelente trabajo» del gobierno estatal, asumirá como propio el pasivo del pánico social, la parálisis económica y el abandono de la infraestructura. Pero si intenta marcar distancia para ganar credibilidad en la calle, romperá la narrativa sagrada del movimiento. La senadora está atrapada entre el dogma de la capital y la realidad a balazos del territorio.
El «Crack» Económico: Fantasmas en el Sector Comercio
Mientras comercios históricos y pequeñas empresas en Culiacán y Mazatlán bajan sus cortinas acorralados por la parálisis económica, Comunicación Social emite boletines con «proyecciones positivas» y discursos huecos. Para la administración de Domínguez Nava, la quiebra del sector privado no es un tema de agenda pública, sino un dato incómodo que es mejor disimular hasta que concluya el periodo interino.
El modelo de comunicación del gobierno interino ha convertido la vocería en un parapeto. En lugar de ofrecer certeza, explicaciones técnicas y liderazgo en momentos de tormenta, la estrategia se limita a dejar pasar el tiempo, eludiendo la rendición de cuentas y esperando que el costo político de la crisis lo pague la administración que venga después.
La sombra que viene del sur y de Coahuila
Para colmo de males en la mesa del cuarto de guerra guinda, Mario Zamora Gastélum, el adversario político que se perfila al frente de una eventual megacoalición opositora (PRI-PAN-PAS y en un descuido hasta Movimiento Ciudadano), ya entendió por dónde golpear. No va a debatir sobre ideologías rancias; va a vender modelos probados de seguridad.
La oposición ya cacarea el éxito de estados como Coahuila o Aguascalientes, donde el blindaje territorial y el respeto al sector productivo devolvieron la tranquilidad para hacer negocios. Y por si fuera poco, deslizan en el debate la asesoría y la línea directa con Nayib Bukele, el polémico presidente salvadoreño que le demostró al mundo que la crisis de inseguridad no es un castigo divino ni una fatalidad inevitable, sino un problema de altísima voluntad política y mano firme.
En una sociedad sinaloense exhausta de cobros de piso, balaceras y discursos huecos, la sola idea de un gobierno con autoridad que imponga orden y rescate la economía suena como música para los oídos del empresariado y de las familias acorraladas.
Para el partido en el gobierno, las cosas rumbo al 2027 están más color de hormiga de lo que quieren admitir.
Si el equipo de Imelda Castro cree que la gente se va a conformar con folletos bonitos y discursos sobre la «transformación», se van a llevar una amarga sorpresa en las urnas. La gente en la calle ya no quiere promesas ni palabras huecas; lo que la familia que sale a trabajar, el comerciante que quiere abrir su negocio sin miedo y el trabajador de a pie exigen es algo fundamental que hoy simplemente no se siente en Sinaloa: que haya orden, que vuelva la tranquilidad y que se note que de verdad hay alguien tomando el control.



