Felipe Guerrero Bojórquez
El paro nacional que para este día anuncian agricultores y transportistas, no es una protesta cualquiera, es la lucha, la resistencia contra un modelo que tiene como eje central el asistencialismo y no la producción alimentaria, su abasto y distribución.
Es igualmente un rechazo a la política energética, basada en la distorsión de la izquierda, de que subsidiar al campo y al transporte, es destinar recursos a los «ricos». No solo se han retirado los subsidios a la producción, sino que se ha castigado a la maquinaria carretera y del campo con impuestos y precios desproporcionados al consumo de electricidad, diésel, gasolina y gas.
La operación agrícola, ganadera, pesquera y del transporte ya no puede más porque el modelo de la 4T ha preferido invertir recursos al asistencialismo y, al mismo tiempo, desmantelar la producción y su distribución.
Para el actual gobierno es más importante pulverizar un billón de pesos anual, repartiéndolos indiscriminadamente, que producir y generar empleos. Su prioridad entonces es empobrecer a más gente y crear una subcultura de la dependencia económica y política. Prefieren gente desempleada, que dependan económicamente de los programas sociales. Esos son los pobres a los que se refería López Obrador al señalar que son los que votan por Morena. Entre más pobres más garantizan que apoyan al sistema, decía con abierto cinismo.
Por eso el anunciado no es un paro cualquiera. No es una protesta más en la larga lista de inconformidades que se administran con mesas de «concertación», acuerdos y promesas incumplidas. Productores y transportistas ya están hartos de que este gobierno les mienta y de que, hasta ahora, sus ideólogos sigan pensando que son enemigos de clase a los que hay que combatir. Eso explica por qué el régimen prefiere importar alimentos, dejar de incentivar la producción agrícola y hacer creer a la gente, cada vez más pobre, (cuyo salario mínimo ya lo devoró la inflación), que comer frijol con arroz o tortilla es casi como consumir carne. Lo anterior dicho literalmente por la Presidente Claudia Sheinbaum.
Pero el tema no es solo la falta de financiamiento. Es también de inseguridad en carreteras convertidas en corredores de extorsión, donde los propios denunciantes hablan de retenes que opera el crimen organizado y la propia autoridad. Se trata no solo de una terrible complicidad, sino de una acelerada descomposición institucional. Y en medio de todo esto los costos del diésel y los fertilizantes que asfixian, la competencia desleal que se hace presente deprimiendo los precios al agricultor y fomentando un mercado donde el productor pierde y el intermediario gana.
Un paro indefinido en 20 estados no es presión política: es advertencia estructuralmente económica y de desarrollo. Es el recordatorio de que los procesos productivos no se sostienen con ideologías radicales ni conferencias mañaneras, sino con modelos que garanticen riqueza y una mejor distribución de la misma.
En el plano estructural, la exigencia de sacar granos básicos del T-MEC o fijar precios justos revela algo más profundo: el campo mexicano sigue atrapado entre la apertura comercial y la falta de competitividad interna. Se le pide competir, pero no se le dan las condiciones. Se le exige producir, pero se le abandona en costos, clima e inseguridad. En una palabra, para el modelo de la 4T un campo productivo y una logística con capacidad de distribución alimentaria e industrial, no son rentable ni ideológica ni políticamente. El régimen lo que cultiva es populismo, cosecha control social y distribuye demagogia. Eso es lo que en el fondo le importa.
Por eso la frase final de los inconformes no es retórica: “sin productores y sin transporte, no hay alimentos”. Es un dilema de fondo. Indica que el país está frente a un punto de inflexión discreto pero peligroso. Si el paro se concreta y escala, no habrá narrativa que contenga sus efectos reales: desabasto, alza de precios, presión social. Y entonces, lo que hoy es advertencia, mañana será crisis.
La pregunta no es si tienen razón en todo. La pregunta es si el Estado todavía tiene capacidad y voluntad de evitar que esto reviente.(Fotografía bajada del sitio El Heraldo de México)



