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JUAN MEDRANO, 100 AÑOS DE SU MUERTE, 9 meses antes de que se dotara de tierras a Escamillas, el primer ejido en Sinaloa

Por Juan Lizárraga Tisnado

El 27 de febrero de 1924 fue muerto a balazos Juan Medrano Mercado, en una banca de la plaza República, frente a catedral, mientras se lustraba los zapatos en espera de que se le recibiera en la presidencia municipal para una gestión relacionada con el reparto de tierras en Escamillas.

Lo mató José León, capataz de los hacendados Montero Osuna, como venganza por la muerte de su hermano Miguel, ocurrida días antes, el 24 de febrero, y de la cual culpaba erróneamente a Juan Medrano.

ASÍ COMIENZA LA HISTORIA DE LA FAMILIA MEDRANO MERCADO

Juan Medrano Mercado nació en Guadalajara, Jalisco, el 24 de noviembre de 1878. Sus padres fueron Gerardo Medrano y María (¿Filomena?) Mercado, hijos, el primero de Epifanio Medrano y Aleja Ramírez y, la segunda de Ignacio Mercado y Juana Rosales. Gerardo y María se casaron el 30 de junio de 1875 en San Pedro Tlaquepaque, en Jalisco.

Gerardo Medrano, acompañado de su familia, llegó a Sinaloa procedente de Guadalajara, primero a Escuinapa y después al Cajón Verde, Rosario, atraídos por la minería.

Eran los albores de la revolución, al estallido del movimiento armado, cuando se trasladó a Escamillas, una reducida acumulación de chozas, casas con techos de palapa de plátano, de jarilla o de hojas de caña, ubicada frente al Cerro Zacanta, el río Presidio de por medio, y cuyos habitantes vivían en torno de la hacienda propiedad de Ramón Osuna, después de Alejandro Loubet —a quien, con todo y tierras, se la embargó un banco del gobierno—, quien luego la rentó a Angelita (Osuna) de Montero, miembro de una familia con grandes propiedades de tierras, desde Escamillas, pasando por Chicuras y El Pozole de Villa Unión, hasta llegar a La Urraca, cerca de donde tenían su hacienda principal, “Los Ángeles”.

LOS 17 SOLICITANTES DE TIERRA ANTE EL GOBERNADOR ÁNGEL FLORES

Juan era el mayor y el más avispado de la familia Medrano Mercado.  

Desde sus tiempos juveniles dio muestra de su humanismo, de su amor por los humildes. Por eso, en Sinaloa se enroló como soldado de la revolución. Por eso creó luego luego el primer núcleo de solicitantes de tierra cuando el colector de rentas, Jesús Serrano, le explicaba que allá por el sur de México ya se repartían las tierras por las que luchó Zapata, de acuerdo con la Convención de Querétaro de 1917, que concedió la tierra a los campesinos.

Se le unieron sus hermanos Andrés y Pedro, también José Valdenegro, Aurelio Alarcón, Modesto Barrón, Espiridión Álvarez, un Ruperto, un Villalobos, hasta sumar diecisiete. En el monte, hacia la vega del río Presidio, se reunían los jornaleros por temor al capataz de la hacienda, José León, a quien no le agradaban las ideas de entregar las tierras de los patrones a los peones.

Cerca de tres años se reunieron a salto de mata, durante la noche, deseosos de que se aplicara el artículo 27 constitucional. Fue en una de ésas cuando, entrado 1920, les cayó medio regimiento de caballería que los apresó a todos, a los diecisiete y para pronto se los llevaron a Mazatlán, a la mera zona militar, dizque por órdenes del gobernador Ángel Flores.

Juan Medrano sabía de la amistad de Angelita de Montero con el gobernador, pero…: “Qué caray. De algo debe servir que yo combatiera junto al gobernador cuando sitiamos Mazatlán”, pensó.

Sí. Juan, junto con el padre de Lázaro Rubio Félix, se enroló en la revolución y él fue uno de los 620 hombres de la Sexta Brigada que al mando del general Ángel Flores —el mismo que los mandó detener— sitió a los federales en Mazatlán, en 1913 y 1914. Solos no lo hicieron. Ahí estuvieron el general Juan Carrasco y el general Macario Gaxiola con su gente. El jefe máximo, el generalísimo Álvaro Obregón, también estuvo en el sitio, el cual dejó a cargo de mi general Ramón F. Iturbe, mientras atendía en la ciudad de México asuntos de mayor envergadura.

Por esos recuerdos, Medrano pensaba que el gobernador sería indulgente, que los comprendería y hasta los apoyaría. “A lo mejor está mal informado”, se decía internamente, apretado con sus compañeros, que apenas cabían parados en aquel cuartucho del cuartel militar.

De repente, se abrió la puerta y apareció el mismísimo general Ángel Flores. ¡Sí, señor! El gobernador del Estado. Con apostura austera y recia, inquirió, pleno de soberbia, amenazante:

—¿De modo que ustedes son los que quieren tierras en Escamillas…? —preguntó y un campesino, humildemente, respondió:

—Pos, general, la ley… —iba a hablar del artículo 27 constitucional, de su ilusión por poseer las tierras que trabajan, pero un fuetazo cruzado en la cara le cortó la voz. Impotentes, llenos de ira, los campesinos escucharon las palabras del general:

—¡Miren! Esta vez les voy a perdonar la vida, pero si siguen con su terquedad, pidiendo tierras, los voy a colgar, ¡a todos!, de los árboles más altos de su pueblo. No me pagan ni el mecate, pero si siguen… ¡Lárguense, antes de que me arrepienta!

