
Si usted piensa que tiene mala suerte porque se le quemaron los frijoles, lo del gobernador Rubén Rocha Moya es para llorar. Lo suyo no es una «mala racha», es un doctorado en salación.
La última semana de enero de 2026 no fue gris; fue de un negro tan denso que hasta los gatos de la calle le sacan la vuelta para no saludarlo.
Un «Tercer Piso» contra la pared
La semana arrancó con ese ruido que tanto les patea el hígado a uno que otro en el Gobierno: Domingo 25, la gente salió a gritar en la calle. Se organizó una marcha por la paz que no pedía las perlas de la virgen, sino justicia para el joven Fernando Alán, cuya vida se apagó por el «fuego amigo»de un elemento de la Sedena que le dio un balazo por error en Tierra Blanca. Un «detallito táctico» que pesa más que la conciencia de un político en campaña.
Pero en el Sinaloa de Rocha, las desgracias no avisan, llegan en manada:
*Como por arte de Magia, se «esfumaron» diez mineros en Concordia. Diez empleados de una empresa canadiense que se volvieron fantasmas en plena sierra.
*Como si estuvieramos en un asunto de mensajería macabra, levantaron a un policía en El Salado y, con una puntualidad que ya quisiera el Amazon, lo fueron a «entregar» frente al Congreso. ¿Entendieron el recado o necesitan que se los manden por WhatsApp?
Atentados y el café de la «paz»
*Para que vean que el horno no está ni para bollos ni para galletitas, la violencia alcanzó a los diputados de Movimiento Ciudadano, Sergio Torres y Elizabeth Montoya.
Mientras ellos luchan por su salud, el gabinete de seguridad parece seguir buscando el manual de instrucciones.
Para rematar el cuadro de tragedia personal y pública, el sensible fallecimiento de su hermana cerró una semana que nadie le desearía ni a su peor enemigo.
Y como en la política el que no corre vuela, desde las alturas de Palacio Nacional —donde dicen que se manda, pero también se «sugiere»— le llegó un recadito: es hora de sentarse a tomar café y panquequis con la senadora Imelda Castro.
No se equivoquen, no es una invitación social; es una instrucción de esas que huelen a tregua forzada o a relevo anticipado.
Entre el hospital y los zopilotes de 2027
La presión fue tanta en el Gobernador que nadie se explica es como no terminó»ponchado» en el hospital, por ese estres extremo.
Pero aquí es donde la cosa se pone buena. Mientras el pobre hombre anda buscando la luz al final del túnel, los «imeldistas» ya traen un acelere que ni el Checo Pérez.
Nomás vieron la foto del café y, ¡pum!, soltaron a velocidad supersónica la lista del «posible» gabinete de la senadora para el 2027.
¡Vaya colección de fichas! Hay nombres ahí que, de solo leerlos, ¡ay mamá!, hay cada personaje que mejor cuiden sus carteras. Traen personajes tan «impresentables» que ni con tres baños de ruda quedan limpios.
Esos audaces —o más bien desesperados— ya se están repartiendo las oficinas, los presupuestos y hasta los cajones del escritorio.
¡Vaya optimismo el de la tropa! Ya se están repartiendo la piel del oso antes de tiempo; y es que el pobre animal ni siquiera ha terminado de hibernar y ellos, tan listos, todavía no compran ni las flechas.¡Qué bárbaros!
¿Optimismo o hambre de poder? Entre la inseguridad que no da tregua, los cafés que saben a purga y esa tropa de zopilotes que ya sobrevuela el palacio, el 2026 le está dando a Rocha una bienvenida que ni en las mejores películas de terror.
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