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domingo, 16 agosto, 2026

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Chispazo/¿Hasta cuando?

Felipe Guerrero Bojórquez

¿Hasta cuándo el Estado mexicano se atreverá, de veras, a imponer su autoridad sobre el crimen organizado?
¿Hasta cuándo el pueblo seguirá cargando, no solo con la violencia impune, sino con la sospecha, cada vez menos disimulada, de que el poder público aprendió a convivir con el poder criminal?

La violencia real la han querido reducir, desde el régimen, en estadística para hacernos creer que nosotros los ciudadanos estamos equivocados; que somos víctimas de un espejismo generado, al mismo tiempo, por sentimientos antipatriotas que responden a los intereses de la derecha internacional y del demonio.

Que nada de lo que pasa en nuestro entorno es cierto, que la inconformidad ciudadana y la de los diversos sectores no es porque el gobierno esté mal, sino porque los que alzan la voz, los líderes, los que dan la cara, los mueve el interés político y la mejor prueba es que ya «tienen expedientes».

En tiempos de López Obrador se proclamó, sin rubor, la doctrina de los “abrazos, no balazos”, y se nos pidió aceptar la idea de que criminales y ciudadanos de bien compartían el mismo estatus moral y legal ante el Estado, porque “también son seres humanos y tienen derechos». El mensaje fue inequívoco y ante los guiños empáticos desde el poder, el crimen avanzó y se empoderó. Tomó territorios estatales, municipios, corporaciones, dependencias y economías completas.

Hoy Claudia Sheinbaum no solo heredó el Tren Maya, Dos Bocas y el AIFA, monumentos a la propaganda y barriles sin fondo, heredó un país con amplias zonas donde manda el crimen y obedece la autoridad. Regiones enteras donde las corporaciones ya no persiguen; más bien eluden o disimulan su responsabilidad a la vista de todos. La estructura sigue intacta, funcionando a la la luz del día y bajo la sombra de la noche. 24/7. ¿Quiere el régimen a base de números convencer a una sociedad que, por el contrario, se mueve a base de miedo, de hechos reales?. Por eso el enojo y la inconformidad se empiezan a multiplicar.

Y entonces aparece la figura de Omar García Harfuch, encabezando lo que se anuncia como una cruzada contra el crimen. Se presumen detenciones, decomisos, golpes espectaculares. Pero la pregunta sigue siendo: ¿Son estos los resultados que necesita la sociedad mexicana?

Porque mientras allá arriba, desde «La mañanera del pueblo», el gobierno muestra gráficas, acá abajo mucha gente que trabaja paga cuotas. Mientras allá arriba se celebran capturas de «generadores de violencia» que reclama Estados Unidos, acá abajo se multiplican extorsiones, ejecuciones, secuestros, robos. Mientras allá arriba el gobierno habla de golpes espectaculares, acá abajo la economía va a la baja, el miedo sube y la vida cotidiana se vuelve zozobra. La realidad acá abajo desmiente al mundo paralelo de allá arriba.

Y mientras, la autoridad llega tarde a todo porque solo reacciona a los hechos. Llegan a levantar muertos, a delimitar escenas del crimen, a incautar vehículos, a tomar nota, a apagar incendios, a contar cascajos, a preguntarle a la gente y abrir expedientes «contra quien o quiénes resulten responsables». Hasta ahí, sobre todo porque los primeros respondientes, también hay que decirlo y reconocerlo, llegan con las manos pelonas porque para ellos no hay presupuesto. Así cómo.

Por eso crece la indignación. Y por eso también la sospecha de que la acción federal y sus «resultados» responda más a urgencias externas que a justicia interna. En una palabra, se trata de tranquilizar a Washington, para quedar bien con Donald Trump, mientras aquí se cuida no desatar una guerra frontal contra las estructuras nodales del crimen. Y es que tocar la raíz exige voluntad política sin pactos, sobre todo con los de adentro. Los más peligrosos, porque están agazapado dentro del propio Estado, operando con impunidad porque al mismo tiempo, oficialmente, «nos representan. Y mientras ese cártel siga intacto, ninguna guerra contra el crimen estará completa.
No se puede limpiar la casa trapeando solo la sala. ¿No qué las escaleras se barrían de arriba hacia abajo? Esa fue, entre otras, la mentira central porque detrás de ella se cubrió la estructura criminal más ominosa en la historia del país.
¿Hasta cuándo?

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