Felipe Guerrero Bojórquez
La declaración de terrorista al Cartel de Sinaloa de parte de los Estados Unidos y, como lo anotábamos ayer, la recepción y protección del FBI a 17 miembros directos de la familia de Ovidio y Joaquín Guzmán López, enciende las alarmas en el país, no solo en Sinaloa.
Hoy la presidenta Claudia Sheinbaum reclamó que su gobierno no haya recibido información de parte del gobierno de EU respecto al ingreso de la familia Guzmán a los Estados Unidos. Es decir, está demás comentar que supuestamente no sabe nada, como también ignora por qué le revocaron la visa a la gobernadora de Baja California Marina del Pilar Ávila, ni por qué se llevaron de nuestro país a Ismael El Mayo Zambada, mucho menos que bajo la relación bilateral, sobre todo en el tema de seguridad, le han hayan corrido la atención para informarle sobre la decisión de clasificar como terrorista al Cártel de Sinaloa. Es decir, la administración Trump se reserva el derecho, bajo su concepto de seguridad nacional, de efectuar acciones contra México y desde México, sin considerar en absoluto a las autoridades mexicanas. ¿Por qué? Porque el nivel de la desconfianza es tan alto que han decidido actuar por su cuenta, bajo estrategias secretas.
Por eso hoy la presidenta, desde la mañanera, advierte de un asunto muy grave: Que Estados Unidos no utilice la denominación de terroristas al cártel de Sinaloa «para una posible intervención en México». ¿Algo sabe la mandataria o ya le está viendo mejor las orejas al lobo?
Pero la pregunta es, sí realmente los centros de inteligencia mexicana no tienen la capacidad para detectar todos estos acontecimientos, procesarlos, administrarlos y filtrarlos a una presidenta que prefiere mostrarse públicamente desinformada y «chamaqueada» por el país vecino.
Por ejemplo: ¿No detectaron los órganos de inteligencia del Estado Mexicano la salida, la ruta, el tipo de traslado de los 17 integrantes de la familia Guzmán López desde el pueblo de Jesús María hasta llegar a la frontera de los Estados Unidos? Tuvo que ser un medio de comunicación, «Pie de Nota» de Luis Chaparro, a quien agentes del FBI le filtraron la información. ¿No se supone que estas personas debían, por razones de seguridad nacional, tener una vigilancia constante de parte de la inteligencia mexicana? Todo indica que no, al igual que en el caso de Ismael «El Mayo» Zambada y Joaquín Guzmán López, de cuyo secuestro o entrega al país vecino aún sigue el gobierno mexicano clamando información. Lastimoso papel.
¿Cómo tenerle confianza a un gobierno que en lugar de transparentar, con sus propias investigaciones, oculta los graves casos de corrupción de un proyecto de gobierno que en poco tiempo se ha descompuesto? Al grado de que ya no le queda hurgar en el pasado porque han salido peores. Y no es solo en los temas de desvíos de dinero, sino en asuntos que tienen que ver con un autoritarismo descarado en el ejercicio del poder. Solo hay que asomarse a la elección del Poder Judicial para observar el cochinero, la mano grotesca del gobierno y su partido, quienes, ante el desinterés generalizado de la gente, tomaron abiertamente en sus manos el proceso que ellos apresuradamente iniciaron, armaron, manosearon y procesaron bajo el manido argumento de la corrupción, justo de lo que ya padecen.
Retomando el tema. ¿Por qué sí el Departamento de Estado tuvo la capacidad de rastrear las rutas del dinero producto del contrabando de diésel y gasolina no hizo lo mismo el gobierno mexicano? La deducción no es nada difícil: Porque para los gringos el gobierno mexicano está involucrado. En esa lógica ¿Se le comparte información a un gobierno que está en la polla?.
¿Tampoco sabía el gobierno de México de los señalados como terroristas, Pedro Inzunza Noriega padre y Pedro Inzunza hijo? Sobre los que en México no hay orden de aprehensión, pese a ser acusados por Estados Unidos de ser los principales introductores a ese país de fentanilo y metanfetaminas. ¿No lo sabían las autoridades mexicanas o se hacen?
Algo gordo se viene, sin duda, y eso sí la presidenta Claudia Sheinbaum lo sabe. Y tan no lo ignora que lo advierte, pero ha preferido no actuar al interior pese a la información sólida que le han proporcionado los gringos.
La presidenta ha optado hasta ahora por cargar con la corrosiva herencia de López Obrador y hasta defenderlo públicamente; hace esfuerzos por componer un cuadro ya muy chueco. Ella quiere ofrecer la idea de que el no robar, no mentir y no traicionar son principios vigentes en la 4T, mientras el país sigue tinto en sangre y mientras cada vez más se ofrecen evidencias de vínculos de miembros de su partido, funcionarios, legisladores, gobernadores señalados de estar ligados a los cárteles y con graves antecedentes de corrupción. Casi todo los días los ajustes de cuentas del narco hacía políticos se traducen en ejecuciones, y seguramente en concesiones del propio poder público. Esa es la herencia del obradorato que Claudia férreamente defiende y de la que los gringos tienen otros datos.
Por eso, en voz del Secretario de Estado de EU, Marco Rubio, retumba la tesis y el convencimiento de que el territorio mexicano está mayormente controlado por el narco y, por lo mismo, de algún modo ya están interviniendo. Primero, cerrando la comunicación con el gobierno mexicano y, segundo, haciendo negociaciones con los líderes más importante del narco que tienen en su poder. Información les sobra y Trump no se tocará el corazón para, en base a su idea de seguridad nacional, intervenir en México lo quiera o no la presidenta, lo queramos o no los mexicanos.
Sheinbaum aún tiene la oportunidad de ejercer realmente el poder y recomponer un proyecto de nación que ha sido distorsionado, desdibujado, por tanto bandido que se coló a puestos claves y que hoy le están haciendo la vida imposible.
Es hora que desde lo más alto del poder, en vez de defender la descomposición, más allá de partidos e ideologías, sino de justicia por México, se inicie una limpia a fondo, caiga quien caiga, antes de que la advertencia de la propia presidenta, en el sentido de la posible intervención norteamericana, se pueda convertir en una realidad para el país.



