Mazatlán.-Fue una mañana cualquiera en Mazatlán, de esos donde el calor aprieta y el ambiente huele a mar y a recuerdos, pero en una esquina de la ciudad, Juan Carrasco y Carvajal, el tiempo pareció detenerse de golpe cuando se cruzaron las miradas y se fundieron en un abrazo dos viejos robles del cuadrilátero: Fernando «El Cachetes» Angulo y Heriberto «El Tigre de la Morelos» Ruelas.
Para quien no vivió los años 80 en el puerto, verlos juntos podría parecer simplemente un encuentro entre dos apreciados caballeros de piel curtida y andar pausado. Pero para la vieja guardia, para quienes llenaron hasta el tope la cancha Germán Evers y las arenas locales bajo el estruendo de las porras, ver a «El Cachetes» y al «Tigre» frente a frente es volver a escuchar el tañido de la campana y sentir el aroma a lona, sudor y gloria.
Eran los años ochenta, la época dorada del boxeo porteño. En aquel entonces no había redes sociales ni transmisiones digitales, pero la afición mazatleca no las necesitaba: el boca a boca y la pasión pura abarrotaban las graderías.
Por un lado, «El Cachetes» Angulo, un peleador con un corazón más grande que el propio Malecón, valiente hasta la médula, de los que jamás daban un paso atrás y convertían cada intercambio de golpes en un drama de película. Por el otro, «El Tigre de la Morelos», nacido y forjado en uno de los barrios con más carácter de la ciudad, allá por la colonia Morelos, orgullo puro de su gente, dueño de un zarpazo letal y una bravura que hacía retumbar las láminas del recinto con el grito unánime de ¡Tigre, Tigre!
Hoy, lejos de las luces de los reflectores, los guantes colgados y las heridas de guerra transformadas en arrugas de sabiduría, ambos campeones de la vida compartieron risas, palmaditas en la espalda y anécdotas de aquellas batallas gloriosas que hicieron época.
Ya no hay vendajes, ni conteos de protección, ni jueces anotando tarjetas. Solo queda el respeto mutuo de dos colosos que entregaron su juventud en el encordado y que, sin saberlo, se convirtieron en ídolos inmortales de toda una generación que aún suspira recordando las noches mágicas de box en Mazatlán.



