Guadalajara, Jalisco. En una noche pintada de fiesta, dramatismo y un grito ensordecedor que hizo temblar las estructuras del Estadio Guadalajara, la Selección Mexicana de Fútbol venció por la mínima diferencia (1-0) a su similar de Corea del Sur. Con este resultado, el combinado dirigido por Javier Aguirre amarró de forma matemática su pase a los dieciseisavos de final de la Copa del Mundo 2026, convirtiéndose en el primer clasificado del certamen.
Primer tiempo: Ajedrez bajo la presión tapatía
Desde el pitazo inicial, el coloso de Zapopan se convirtió en una auténtica caldera. Alentados por más de 45,000 almas entonando el «Cielito Lindo», el Tricolor saltó a la cancha con agresividad, buscando morder en territorio rival. Sin embargo, los «Guerreros de Taeguk» no se amedrentaron y rápidamente nivelaron la balanza con su característico orden táctico y velocidad en las transiciones, con un Lee Kang-in que vio la amarilla apenas al minuto 3 intentando frenar el ímpetu mexicano.
La oportunidad más clara de los primeros 45 minutos llegó por cortesía de Julián Quiñones, quien remató con un sólido testarazo dentro del área, pero el guardameta surcoreano, Kim Seung-gyu, recostó de gran manera para apagar el festejo local. Tras la pausa de hidratación, el encuentro cayó en un bache de imprecisiones donde las defensas se impusieron, mandando el juego al descanso con un paridad de acero.
El rugido de Romo y la pifia coreana
El destino del encuentro cambió al arranque del complemento. Corría el minuto 50 cuando Raúl Jiménez metió un disparo con tintes de peligro hacia el arco asiático; parecía una jugada de rutina, pero el portero Kim Seung-gyu cometió un error garrafal al dejar el balón muerto en el corazón del área chica. Despierto, con el instinto encendido, Luis Romo aprovechó el regalo, empujó la pelota al fondo de las redes y desató la locura colectiva en la Perla Tapatía.
El 1-0 obligó a Corea del Sur a adelantar líneas y el técnico Hong Myung-bo mandó toda la carne al asador, dándole descanso a su estrella Son Heung-min al minuto 56 para refrescar el ataque.
Agonía y el «Tala» monumental
Los minutos finales fueron de puro sufrimiento azteca. El orden defensivo implementado por el «Vasco» Aguirre con el ingreso de Israel Reyes se vio puesto a prueba ante el incesante asedio asiático.
Cuando el partido agonizaba y parecía que el empate coreano era inminente, apareció la figura de la noche bajo los tres postes: Raúl «Tala» Rangel. El guardameta mexicano se vistió de héroe absoluto al firmar una espectacular doble atajada en los últimos suspiros del encuentro, ahogando el grito de gol de Cho Gue-sung y asegurando que los tres puntos se quedaran en casa.
Con el silbatazo final, la euforia se trasladó del Estadio Guadalajara a las calles de la Minerva y al Ángel de la Independencia en la capital. México marcha perfecto en su Mundial: dos partidos, dos victorias, cero goles en contra y con el liderato del Grupo A amarrado antes de cerrar la primera fase. ¡El sueño mundialista está más vivo que nunca!



