Felipe Guerrero Bojórquez
Guadalupe Taddei se fue del INE, pero más allá de los escándalos de corrupción que deben investigarse a fondo, habría que ver lo fundamental: el exceso de poder otorgado a la presidencia del organismo por encima del Consejo General.
Por eso no se trata solo de examinar la conducta personal de Taddei, sino de la concentración de atribuciones que le permitieron hacer y deshacer al frente de lo que, se supone, debiera ser un organismo autónomo. Y aquí el Congreso tiene mucha responsabilidad porque, la mayoría calificada de Morena y sus aliados, fue producto de un INE encabezado por la sonorense y que validó la injusta distribución de legisladores de representación proporcional.
Esa fue la primera traición de Guadalupe Taddei a la democracia, su primera muestra de entreguismo al régimen en la que demostró que con ella no se habían equivocado. Y que iría por más como más tarde lo demostró.
Efectivamente, durante la presidencia de Taddei, el INE acumuló otras decisiones muy cuestionadas: validó la elección del Poder Judicial pese al escándalo de los llamados acordeones, utilizados para inducir el voto, y llegó al extremo de aprobar el cómputo de boletas sin doblar ni depositar directamente en las urnas, un absurdo que tuvo que corregir el Tribunal Electoral. Dos episodios que, sumados a la polémica sobrerrepresentación legislativa, ratificaron la convicción ciudadana sobre la parcialidad y entrega al régimen del árbitro electoral.
¿Por qué Taddei acumuló tanto poder? Porque en octubre de 2024 la entonces mayoría absoluta de Morena y sus aliados le regresó el favor aprobando una reforma que le otorgó facultades para nombrar directamente a funcionarios de áreas fundamentales del INE, eliminando de un tajo muchas de las atribuciones del Consejo General, que desde entonces quedó al margen de criterios para regular, supervisar y evaluar actos administrativos, financieros y operativos.
Ciertamente, en la medida que la concentración de facultades se operaba, empezaron a surgir señalamientos sobre contratos millonarios, relaciones con proveedores que provenían incluso desde que Taddei era la presidenta del Instituto Electoral de Sonora. Desde entonces ya no había duda de que los conflictos de interés estaban presente y, desde luego, el beneficio a personas cercanas, familiares que forman parte de la nómina pública tanto en su estado natal como en el gobierno federal.
Por eso, no basta con la renuncia de Taddei, el propio Congreso debe exigir una investigación, para que la Auditoria Superior de la Federación ahonde en la que ya abrió. Lo mismo deberá hacer la Unidad de Inteligencia Financiera y el propio Sistema de Administración Tributario para determinar exactamente lo que ha ocurrido, las ligas y transas entre proveedores y funcionarios para fincar responsabilidades, especialmente en la persona de la ahora expresidenta.
Pero en esta trama hay otros responsables que debido a sus funciones en el INE debieron haber detectado toda esta red de corrupción. ¿Qué ha hecho durante todo este tiempo el Órgano Interno de Control? Ese que se supone es el encargado de la revisión, control, fiscalización, investigación, inspección y Vigilancia de los ingresos, egresos, recursos y patrimonio del Instituto? ¿O forman parte de esta cadena de corrupción generada a partir del otorgamiento de súper poderes y que, por lo mismo, nadie más les puede exigir que cumplan debidamente con su responsabilidad constitucional?
¿Quién será el sustituto de Taddei nombrado por el Congreso? ¿Se aprovechará la crisis para fortalecer la autonomía del INE, o simplemente se cambiará a quien ocupa la presidencia? Es decir, ¿se tratará solo de cambiar de mono o mona y no corregir las condiciones legales que hicieron posible la concentración del poder y sus terribles excesos?
Guadalupe Taddei ya se fue. Lo que falta saber es si también con ella se irán los privilegios, los vicios, las irregularidades y las prácticas nocivas cometidas con toda la impunidad que el propio Congreso otorgó a la presidencia del INE.
Si realmente los diputados, sobre todo los de Morena, quieren que se les crea que son demócratas, habrán de rectificar y devolverle al INE su verdadera autonomía. Se vale soñar.



