Por Felipe Guerrero
En Mazatlán todos los días cierran negocios y los que siguen en pie venden poco: están solos o carecen de clientes.
En este puerto turístico, por ejemplo, en tiempos normales los restaurantes lucían llenos y la ocupación hotelera promedio era del 80 por ciento. Hoy, los restauranteros no venden y los hoteles no alcanzan siquiera el 50 por ciento de ocupación.
No se trata de difundir la idea de que nos va mal para que los actores políticos lleven agua a su molino. Se trata de no esconder nuestra cruda realidad ni el modo en que la crisis de seguridad pública está golpeando los bolsillos de todos.
Es un engranaje. Si el turismo no visita el puerto, la cadena de servicios se viene abajo, las ventas caen y los despidos se convierten en la salida más fácil para quienes invierten en cualquier tipo de negocio.
Aquel puerto bullanguero ha sido tomado por el silencio temprano, solo interrumpido por balaceras en diversos puntos de la ciudad. La soledad de sus calles provoca miedo, aunque quienes circulan por la noche se topan con frecuencia con patrullas militares y retenes.
Mazatlán es una ciudad militarizada, y ello no solo refleja que estamos cuidados, sino que al mismo tiempo implica que estamos invadidos por el crimen. Solo el pasado fin de semana se contabilizaron 17 personas ejecutadas y muchas más heridas, sin contar la masacre del CERESO. Estamos a mitad de la semana y ya suman casi 30 personas muertas en hechos violentos.
El tema no es solo que Mazatlán padece una terrible crisis de inseguridad, sino que su economía se centra en el turismo. Ese turismo, por lo mismo, no se atreve a venir y deja a los empresarios y trabajadores del sector con la mesa servida, mirando hacia todos lados, impotentes y desprotegidos, entre la debilidad institucional y la impunidad de los criminales, cuyo fin no se vislumbra.
LA AGENDA LA DELATA
La agenda es que no hay agenda. Así andaba Rubén Rocha, sin un programa de fondo y, además, pidiendo prestado para obras que no se ven o que no están terminadas.
Por cierto, ¿para qué pidió Graciela Domínguez los mil cien millones de pesos prestados, cuando Rocha ya llevaba más de cinco mil millones? La mandataria dijo que el préstamo fue solicitado principalmente “para cubrir una insuficiencia temporal de liquidez en las finanzas estatales y costear gastos extraordinarios”.
¿O sea que Rocha le vació las arcas antes de irse? ¿Y en qué consiste la falta de liquidez y porqué, ademas de los gastos extraordinarios? No lo dijo, pero una funcionaria honesta está obligada a informar con transparencia en qué se va a aplicar realmente ese dineral.
Pero vayamos a la agenda. La gobernadora Graciela Domínguez se mueve en asuntos que, en circunstancias normales, pudieran verse como trascendentes o prioritarios en el entramado social, pero que, en medio de la crisis que padece Sinaloa, se presentan como actividades que no están a la altura de la exigencia social.
Hace poco visitó Escuinapa, una de las ciudades más violentas del país, tomada por el crimen organizado. ¿Qué hizo? Repartió dos millones de pesos entre casi 200 microempresarios. Diez mil pesos para cada uno.
¿Dos millones de pesos cuando acaba de pedir prestados más de mil millones para solventar problemas de liquidez y gastos extraordinarios? ¿De veras, con dos millones de pesos, Escuinapa va a resolver su crisis económica?
Lo demás fue “revisar” con la CFE los constantes apagones y sostener una mesa de seguridad en favor de las mujeres. Y es que en ese pequeño municipio, durante los últimos tres meses, han asesinado a diez mujeres.
La gobernadora salió de Escuinapa y, rápidamente, ese municipio recobró su vida “normal”. Sí, su vida normal de violencia e impunidad, porque ahí las autoridades municipal y estatal no mandan. Los que mandan son otros.
Este jueves, la señora gobernadora visitará otro municipio cuya infraestructura se está cayendo a pedazos y cuya seguridad pública no existe. Ahí los malos mandan, además de la terrible crisis productiva, mueblera, minera y comercial que padecen los concordenses desde que el rochismo asumió el poder y el control.
Al alcalde no le alcanza para pagar la nómina, mucho menos para reparar calles, tuberías y el alumbrado público, ni para realizar obras.
Eso sí, la gobernadora estará en la cabecera municipal para inaugurar el Festival Cultural Sinaloa y la Primera Feria Municipal del Libro Concordia 2026. Qué bueno que ocurra esto; se aplaude. Pero sería mejor que la mandataria resolviera los asuntos prioritarios de los concordenses, empezando por atacar la terrible inseguridad y el peligro que ahora representa tener un negocio o ser mueblero, minero, artesano o comerciante. Y ella sabe muy bien por qué.
Bueno, si no lo sabe, que les pregunte a los ciudadanos, no a los funcionarios. Y se comprometa a resolver este problema mayor, como debe hacerlo en Escuinapa, Mazatlán, Culiacán y en la mayoría de los municipios de Sinaloa.



