Culiacán.- — En un acto que trasciende la política y se instala en el corazón del orgullo culichi, la sociedad civil ha lanzado una convocatoria que abraza la esperanza: una «Carnita Asada por la Paz». Más que un evento gastronómico, la iniciativa surge como un símbolo de resiliencia ante los recientes cambios en los liderazgos estatales y municipales.
Tras las licencias solicitadas por Rubén Rocha Moya a la gubernatura y Juan de Dios Gámez Mendívil a la alcaldía, el sentimiento de la ciudadanía ha pasado del desconcierto a la acción colectiva. La propuesta, impulsada por figuras emblemáticas de la comunidad como el chef Miguel Taniyama, busca recuperar el espacio público y devolverle a las familias el derecho de disfrutar su ciudad.

«Decir que sí se puede»
Para los habitantes de Culiacán, la convivencia en torno a un asador es un ritual de fraternidad. Sin embargo, en esta ocasión, el humo de las brasas llevará un mensaje distinto.
“Más que un festejo, es un espacio de momento de libertad, de decir que sí se puede”, expresó conmovido el chef Taniyama, quien ha sido una voz constante en la defensa del sector restaurantero y la vida social de la capital.
El evento, planeado en el sector de la Isla Musala, invita a los asistentes bajo una dinámica de comunidad: llevar su propio asador, compartir los alimentos y, sobre todo, compartir la palabra. Es una respuesta pacífica y humana de una sociedad que, tras tiempos de incertidumbre, anhela volver a caminar sus calles sin miedo.
Un nuevo capítulo para Sinaloa
La convocatoria coincide con el inicio de la administración interina de Yeraldine Bonilla Valverde. En este contexto, la «carnita asada» no se percibe como una celebración de la salida de un gobernante, sino como la celebración de la posibilidad de un nuevo comienzo.
Puntos clave de esta manifestación ciudadana:
Recuperar los espacios públicos que por derecho pertenecen a las familias sinaloenses.
Unir a diferentes sectores (comerciantes, padres de familia, jóvenes) en un objetivo común: la paz.
Demostrar que el espíritu de Culiacán sigue intacto y que la alegría es su mejor herramienta de resistencia.
Mientras las instituciones políticas atraviesan su propia transición, los ciudadanos de Culiacán han decidido tomar la iniciativa. La cita promete ser un recordatorio de que, más allá de los colores partidistas o los cargos públicos, lo que prevalece es la voluntad de un pueblo que solo pide una cosa: vivir en paz.