LA MUERTE DE JUAN MEDRANO

Derrotados, los solicitantes salieron del cuartel militar y agarraron camino, a pie, entre los cerros, hacia Escamillas. Juan trataba de levantarles el ánimo y los invitó a nuevas sesiones, ahora más peligrosas, porque los hacendados se sintieron más fuertes con el apoyo del gobernador.

Hubo una ocasión en que uno de los solicitantes de tierras se encontró con el capataz y discutieron fuerte. El agrarista salió humillado por José León y el campesino, hombre que pasaba rápido de las palabras a los hechos, juró matarlo y rápido le comunicó su intención a Juan Medrano, invitándolo como cómplice a su plan homicida.

—¡No! Nosotros no vamos a matar a nadie. No se trata de eso. Se trata de que la ley nos ha dado la tierra y los terratenientes se niegan a apegarse a la ley. Nuestra lucha es legal —le respondió tajante Juan y dio por olvidada la proposición de Alarcón, pero éste continuó trabajando sobre su idea.

Cerca del panteón de Escamillas, el campesino y otro compañero esperaron al capataz. Era día de raya. Tenía que pasar por el camino con el dinero de la paga a los jornaleros, que recogía en la hacienda “Los Ángeles”. Y pasó…

José León era acompañado por su hermano Miguel cuando sonaron los balazos. Miguel cayó muerto al instante y su hermano José pudo escapar con vida, sin saber quiénes habían sido los agresores, pero en su mente manejó el nombre del supuesto responsable del asesino de su hermano: Juan Medrano. Y así comenzó el baño de sangre.

Juan amasaba el pan en los hornos de Escamillas cuando le dieron la noticia, algo en verdad lamentable. Siguió tranquilo en su trabajo y continuó en su lucha. Desde México, le informaban de lo que por allá acontecía y agilizaba los trámites.

A principio de 1924, Juan acudió solitario a Mazatlán para realizar algunas gestiones. La oficina, ubicada en la presidencia municipal, estaba cerrada y mientras la abrían se sentó en la plaza, justo frente a la catedral y pidió a un joven le lustrara los zapatos.

Quiso el diablo que por ahí pasara José León y al ver a Juan sentado en la banca, sacó su pistola y le disparó a bocajarro. Juan pagó con su vida un crimen del cual era ajeno y al que, incluso, se había opuesto a su consumación.

El cuerpo de Juan Medrano, como el de Miguel León, fueron sepultados en la fosa común del panteón número 3 de Mazatlán. La familia no reclamó sus restos.En el acta de defunción se indica que Juan era Soltero, pero tenía pareja, era su esposa Mariana Salazar y tuvo una numerosa descendencia que le sobrevive en Escamillas, además sus hermanos y hermanas también ramificaron el apellido Medrano en el pueblo, así como en Mazatlán.

He aquí el documento:

210 Acta número doscientos diez. En Mazatlán, a las 11 horas 50 minutos del día 28 de febrero de 1924, ante mí, Aurelio Fregoso, Oficial del Registro Civil de esta ciudad, compareció el ciudadano Catarino Rubio, casado, Agente de Inhumaciones y de este domicilio, y presentó un certificado expedido por el doctor A.M. Fernández, en que consta que ayer a las 12 horas 30 minutos falleció a consecuencia de heridas por arma de fuego en la vía pública el ciudadano Juan Medrano.- El compareciente declaró que el finado era natural de Guadalajara, Jalisco, soltero, panadero, de 40 años de edad, hijo de Gerardo Medrano y de María Mercado, presentando por testigos del fallecimiento a los ciudadanos Jesús Cristín y Ambrosio Castañeda, mayores de edad, solteros, carpinteros y de este domicilio, quienes manifestaron no ser parientes del finado. La inhumación se verificará en el departamento común del panteón número 3. Leída la presente acta al compareciente y testigos, ratificaron su contenido y firmaron los que supieron, archivándose el certificado en el expediente respectivo. Aurelio Fregoso.- Catarino Rubio.- Jesús Cristín.-  Rúbricas.

MESES DESPUÉS EL EJIDO DE ESCAMILLAS RECIBIÓ SU DOTACIÓN DE TIERRAS

En febrero de 1924, el general Álvaro Obregón, presidente de la República, ahora enemigo público del gobernador Ángel Flores, pasó por Mazatlán y fue abordado por los solicitantes de tierra en la estación del ferrocarril. Lo pusieron al tanto de la situación.

El presidente prometió enviar una brigada de técnicos para que se realizara el reparto de la tierra. La brigada prometida llegó el 28 de noviembre y Escamillas se convirtió en el primer ejido del sur de Sinaloa.

La cosa se puso peor para los flamantes ejidatarios porque, fuera de sus machetes, no tenían ninguna herramienta ni equipo para hacer producir las tierras, ni arados, ni bestias, pero la semilla del agrarismo brotó lenta y firme, abonada con el sacrificio de Juan Medrano.

Certificado agrario de Agustín Medrano, hijo de Juan, antes de la muerte de éste y de la dotación de tierras al ejido que ocurrió el 28 de noviembre de 1924.

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