Mazatlán, Sinaloa. — Lo que solía ser el «hervidero» de alegría y bonanza económica que definía al puerto en sus mejores años, hoy se ha transformado en un eco de incertidumbre. En pleno Jueves Santo, la ausencia de bañistas es una herida abierta a la vista de todos; una postal de soledad que refleja el impacto de la crisis que atraviesa nuestra tierra. Así cerró la tarde de hoy: con playas desiertas y un sector turístico que espera respuestas, no solo promesas.
De la bonanza a la soledad de nuestras playas, el reflejo de una crisis que no cede
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