MAZATLÁN, Sinaloa.— Las emociones y la salud mental no pueden seguir siendo el pariente olvidado de la formación artística ni del entorno laboral. Esa fue la premisa central con la que Oscar García Osuna, Director General del Instituto Municipal de Cultura, Turismo y Arte de Mazatlán, sacudió el escenario del Teatro Ángela Peralta al impartir la ponencia “El reto de la inteligencia emocional en la formación y creación de cultura”.
El encuentro se dio en el marco del Primer Congreso Educación desde las Artes —impulsado por el Gobierno de Mazatlán y el Centro Municipal de las Artes con apoyo del programa PROFEST—, donde el funcionario y especialista en desarrollo humano expuso ante un auditorio lleno de docentes, creadores, empresarios y estudiantes la urgencia de reconfigurar la manera en que gestionamos lo que sentimos.

«Nadie da lo que no tiene»
Con una trayectoria de más de cuatro décadas en la docencia y credenciales en Psicología Positiva por la Universidad Jaume I de España y Neurociencia Aplicada, García Osuna cuestionó el analfabetismo emocional que aún persiste en la sociedad.
Explicó que la inteligencia emocional no busca la represión de los impulsos, sino el autoconocimiento reflexivo: aprender a nombrar la emoción, entender su origen y darle un canal de expresión sano. Dirigiéndose a líderes de equipo y educadores, lanzó una máxima directa: “Nadie da lo que no tiene”, instándolos a priorizar su propio bienestar mental antes de pretender guiar a otros.
El arte como catalizador del liderazgo moderno
A través de dinámicas colectivas, el ponente puso a prueba las teorías de la neurociencia contemporánea al desafiar a los asistentes a responder qué nace primero: si el pensamiento o la emoción que lo detona.
En su intervención, respaldada por las anécdotas de los creativos Ángel García y Adán Pérez —quienes destacaron su perfil formativo—, el titular de Cultura colocó a las disciplinas artísticas como la música, la poesía, la danza y las artes plásticas como herramientas terapéuticas naturales capaces de generar empatía, resiliencia y comunidad.
Finalmente, García Osuna enfatizó que las nuevas generaciones demandan un cambio radical en los entornos de trabajo y creación: exigen liderazgos empáticos, abiertos al diálogo y horizontales. Concluyó con una invitación a usar la creación artística como un vehículo de sanación personal y la oportunidad constante de reescribir la propia historia.



