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lunes, 24 agosto, 2026

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Chispazo/Los datos del gobierno vs los datos de la gente


Felipe Guerrero Bojórquez

Segunda y última parte
Ayer fue otra jornada violenta en Sinaloa, principalmente en la capital y la demarcación de Navolato. El saldo fue al menos de siete muertos y dos heridos. Inició prácticamente con la ejecución de un Comandante de la policía municipal de Culiacán. La suma de ejecutados en este enfrentamiento imparable entre chapos y mayos suman los mil 861, mientras las personas privadas de la libertad ascienden a las mil 853 y los vehículos robados suman los 6 mil 562. Hablamos del parte de guerra, de los resultados inmediatos de la pugna violenta, independientemente de lo que ya anotábamos en el sentido de la maquinaria criminal que, aliada con cierta estructura gubernamental, opera cotidianamente contra el interés y la seguridad ciudadana. Es decir, el gobierno federal ataca arriba, pero abajo las fuerzas del mal siguen intactas funcionando impunemente. Extorsionan, secuestran, asaltan, roban, venden droga, están incrustadas en el gobierno, manejan contratos, operan moches, hacen negocios al amparo del poder, pisotean la dignidad y los derechos de los ciudadanos. Quienes debieran de protegernos, y no se habla aquí estrictamente de las corporaciones policiacas, se han convertido en aliados y socios de las fuerzas del mal, para enriquecerse a costillas del presupuesto y del esfuerzo de los particulares. Hasta ahora, en este terreno, Harfuch, las fuerzas federales y estatales no le han entrado porque la propia estructura corrosiva del poder se los impide, de modo que las acciones que presumen arriba, (detenciones, decomisos, desmantelamientos), se convierten en cosa ajena para la gente honesta que no ve ni una mejora en su vida diaria, atosigada por el miedo y la incertidumbre que le provoca la maquinaria criminal que a diario, de un modo u otro, la agrede.
El pasado martes, por ejemplo, ciudadanos de varias colonias de Mazatlán tomaron las calles para protestar contra los robos a sus hogares, hartos de la impunidad contra los criminales y que la autoridad los ignore pese a las denuncias a diario. Lo mismo en los múltiples casos de extorsión y amenazas. No hay respuesta. Igualmente son constantes las manifestaciones de familias y ciudadanos contra la desaparición forzada de sus hijos, parientes y amigos. No, no hay respuesta. No hay, no hay y no hay.

¿Y qué presumen las autoridades federales y estatales como para afirmar que ya se está logrando la paz en Sinaloa?

Por ejemplo, las autoridades presumen que a once meses de la guerra en Sinaloa se han incautado poco más de 3 mil armas, lo que significa apenas nueve armas diarias; hablan del desmantelamiento de laboratorios pero no informan si estaban abandonados porque nunca detienen a nadie para fincarle responsabilidad y, además, la droga sigue fluyendo; hablan de alrededor de mil 600 detenidos y la pregunta es ¿dónde están? Por cierto, la cifra total en el país, en lo que va del nuevo régimen, alcanzan los 29 mil detenidos, según informes de García Harfuch. ¿Dónde los han metido? porque desde el sexenio de Peña Nieto las cárceles del país están saturadas. Por más que se les pregunta no saben que decir. Y esto de entrada ya es grave porque queda claro que a la gente se le está mintiendo. Y en otra pregunta: ¿Dónde están las cerca de dos mil personas «levantadas»? de las que únicamente se sabe que, a algunas de ellas, sus propios captores las sueltan, no que la autoridad las haya rescatado. ¿Y dónde los más de 6 mil 500 vehículos robados? de los cuales solo se recuperan los de los funcionarios y amigos del régimen. Los que llegan a aparecer es porque los malandros los abandonan, dejaron de serles útiles o porque en los enfrentamientos no logran llevárselos.

Así que ahora no salgan con el cuento de que la inseguridad se ha reducido, porque ésta no necesariamente se mide en función de que hay más detenidos, más decomisos de armas y desmantelamiento de laboratorios etc. sino en función de que el crimen organizado sigue extorsionando, asesinando, robando, secuestrando, produciendo droga y controlando negocios a la vista de todo mundo. ¿Y de esto último hay reducción de algo? ¡Claro que nó!

Eso sí, el señor gobernador se acaba de aventar otra muy buena declaración. De manera firme dijo en entrevista con el periodista Víctor Torres, de Línea Directa, que a Sinaloa retornará la paz a finales del próximo mes de septiembre. Lo dijo como si en el momento de expresarlo hubiese tenido enfrente una bola de cristal. Así, sin inmutarse, y con la seguridad suficiente, solo le faltó ponerle día y hora al tan anhelado retorno de la tranquilidad.
¿Es en serio señor gobernador? Y la pregunta es obligada ante los antecedentes violentamente incesantes y destructivos, imparables, donde la autoridad de todos los niveles se ha visto inservible pese a los «espectaculares» golpes para la foto y la propaganda porque, se reitera, abajo todo sigue intacto.

A menos que el señor gobernador sepa algo de fondo: Por ejemplo que los mayos y los chapos ya hayan acordado que para finales de septiembre fumarán la pipa de la paz; o que García Harfuch le haya asegurado que, en alianza con los gringos, el gobierno exterminará al cártel de Sinaloa. Algo así, porque atreverse a poner fecha para el retorno de la paz significaría tener argumentos de ese tamaño, o bien que la declaración haya sido producto de la estrategia propagandística para reposicionar su figura. En fin, ambas cosas son muy arriesgadas porque la gente estará esperando septiembre, unos por esperanza, otros por morbo y otros para tundirlo.

Pero sin duda, hay ya en marcha una campaña del gobierno estatal y federal en Sinaloa para reposicionar al gobernador Rocha. Sus primeras acciones es ganar la agenda pública y revertir las críticas que a través de las redes sociales, un día si y otro también, hacen los ciudadanos de manera implacable. A la hora que el gobernador Rocha y sus funcionarios asoman la cabeza, la raza los despedaza. Incluso tampoco les va bien a algunos medios de comunicación que se han prestado a una estrategia a todas luces fuera de la propia lógica del marketing. No solo por ostentosa, sino en sí mismo, por la osadía con que está diseñada, ha generado más repudio que simpatías, sobre todo porque lo que la gente menos tolera es que quieran verle la cara.
Arriba sigue la estrategia contra algunos “generadores de violencia” de los cárteles, abajo sigue operando una maquinaria criminal intacta, que atenta contra las familias y ciudadanos que viven permanentemente en un ambiente de miedo e incertidumbre.

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