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lunes, 28 septiembre, 2026

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Chispazo/ Soberanía como refugio del poder

Felipe Guerrero Bojórquez

Lo único que los mexicanos escuchamos de la presidenta Claudia Sheinbaum es un discurso propagandístico, acompañado de la insistencia en responsabilizar a los gobiernos del pasado de lo que ocurre en el país desde que la 4T gobierna, sobre todo de la terrible violencia que nos azota y que se expresa de mil formas. Ya no se diga de la grave corrupción y del estancamiento del desarrollo nacional.

La presidenta Sheinbaum recorrió el país no para desglosar su informe en cada entidad federativa, encabezando actos republicanos, sino para arengar en la plaza pública, en mítines cobijados por sus militantes, donde los ciudadanos libres no fueron invitados y mucho menos tuvieron cabida.

Con el mismo diseño, el mismo tono, el mismo discurso y la misma arenga, la gira política de la presidenta concluyó ayer en la plaza central del país: el Zócalo capitalino.
Nada nuevo que destacar: no al injerencismo; defensa de la soberanía nacional; no necesitamos que nadie nos diga qué hacer; patria, independencia y autodeterminación de los pueblos. Es el mismo discurso, guardada la distancia del medio siglo, de Luis Echeverría y José López Portillo, quienes persiguieron sin concesiones a muchos de los que hoy nos gobiernan. Así ocurre no pocas veces en la historia: las víctimas del poder dictatorial terminan pareciéndose mucho a sus victimarios.
Aunque aquí hay un fenómeno curioso: muchos integrantes del partido de Estado, el viejo PRI, empezando por Andrés Manuel López Obrador, se aprovecharon de la izquierda para regresar al poder y, de paso, someter a numerosos luchadores sociales auténticos. Hoy, de manera lastimosa, algunos de ellos obedecen a Adán Augusto López, Ricardo Monreal, Alfonso Durazo, Ignacio Mier e Ignacio Ovalle. Varios de ellos fueron impulsores del Fobaproa, decisión neoliberal que Sheinbaum fustiga, aunque evita mencionar a algunos, quienes ahora ocupan posiciones de liderazgo en la 4T.

En el discurso de la 4T y de la presidenta Sheinbaum no existen conceptos de Estado ni definiciones fundamentales como el desarrollo nacional, la independencia absoluta entre los poderes de la República, la separación entre el partido y el Estado, la participación de la sociedad civil, el fortalecimiento del Estado de derecho, la defensa de los derechos humanos, la existencia de instituciones representativas de la sociedad, el servicio civil de carrera, el pensamiento libre y democrático, ni elecciones transparentes, libres y democráticas.
Incluso se les dificulta hablar de libertad, porque este concepto se convierte, por sí mismo, en una traba para los regímenes cerrados.

Un régimen como el de la 4T tiende al control y a la concentración del poder, no a la libertad ni a la democracia. Ni siquiera en su partido, Morena, existen procesos democráticos, porque la dirigencia central lo decide todo, principalmente mediante uno de los instrumentos con mayor margen y tendencia a la manipulación: la encuesta.
Los aspirantes a cargos de elección popular no son libres de someterse a un proceso democrático, por naturaleza honesto, sino que deben sujetarse a la decisión central y vertical de sus dirigentes.
En el partido de la presidenta Sheinbaum no existen estructuras municipales y estatales capaces de conducir los procesos internos bajo reglas claras, de frente a la militancia y a la propia ciudadanía. Jamás lo permitirán, porque así funcionan el partido y el Estado: son antidemocráticos por naturaleza.
Por eso, cuando un Estado cerrado invoca la defensa de la soberanía y la no injerencia, y califica de traidores o vendepatrias a quienes disienten, en realidad se está defendiendo a sí mismo, no a la sociedad. Y lo hace en nombre del concepto de “pueblo”, una denominación en la que solo caben sus creyentes y militantes.

Todo eso explica el aferramiento de la presidenta a un discurso que, a estas alturas, se observa ya muy desgastado porque una realidad dramática, cada vez menos dispuesta a tolerar el mundo color de rosa de Palacio, lo desmiente día tras día.

MINI-CHISPAZO
Ya se acerca con velocidad el 2027. El proceso electoral ya inició. Partido, gobierno e instituciones electorales controladas, se organizan como uno solo para conservar el poder. Eso está a la vista de todos. No hay para ellos razón alguna para cuidarse. La oposición partidista en cambio apenas se organiza. Parece importarle más el reparto de cuotas que el país, en medio de una inconformidad ciudadana que puede terminar quedándose en casa el día de la elección. Y eso sería oro puro para Morena. Y para los paleros misión cumplida.

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