Por Rodrigo de Triana
Con la novedad de que Ariadna Montiel y Citlalli Hernández, las máximas dirigentes del morenismo en el país, andan convocando a fuego cruzado a todos y cada uno de los inscritos en el proceso interno.
La cita es este mismo sábado. ¿El pretexto? El ya clásico y manoseado nombramiento de “Coordinador o Coordinadora de la Defensa de la 4T”, la elegante envoltura con la que disfrazan la candidatura a la gubernatura cuando el calendario electoral ni siquiera ha dado el banderazo oficial.
Pero a ver, saquen la lupa. Los analistas y “morenólogos”, uno de ellos Arturo Velázquez, con colmillo retorcido en estos temas no han dejado pasar un detalle nada menor: de los 17 estados que renovarán gubernatura en el próximo tramo, Sinaloa es el único al que llamaron a cuentas de urgencia. ¿Por qué tanta prisa por el terruño? ¿Qué bomba quieren desactivar o qué línea vienen a tirar antes de que las olas se desborden?
La cuenta real es 4 contra 2. Es decir, se perfilan cuatro aspirantes lanzados directamente desde el feudo rochamoyista —como parte del proceso para la construcción de un maximato en Sinaloa— frente a solo dos que no responden a esos tutelajes ni le rinden pleitesía al grupo en el poder: Imelda Castro y Jesús Ibarra. La batalla no es solo por la candidatura, sino por quién se queda con el control político del estado.

Los que se quedan en la orilla
Salvo sorpresa de última hora, la lista de los descartados ya tiene sus casilleros bien definidos:
Por la «travesura» de no separarse del cargo:Sin renuncia no hay paraíso. En esta lista de desobedientes o confiados anotan a Lucila Ayala, Fernando García y Ricardo Madrid.
Por falta de «músculo» y trayectoria:Para buscar la grande se necesita algo más que intenciones. Se dice que Kristiam Espinoza y Tomás López Bajo simplemente no traen el peso específico para la contienda.
Al banquillo de espera: A Omar López Campos parece que lo van a dejar congelado un rato, pero con premio de consolación en puerta: está más que latente que para el 1 de septiembre rinda protesta como Senador de la República al ser el suplente directo de Enrique Inzunza.
El caso de las «cuentas pendientes»:Punto y aparte para Gerardo Vargas, a quien el lastre de sus diversas vinculaciones a proceso le estaría cerrando el paso en la mesa nacional. Usando como instrumento a la Fiscalía, sus acérrimos y jurados enemigos políticos decidieron ponerle zancadilla a sus aspiraciones.
Vuelve a resonar la pregunta en los comederos políticos de Culiacán y Mazatlán: si el 27 de junio se registraron aspirantes en 17 entidades, ¿por qué solo a los sinaloenses los citan con la urgencia propia de los bomberos?
Entre el lodo en la tormenta y los ‘Tíos’ de ocasión
Mientras el Director de Protección Civil, Óscar Osuna Tirado, andaba con el agua al cuello coordinando rescates, árboles caídos y avenidas convertidas en ríos por las lluvias, en las redes sociales le armaron un «árbol genealógico» de pura fantasía.
La maniobra no escatimó en veneno: intentaron vender la idea de que el funcionario era nada menos que hermano de Ricardo Osuna Tirado, alias «El Tío», recién caído en el operativo federal como uno de los pesados de la zona.
Un clásico disparo a quemarropa digital proyectado para sembrar sospechas en el Gabinete de Seguridad, justo cuando la tropa municipal andaba más ocupada achicando agua.
Rápido de reflejos, Óscar Osuna salió a marcar raya y a atajar el obús con un desmentido categórico: ni relación familiar, ni personal; coincidencia de apellido sí, pero nada más. Mazatlán es una rica fuente de apellidos Osuna y Tirado, andan por todas partes. Lo de Óscar es de esa clase de estampas de radio pasillo que nutren la fauna política mazatleca.


Ahí estaba Óscar: atajando la contingencia meteorológica con una mano para salvar al puerto, mientras con la otra limpiaba el estercolero digital para que no le mancharan la hoja de vida ni le contaminaran su fuerte pertenencia a la institución.
Moraleja: En tiempos de tormenta, la desinformación siempre flota primero; y en el Mazatlán de hoy, da la impresión de que cuesta mucho más trabajo achicar la mala leche política que las inundaciones de la López Mateos.



