
Felipe Guerrero Bojórquez
El Plan B de la reforma electoral también fue un fracaso, al igual que el proyecto original. Fue otra severa derrota para la presidente Claudia Sheinbaum porque al final, el corazón de la iniciativa, la revocación de mandato y la forma de elegir a los candidatos plurinominales, fueron destazados.
Nada de buscarle chichis a las culebras y de presumir de demócratas, porque al final la mandataria fue arrodillada por sus propios operadores y por quienes lideran el Congreso; y hasta por el propio Adán Augusto López, quién maniobró, por debajo del agua, para que el Partido del Trabajo se aferrara a la propuesta de eliminar el punto de la revocación de mandato.
Claudia Sheinbaum no fue humillada por la oposición a Morena y de la 4T, porque El PRI, PAN y MC fueron simples espectadores marginados de un proceso que se cocinó completo desde Palacio Nacional. Fue derrotada por los grupos internos y por los aliados de Morena, PT y Partido Verde, que aún reciben órdenes desde Palenque. Los líderes de estos partidos no se mandan solos.
La defenestración del Plan A y el Plan B no hubiese pasado sin el consentimiento de Andrés Manuel López Obrador, porque aún teniendo la mayoría calificada en sus manos, la presidenta no pudo controlarla. Una iniciativa presidencial de este calado se manda al ruedo para matar al toro, y no al revés. Se trata al final del poder presidencial que teniendo todas las condiciones para hacerlo se impondrá, y no ir ahí con la incertidumbre de si es o no aprobada su propuesta.
A Claudia Sheinbaum la derrotó la debilidad de Claudia Sheinbaum y el poder de quien aún verdaderamente manda.
¿Por qué el interés desde dentro de Morena y sus aliados de que Sheinbaum no fuera en las boletas el 2027? No, no fue por el argumento del PT en el sentido de que la mandataria haría campaña a favor de los candidatos de Morena; fue en el fondo porque Claudia Sheinbaum, más que revocada, sería ratificada como presidenta y no con pocos votos, sino, por su buena evaluación, con los suficientes como para afianzar un poder en medio de una mega campaña, que llevaría a las urnas a más votantes que los que normalmente asisten y recompondría el espectro legislativo, ahora sí plenamente a su favor y no de AMLO. ¿Y esto qué significa? Significa que Claudia pudo haber fortalecido un poder presidencial que, al mismo tiempo, hubiese disminuido la influencia real de Palenque. Significa también haber tenido un Congreso claudista y no obradorista, porque el proyecto derrotado estaba diseñado para ello.
Con ese resultado, el Partido del Trabajo y el Partido Verde le seguirán jugando las contras a la presidente, porque ellos podrán elegir a sus candidatos en acuerdo con Andrés Manuel a través de Ricardo Monreal, Ignacio Mier, de su «hermano» Adán Augusto López y de Andy López, el junior gastalón y Secretario de Organización de Morena.
Si Claudia Sheinbaum no hace valer desde ahora el poder de la banda presidencial, el proceso interno de Morena y sus aliados para elegir candidatos quedará en manos de Andrés Manuel López Obrador, y el resto del sexenio simple y sencillamente seguirá siendo una presa en medio de una jauría que la seguirá mordiendo sin piedad. Sino empieza desde hoy a ajustar con fuerza los tornillos, limpiar su entorno de traidores y sacar los no pocos expedientes de los obradoristas corruptos, entonces la primera mujer presidente enterrará su propia oportunidad histórica y transitará, sin pena ni gloria, solo para ratificar que en México el machismo y la misoginia siguen reinando y que ella misma, al final, fue una víctima más que no se atrevió a enfrentar a su victimario.
Lo anterior, como toda mujer violentada que habla maravillas de su mentor desde «La Mañanera», bajo el argumento de que es el iniciador de ese movimiento llamado Cuarta Transformación, mientras sus incondicionales la tunden por la espalda.



