Por Rodrigo de Triana
La aduana de la «pureza» en MC
Quién lo dijera: ahora resulta que la gran novedad en partidos como Movimiento Ciudadano es poner como requisito que sus candidatos tengan «cero nexos con el crimen». Ya no importan tanto los currículums inflados en la burocracia dorada ni los años aplastados en la silla de la dirigencia partidista.
Hoy la prueba de fuego en la política no es la ideología ni las propuestas, sino demostrar que no se anda de la mano con la maña. Esa es la «nueva» que nos trae Sergio «Pío» Esquer Peiro, quien se presentó ante los medios decidido a vendernos una mercancía bien rara en estos tiempos: la pureza.
Vaya estándar. Hemos llegado a un punto en esta comedia política donde lo mínimo obligatorio —no terminar en el banquillo de los acusados— se presume como si fuera un lujo de alta gama. La ventaja ética que presume el partido naranja frente al oficialismo no es que sean unos santos; es más bien el reflejo de una clase política tan embarrada en la sospecha que el simple hecho de presentar un expediente limpio ya lo quieren vender como una maravilla de vanguardia.
Pero mientras en las cúpulas juegan a medir sus tiempos y a ver a quién le toca candidatura, afuera la cosa está dura. La economía de la gente de a pie no sabe de calendarios electorales ni de las reservas de nombres que guarda MC.

Con más de 27 mil empleos perdidos, casi cinco mil comercios que tuvieron que bajar la cortina para siempre y con el campo y la pesca paralizados, la «tormenta perfecta» de la que habla el Pío Esquer no es un adorno de discurso: es la falta de comida que se siente a diario en las mesas de Sinaloa. Da coraje ver cómo arriba se pelean por repartirse los puestos y las alianzas, mientras abajo la gente anda viendo de dónde saca para mantener la casa o cómo revive el negocito familiar.
Y vaya que el empresario culichi vino con la espada desenvainada a darle su jalón de orejas a la vieja oposición por el ridículo del 2024. De nada sirve presumir alianzas en el papel o tomarse la foto en restaurantes caros si el día de la votación dejan las urnas solas. Dejar más del 60 por ciento de las casillas sin cuidadores no fue un despiste; fue entregar la elección por pura flojera o porque de plano no tienen gente en las colonias. Si no pudieron ni juntar raza para cuidar cuatro de cada diez casillas, todo ese rollo de «defender la democracia» son puras palabras al viento.
La lección es clarita: sin gente que le entre al terreno, cualquier alianza es puro cuento.
Ayer, el Pío Esquer también dejó ver su escepticismo sobre lo que pasa en el Tercer Piso de Gobierno. Dejó flotando la duda de si la administración interina no es más de lo mismo, una simple copia de la gestión que dejó Rubén Rocha Moya. Cambian los nombres en las oficinas, pero la misma sombra de antes sigue pesando en las decisiones.
Y para rematar el cuadro, el dirigente —a quien de plebe apodaron «Pío» porque no se quitaba un mameluco amarillo— le sacó los trapos al sol al tema de las escoltas pagadas con dinero público para figuras como la senadora Imelda Castro. Un lujo que cae en el estómago como patada de mula para el ciudadano común, que tiene que salir a la calle a jugársela a la buena de Dios sin más protección que la suerte.
Y aquí cabe la pregunta directa: ¿Esa protección para Imelda es por miedo a los de arriba, a esos que traen señalados en las cortes de Nueva York por andar de mancuerna con el crimen? Esos mismos a los que los analistas de a pie no les dudan ni tantito que sean capaces de eso y cosas peores.
Lo curioso del asunto es que hayan sido las mismas plumas a sueldo del Tercer Piso las que empezaron a tirarle a la protección federal de Imelda. Ya se le sumarán otras en nado sincronizado.
Al tiempo.
El «Star Palaces Team», un barco a la deriva
Dicen por ahí que cuando el barco empieza a hacer agua, las primeras en saltar no son las cúpulas que van cómodas en el camarote principal, sino la marinería de abajo, la que suda la camiseta en la cubierta y sabe leer las olas antes que nadie. Y en el Ayuntamiento de Mazatlán, las aguas andan de todo menos calmas para el «Star Palaces Team».
Con el horizonte político de la alcaldesa Estrella Palacios luciendo cada vez más nublado y con el padrino de peso fuera de la jugada, la tan mentada Coordinación de la Defensa de la 4T en el puerto terminó convertida en una meta de papel. Sin el respaldo de arriba y con el proyecto haciendo agua a la vista de todos, la base sentimental que antes le aplaudía cada paso a la presidenta ya empezó a poner tierra de por medio. Saben que quedarse a bordo equivale a irse al fondo con todo y bandera.
Por eso la desbandada ya no es un rumor de pasillo: es una estampida silenciosa. Los más audaces ya encontraron acomodo en la lancha de rescate de Nayla Velarde, a quien desde las oficinas centrales de Morena en la Ciudad de México le andan soplando un viento a favor bien sabroso rumbo a la alcaldía mazatleca. Otros, un poco más cautos, andan viendo por dónde le entran a las brigadas de apoyo de la Coordinadora de la Defensa de la 4T y la Soberanía Nacional, Imelda Castro, buscando sombra donde el árbol todavía dé fruto por un sexenio más.
Lo cierto es que el equipo de la alcaldesa se le está desmoronando por abajo. La gente de a pie dentro del movimiento no es ciega: cuando ven que las aspiraciones de su capitana van directo al camposanto político, no se lo piensan dos veces para buscar refugio en otros puertos. ¿Verdad, Celso?

El remiendo azul y el milagro del norte
Y como si en Sinaloa no tuviéramos ya suficiente con nuestras propias tormentas, ahora resulta que la palabrita de moda entre la oposición es «alianza». Nos adelantan que esta misma semana andará por tierras sinaloenses Santiago Taboada, Secretario de Acción Política del PAN, con la encomienda de amarrar lo que muchos ven como una misión imposible: sentar en la misma mesa al PAN, PRI, PAS y Movimiento Ciudadano para armar un frente común que enfrente a Morena en el 2027.
Taboada viene precedido por el halo de ser un «armador de milagros» y un experto en enderezar entuertos difíciles. Ahí está el antecedente de Nuevo León, donde contra todos los pronósticos logró abrochar el pacto para amarrar la candidatura a la gubernatura con el priista Adrián de la Garza, actual alcalde de Monterrey, un acuerdo que parecía enterrado y que terminó saliendo a flote.
Con esas credenciales bajo el brazo, hay analistas en el estado que ya dan por hecho que en Sinaloa se podría cocinar una jugada igual o mejor. La gran pregunta que flota en el ambiente es si las dirigencias locales —acostumbradas a defender su parcela antes que el proyecto general— estarán dispuestas a ceder o si la visita del enviado nacional terminará siendo otro intento de remiendo en un barco que, por más parches que le pongan, sigue teniendo serios problemas para mantenerse a flote.




