Por J. Humberto Cossío R.
Por el modo y forma de jodernos parecen engendros de la
cuarta transformación.
Los fumigantes parecen engordarlos y son peores que los vampiros para
chuparnos la sangre.
Apago la luz de mi cuarto y se lanzan al ataque como kamikazes que mueren por su mendiga 4T.
Me taladran el oído con su zumbido.
Son engendros de Andrés Manuel López Obrador al igual que nuestra “querida” Presidenta.
Mi lucha es cruenta.
Mato tres y se presentan quince.
Las aguas encharcadas también pertenecen a la cuatro T y son el criadero natural de los demonios con alas.
En Palacio Nacional no hay moscos.
Ratas de cañería, quién sabe.
Les cuento:
Fui comisionado para dar un discurso. Traté de prepararme de la mejor forma y me remitieron a que leyera pasajes del griego Demóstenes.
Así establecí que era tartamudo y que su oratoria la adquirió llenando su boca de piedras y lanzar sus arengas frente al ruido de las olas
del mar.
Lo malo de todo.
En Culiacán lo que encuentras por montones son balas y el sabor a plomo no es cosa que lo soporte.
Se los juro.
Hay más balas que piedras.
Responsables de ello los integrantes de la banda de Andrés Manuel.
Noroña, Adán Augusto, Monreal y demás roedores para no decirles ratas gubernamentales.
Los chamacos ya no usan tiradores.
Se nos acabaron las piedras y no hay manera de enseñarles lo divertido que resulta.
Andrés Manuel cambió piedras por balas.
Abrazos y no balazos para los delincuentes.
Acúsenlos con su abuelitaa para que se porten bien.
No era pendejo, es parte de la delincuencia organizada.
Creó la estructura perfecta para el reparto de dinero y con ello la compra de votos de millones de beneficiarios.
Mostró una sorprendente inteligencia electoral.
Los partidos de oposición quedaron chamuscados y sin remedio alguno en bastantes sexenios.
Zancudos y ratones nos tienen acabados.
Hasta mañana.



