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sábado, 15 agosto, 2026

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Brújula Política/La Alcahueta Bonanza y el Funcionario de Piel Fina

Hoy se pública en el Universal una columna «Mazatlán ¿Tiene futuro?», donde el empresario Manuel Clouthier Carrillo presentó una radiografía que, más que un análisis, es una autopsia en vida de nuestra ciudad, en el marco de su participación el pasado 17 de enero, en el Centro de Convenciones de Mazatlán, no solo se habló del futuro del puerto; se descorrió la cortina de una realidad que muchos prefieren ignorar.

Sin embargo, lo que debió ser un insumo para la reflexión gubernamental, terminó siendo el espejo donde la intolerancia municipal mostró su rostro más pedestre.

El diagnóstico: Una verdad que incomoda

Clouthier no anduvo con rodeos. Su tesis es demoledora: Mazatlán no padece una crisis coyuntural, sino estructural. Habló de una «captura del Estado», donde el 80% de los últimos gobernadores habrían pactado con el crimen para despachar desde el tercer piso.

Señaló con dedo flamígero esa «bonanza alcahueta» de la era de Quirino Ordaz, donde se privilegió el maquillaje urbano —la fachada turística— mientras las entrañas de la ciudad (drenaje, agua y seguridad pública) se pudrían en el olvido. Para el empresario culichi, el caso del joven Carlos Emilio (octubre 2025) no fue un «hecho aislado», sino el síntoma terminal de un sistema de seguridad que simplemente ya no existe.

El funcionario que «escupió veneno»

Cualquiera esperaría que un gobierno municipal que presume ser «incluyente» y «abierto al diálogo» tomara estas notas para corregir el rumbo. Pero no. En la nómina del Ayuntamiento —esa que pagamos todos los mazatlecos— parece haber personajes que confunden la lealtad institucional con el fanatismo ideológico.

Un funcionario municipal, presente en el conversatorio y testigo directo del rigor de los datos, decidió que la mejor respuesta no era el argumento, sino la bilis. En un desplante de «inteligencia» que avergonzaría a cualquier diplomático, soltó en sus redes sociales: «Se muerde la lengua y escupe veneno, que con su pan se lo coma».

Nota al calce: Resulta preocupante que quienes cobran por procesar la crítica ciudadana reaccionen con el hígado. Si la columna de Clouthier es «veneno», entonces la realidad de las desapariciones, el narcomenudeo y el colapso de los servicios en Mazatlán debe ser, para este funcionario, un simple «mal viaje» de quienes sí se atreven a ver fuera de la burbuja oficial.

La encrucijada del Puerto

Mientras el funcionario se entretiene en Facebook lanzando dardos de corto alcance, Mazatlán sigue en la encrucijada.

El modelo de «crecimiento sin desarrollo» ha llegado a su límite. No se puede seguir jugando al avestruz mientras la inseguridad carretera y urbana carcome la viabilidad del destino.

La pregunta que Clouthier dejó en el aire sigue sin respuesta: ¿Existe el liderazgo para el viraje estratégico? Si la respuesta del Ayuntamiento son funcionarios que reaccionan de forma visceral ante el diagnóstico crudo, la respuesta, lamentablemente, parece ser un rotundo no.

Es hora de que la alcaldesa Estrella Palacios revise quiénes, bajo su mando, están más preocupados por defender sus «demonios ideológicos» que por atender la emergencia estructural de un puerto que se nos deshace entre las manos.

Porque al final del día, el veneno que menciona el funcionario no está en las palabras de Clouthier, sino en la realidad que ellos se niegan a gobernar.

¡Bienvenido al mundo real¡: El susto del «Lugar Equivocado»

Parece que en el municipio de Elota la realidad por fin se dignó a saludar al poder. El pasado jueves, el alcalde Richard Millán descubrió, entre el estruendo de las balas, que el asfalto que pisa el pueblo no es precisamente una alfombra roja.

Resulta que el alcalde, al salir de su oficina y dirigirse a la comodidad de su casa, se topó con un «pequeño percance»: una balacera. En un despliegue de elegancia (o quizás de falta de palabras), Millán dijo que le tocó estar en el “lugar incorrecto en el momento incorrecto”.

La verdad sea dicha. Para el albañil que espera el camión a las 6 de la mañana, para la señora que va al mercado o para el joven que sale a trabajar, el «lugar incorrecto» es todo el municipio, y el «momento incorrecto» es cada vez que les da por salir a la calle.

La diferencia. Mientras que para el ciudadano común esto es el terror de todos los días, para el funcionario parece ser una anécdota de oficina que se resuelve con un comunicado en redes sociales.

¿Un «percance» o la realidad sin filtro?

Es curioso cómo cambia la perspectiva cuando las balas silban cerca de los oídos de quien gobierna. Lo que para la autoridad es un evento desafortunado, para el que sale a buscarse el sustento exponiendo lo más valioso —la vida— es el miedo permanente.

Qué bueno que el alcalde salió ileso. Pero qué mejor sería que este «baño de pueblo» forzado le sirviera para entender que la zozobra no es un error de agenda, sino la cruz que carga su gente mientras él despacha desde el Palacio.

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