Felipe Guerrero Bojórquez
Desde el año pasado el gobernador Rubén Rocha Moya dijo que la candidatura de MORENA para el gobierno del estado sería para una mujer. Se lo comunicaron directamente desde el centro pero, al modo, su pecho no es bodega y la aventó.
También le dieron el nombre, pero ese se lo reservó para no decepcionar a los suyos, a los que sin embargo les dijo que evitaran la fatiga y que les saldría más barato no moverse. De ahí la poca movilidad del Senador Enrique Inzunza. Mientras a la diputada federal, Graciela Domínguez, no le hace mucha gracia que digan que es impulsada por el gobernador y no por su trayectoria en la izquierda y como mujer de lucha. Y en el caso de la diputada local, Tere Guerra, hasta ahora su activismo no le alcanza como para ser considerada desde Palacio Nacional. Sí, desde allá, desde donde realmente se tomará, o se ha tomado, la decisión de que una mujer encabece la candidatura por la gubernatura de Sinaloa.
Al grano. La candidata de la presidente Claudia Sheinbaum para Sinaloa se llama Imelda Castro, la senadora agraviada en público por el propio Rocha Moya. La última vez fue en el auditorio central de la UAS, en la toma de protesta del Rector Jesús Madueña, cuando le recriminó que se había ido por su cuenta:
«Mi compañera de fórmula, la senadora, nada más que me dejó en el camino, y luego la agarró por su cuenta, y es la segunda que va. Pero además, como que no te veo muchas ganas de terminar de senadora, pero bueno, tú sabrás qué haces»,
dijo Rocha, en tono de advertencia y mofa, desde el estrado universitario.
Imelda aguantó vara, pero las expresiones completitas del gobernador llegaron a Palacio Nacional, donde reina la convicción anti-misógina. Y si Sheinbaum ya traía la idea de que en Sinaloa fuera mujer la contendiente, ahí lo reafirmó. Y no solo por eso, sino porque el gobernador ya venía en franca picada de frente a la opinión de los sinaloenses.
Luego vino la embestida, utilizando a los aliados externos, quienes denunciaron campaña anticipada de Imelda. Los señalamientos no prosperaron pero, de nuevo, en Palacio Nacional tomaron nota y ello obligó al mandatario a silenciar a sus socios y a recibir en su despacho a la legisladora.
Hay que subrayar que cuando a Rocha le informaron de la decisión de que Imelda Castro contaba con el aval presidencial, no fue para que lo valorara, sino para que no se atravesara. Por eso ahora la senadora recorre Sinaloa organizando asambleas informativas y avivando estructuras desanimadas por la política de abandono y nepotismo del gobierno estatal.
Es decir, el fenómeno de rechazo no solo se ha dado en la ciudadanía, sino que la inconformidad y el enojo alcanzó a militantes y simpatizantes de MORENA. He ahí la preocupación de Sheinbaum, que subió de tono cuando se convocó a la «defensa de la soberanía» y en Sinaloa, los dirigentes de MORENA, prefirieron acatar las instrucciones de Palenque exigiendo a Estados Unidos libertad para el dictador Nicolás Maduro. No solo eso, sino que el llamado de los convocantes fue prácticamente ignorado y los pocos que acudieron no llenaban un vocho. De ese tamaño.
En una palabra, las alertas en Palacio Nacional respecto a Sinaloa están encendidas, de ahí la urgencia de ir reorganizando, bajo el liderazgo de Imelda Castro, las estructuras de MORENA y la parte ciudadana ligada a los programas sociales. Luego, en su momento, vendrá la precampaña que tendrá el gran reto de convencer a los ciudadanos de por qué votar por el partido guinda y por qué debe seguir gobernando al estado, a pesar del desastre de la actual administración.
¿Y ante esto último, qué estrategia le conviene a Imelda Castro delinear, para convencer a los sinaloenses de que ahora todo será diferente? ¿Avalar lo poco que ha hecho Rocha, su política de concentración extrema, el nepotismo, el compadrazgo, el influyentismo y sus alianzas sospechosas, o bien cuestionarlo en su calidad de candidata? ¿Qué le sería más redituable: el nunca más, o el seguirle de punta con el actual modo de gobernar?
Pero Imelda Castro ya se mueve aprovechando sus asambleas informativas y recibiendo quejas al por mayor de militantes y ciudadanos, lo que ratifica los informes que ya tienen en Palacio Nacional; no en Morena, aparentemente en manos de López Obrador porque María Luisa Alcalde y Andy López no obedecen a Claudia. «Yo solo le informo a mi Papá». Frase del que no tiene fuero. Tampoco la otra.
Los trancazos al interior están a todo lo que da. Claro, el 2027 debe ser de Claudia, pero a condición de ajustar cuentas desde ahora para afianzarse como mandataria y para gobernar de una vez sin la presión de Palenque y sus cuadros, entre ellos Rubén Rocha Moya, el de la «curvita» a la Constitución para que López Obrador le siguiera de frente. De ese tamaño la obediencia a ciegas y el desprecio a Sheinbaum. Son tiempos de ajustes y de cobrar afrentas. Así es el poder.



