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lunes, 17 agosto, 2026

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MAREA ALTA/Carnaval del deschongue y el «Comandante Papas»/¿Seguridad con sabor a Cuba?/El Químico y su «Paquita la del Barrio»

Carnaval del deschongue y el «Comandante Papas»

Por Rodrigo de Triana

¿Quién sabe en manos de qué iluminado quedó la coordinación del aparato de seguridad que nos presumieron con aquel «feliz banderazo»? Nos prometieron blindar el Carnaval, pero a la mera hora, el mentado blindaje resultó ser de papel celofán: transparente e inútil. Lo que se anunció como un operativo de primer mundo terminó desdibujándose entre el confeti, los botes vacíos y el caos más rancio.

Las peleas campales, las trifulcas de antología y los desórdenes de quienes andaban con el alcohol (y quién sabe qué otras sustancias) hasta las cejas, brotaron como hongos tras la lluvia. Este año, el malecón no fue zona de fiesta, sino una sucursal del Coliseo Romano. Hubo de todo: manotazos, arañazos, patadas voladoras y llaves chinas. Pero, ¡ojo!, que la paridad de género llegó finalmente a los moquetazos: las que más se lucieron fueron las «mujeres bravas». ¿Raro, no?

Antes, ese deporte de romperse la crisma era exclusivo de caballeros con la testosterona alterada; hoy, las tendencias cambiaron y ellas también reclaman su derecho al «deschongue» físico.

Alcoholímetros: ¿Prevención o caja chica?

Pero lo que realmente se llevó las palmas en estas jornadas de excesos fueron los famosos puntos de control antialcohol. Los alcoholímetros, que en teoría cuidan vidas, en la práctica se convirtieron en aduanas de extorsión abierta, descarada y con charola.

Entre las víctimas de este «atraco con uniforme» destaca el periodista Gustavo Adolfo Infante. El comunicador relató su tensa experiencia cuando las autoridades le ordenaron bajar del vehículo —donde también viajaba el cantante Saúl ‘El Jaguar’— tratándolos con el rigor que no le aplican ni a los generadores de violencia.

Y si a los famosos les llueve, a los exfuncionarios les graniza. Nos cuentan que un exdirector de Seguridad Pública municipal también probó las mieles de la «nueva seguridad». El hombre ya presentó su denuncia ante la Vicefiscalía por abuso de autoridad, extorsión y lesiones contra su esposa, señalando directamente a dos elementos femeninos de Tránsito.

¿Seguridad con sabor a Cuba?

Lo verdaderamente surrealista —o de plano sospechoso— es que este exjefe policiaco asegura haber identificado al jefe operativo de dicho retén como un sujeto de origen cubano. ¿Cubano? Sí, leyó usted bien. Un caribeño armado al mando de un operativo local. ¿Desde cuándo exportamos la seguridad pública a la isla?

En las mañaneras nos dicen que los hermanos cubanos llegan como médicos, pero que ahora resulten «especialistas en vialidad y moche» ya es demasiado.

¿Sabrá algo de esto don Jorge Ibarra Escobar, flamante Secretario Ejecutivo del Comité Municipal de Seguridad Pública? Lo dudamos. Este personaje ha dado muestras de andar en la luna, en el limbo o en cualquier lugar menos en su función.

Mientras el comité debería ser el ojo que todo lo ve, don Jorge parece tener la vista más nublada que un turista después de diez barrilitos.

Esto, por cierto, no va a caer nada bien en la Embajada de Estados Unidos, donde ya sabemos que son muy sentidos: a ellos les niegan el paso bajo el sagrado pretexto de la soberanía, mientras que a otros parece que les dan hasta la patrulla, la pistola y la lista de cuotas.

El Químico y su «Paquita la del Barrio»

Para cerrar con broche de oro (o de latón), hablemos de las «desfiguras». El Químico Luis Guillermo Benítez Torres sacó a pasear a la Paquita la del Barrio que lleva dentro. Ya entrado en copas y al calor de la tambora, se asomó al balcón de un hotel del malecón para lanzar mensajes provocadores y llenos de despecho político.

Entre trago y nota musical, el Químico mandó recaditos con destino a Culiacán. ¿Para quién será tanto veneno? Al parecer, hay heridas que ni el agua de mar ni el presupuesto logran sanar. Mientras la ciudad se desmorona entre retenes cubanos y peleas de callejón, el Químico sigue en su propio carnaval de rencores.

¡Salud por el deschongue!

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