Por: Jose Luis Lopez Duarte
Desde la penumbra donde nadie sabe qué está, se alza una voz que asegura dar la cara, reclamando respeto a las leyes y hablando de campañas difamatorias por parte de aquellas sombras tenebrosas de la derecha que señalan sus supuestos nexos criminales. Sin embargo, resulta paradójico que no se pronuncie sobre las acusaciones formales y legales que el gobierno de Estados Unidos ha presentado en su contra. Así, vive cobijado bajo el amparo de la sombra, sin mostrar un rostro claro ni ejercer una comunicación transparente.
El gobernador con licencia, Rubén Rocha, ha decidido finalmente salir a la luz pública, después de 69 días de silencio provocados por una licencia que solicitó para desmentir, segun el, la escalada mediática impulsada desde la ultraderecha. Según sus palabras, esta ofensiva pretende dañar al movimiento de la 4T, menoscabar la soberania nacional y estigmatizar esa transformación social a favor de los pobres que él considera el movimiento más importante del continente. No obstante, el hecho de aparecer en los medios no ha aportado mayor claridad ni ha respondido a las preguntas cruciales que permanecen en el aire.
Quizás estemos ante una acción desesperada dictada por la contingencia, pues un cúmulo de sucesos recientes desata una tormenta de críticas contra el gobierno mexicano y contra él mismo. Este escenario se agrava conforme se acerca el segundo aniversario de la extracción de Ismael Zambada, así como el asesinato del ex rector de la UAS, Héctor Melesio Cuén. O tal vez sea simplemente una reacción ante la andanada implacable de notas informativas y análisis periodísticos, y ahora trata de contener una derrota cultural irreversible para este proyecto político que él mismo ensalza como el más relevante del continente. Porque, en efecto, la fanfarria propagandística que emana de su aparato oficial cada vez resulta menos eficaz frente a un cúmulo de hechos incontrovertibles que cuestionan su legitimidad.
Esta salida a la luz, lejos de disipar las dudas, aumenta a la vez ese percepcion de que esta acorralado que con desgano intenta negar. no existe al momento un escenario en el que ni la llamada 4T ni la presidencia de la República logran articular una respuesta contundente capaz de frenar esta tendencia negativa. ¿Qué debe suceder entonces? La extensión temporal empeora la situación, se reducen los espacios, el tiempo se agota y las fuerzas del movimiento 4T flaquean. Su apuesta ciega a un enorme aparato electoral, acompañado de un comportamiento político inescrupuloso, recuerda peligrosamente a un pantano: cuanto más se mueve, más se hunde.
En medio de ese pantano, anegado en corrupción, complicidad y cinismo político, la 4T ve agotarse su capacidad para salir a flote sin pagar las culpas acumuladas. La 4T, embriagada por un poder casi absoluto, niega sin darse cuenta lo más elemental para su continuidad: la congruencia. En última instancia, la sostenibilidad de cualquier proyecto político radica en la coherencia entre el discurso y la práctica, entre las promesas y los hechos. Y mientras esta congruencia falte, la penumbra seguirá siendo el refugio cómodo para quienes temen afrontar con claridad sus responsabilidades, manteniendo viva la sombra que, irónicamente, ellos mismos denunciaron en algun momento.



