Felipe Guerrero Bojórquez
Los operadores de André Manuel López Obrador en el legislativo, Adán Augusto López y Ricardo Monreal, quedaron fuera de la jugada en el contexto de la reforma electoral. Fueron los protagonistas principales de la famosa foto en la que le dieron la espalda a la presidente Claudia Sheinbaum, previo al acto de una asamblea en el zócalo capitalino, convocada para dar a conocer el plan para contrarrestar aquellas primeras amenazas arancelarias de Donald Trump. En política, las ofensas públicas son las que menos se olvidan.
Ellos, Ricardo y Adán, Coordinadores de la bancada legislativa de Morena; María Luisa Alcalde y Andy López, el “extenuado”, dirigentes del partido guinda, se tomaban la foto justo en el momento que la mandataria pasaba a su lado, en una clara acción que fue interpretada como desafiante o para ignorarla.
Sin embargo, en la medida que han pasado los meses, hay quienes advierten que, si bien la presidente mantiene una relación de defensa a ultranza del “segundo piso de la transformación” y del sexenio de AMLO, tiene muy clara la idea de que sus principales y reales adversarios no están en la oposición, el PRI y el PAN, sino al interior mismo “del movimiento”. Esa herencia directa de AMLO al nuevo gobierno, que primero le compitió a Sheinbaum la candidatura y luego, ya perdidos pero con concesiones importantes en el nuevo régimen, se siguieron de punta disputando los amores del tabasqueño.
Adán y Monreal, líderes del Senado y la Cámara de Diputados son los principales adversarios de la presidente Sheinbaum. No hay duda. El primero, desde el principio del sexenio, moviendo piezas en diversos estados, estableciendo compromisos e impulsando contratos con empresarios para consolidarse como figura presidencial del 2030. Lo de Chihuahua, con la senadora Andrea Chávez haciendo una adelantada campaña de derroche, apoyada por Adán Augusto, pese a las instrucciones de Sheinbaum de no adelantar los tiempos, fue uno de los primeros pasos del “hermano” de AMLO para luego continuar en otros estados. No hizo caso porque en su soberbia siempre se creyó superior a la mandataria, hasta que le llenó el buche de piedritas y de repente, sin que se lo esperara, apareció una “barredora” que le pasó por encima, al grado de pedir paz y gritar desesperado que era urgente “cerrar filas” con Claudia. Hasta hoy sigue contra las cuerdas, sin saber como salir de un escándalo que de un mazazo lo noqueó y le hizo entender que, a pesar de su “hermano” AMLO, el poder presidencial se respeta.
Y Ricardo Monreal, el opositor número uno de la reforma electoral de la presidente, al rechazar para este período inmediato la concreción de iniciativas para ir contra la reelección y el nepotismo, privilegiando con ello principalmente a su prolífera familia. El actual líder de la cámara de Diputados tiene 13 hermanos, y nueve de ellos, más su hija y sobrinos, participan en política y en la administración pública, a parte de una nutrida parentela.
Monreal no solo domina políticamente a Zacatecas, su hermano Rodolfo es alto funcionario del gobierno de Sinaloa y otro más está involucrado en el gobierno de Aguascalientes. Su hermano, David Monreal, gobierna ahora una de las entidades más violentas y peligrosas de México, cuyo territorio se disputan el Cártel Jalisco Nueva Generación y el Cártel de Sinaloa. El año pasado, a causa de un atentado a balazos, murieron su cuñado Juan Pérez Guardado y su sobrino Jorge Antonio Monreal. ¿Estuvo ligado o no el atentado, a la disputa férrea del territorio zacatecano de parte de los mencionados cárteles?
Como haya sido, pero así como Adán Augusto fue investigado a fondo por la inteligencia militar, así Monreal no escapa al esculque de sus antecedente y de los de su nutrida prole. Claro, su error político más inmediato es haber menospreciado y desafiado a la fuerza presidencial, pensando al igual que Adán Augusto, que él le redituaba mejores resultados políticos y estratégicos a López Obrador que la propia Sheinbaum.
Y si Adán Augusto fue doblado ante las evidencias y la presunción de estar ligado a las cabezas del grupo criminal “La Barredora”, al grado de pedir “el cierre de filas” con la presidenta Sheinbaum, Monreal se obligó a declarar que se rendía, que ya no, que su interés en realidad era ya no participar en la vida política del país. ¿Le creerá la presidente? Sobre todo, porque dentro del equipo de confianza de la mandataria, se le define como un experto en expresiones ladinas.
Más allá de que se diga que los hilos del poder se mueven desde Palenque, lo cierto es que la mandataria ha hecho uso de su gran margen para aplacar cualquier manifestación interna en su contra. La exhibida a los derrochadores vacacionistas, curiosamente todos adversarios de Sheinbaum incluyendo al “extenuado” de Andy, fue una prueba más de que nada escapa al ojo del régimen. Desde el púlpito mañanero la presidente les puso como ejemplo la austeridad de un verdadero rico en la persona de Carlos Slim. Y con eso les dijo todo: Ustedes que pregonan la austeridad republicana y los principios que implica vivir en la medianía, se dan vida de millonarios. Punto. En el rancho lo traducen como haberles pegado “una chinga de perro bailarín”.
Y es que también en la medida que Estados Unidos investiga al “narco Estado” heredado, en esa medida Sheinbaum negocia y cede, pero también se empodera de frente a Trump y del propio AMLO que, por el contrario, cada día se debilita porque para los gringos es el responsable de haber fortalecido a los cárteles ahora denominados como terroristas. Y es esto lo que justamente explica porqué, al mismo tiempo, los hombres de confianza que le sembró López Obrador a la mandataria, poco a poco se desmoronan.
De ahí que tampoco sea difícil ligar esa declaración de Trump en el sentido de que “México hace lo que Estados Unidos le dice”, no lo que dicta AMLO desde Palenque, porque ya no está en esa condición y menos lo estará a la hora de que salga a la luz más información que lo comprometa, al igual que a Nicolás Maduro, el espurio presidente de Venezuela.
Con su margen, aunque los extremos de fuera y dentro no lo vean así, Claudia Sheinbaum negocia y cede ante Estados Unidos, pero, lo quiera o no, también gana terreno ante AMLO; y en poco tiempo, porque apenas van diez meses del sexenio y dos de las cabezas principales del obradorato, Adán y Ricardo, ya están prácticamente doblegadas.
En una palabra, es poco tiempo y el destino de AMLO está ya en manos de Claudia, quién sin duda, en sus negociaciones con Trump, trataría de salvarlo lo máximo posible. Eso sería recuperar realmente el bastón de mando.



