Por Rodrigo de Triana
¡Vaya derroche de recursos y movilización a la fuerza el que nos regaló la tarde de ayer la aspirante estrella del rochamoyato!
Todo un espectáculo diseñado con el noble propósito de refundar un maximato, de esos que se controlan cómodamente desde alguna celda en Nueva York o, en su defecto, a salto de mata desde algún escondite recóndito en la sierra de Sinaloa.
El “pueblo sabio” que abarrotó el evento no era más que la nómina entera marchando bajo protesta.
Empleados municipales acarreados junto con sus familias —porque en familia la explotación burocrática se disfruta más— y la plana mayor de burócratas estatales marchando al unísono.
Todo para vender la ilusión de una “convocatoria ciudadana” legítimamente conmovida por las dotes de gobernanza de la alcaldesa con licencia, Estrella Palacios, quien se autoproclama digna de coordinar la defensa de la 4T en Sinaloa.
Pero aquí viene el truco del truco de magia guinda: esta aparatosa pasarela de acarreados por decreto es exactamente la misma que le rellenan a las demás corcholatas con el sello de la casa Rocha Moya and Company.
Son los mismos cromos, las mismas caras resignadas y el mismo Paseo de la Reforma mazatleco, eso sí, con cargo absoluto a los bolsillos de los contribuyentes.
Para vestir el bodrio, la “corcholata” preferida se hizo acompañar por finísimas joyitas de la política local: las diputadas Karla Ulloa, Rita Fierro y Elizabeth Ramírez; el secretario general del STASE, Michel Benítez. Ojo: ¡El líder máximo de la burocracia estatal!
También se movilizó a la síndica procuradora Fabiola Osuna, además de la fiel comparsa de regidores mazatlecos: Claudia Luna, Alina Quintero, Heriberto Reséndiz y Jesser Martínez. Una postal del desinterés por el servicio público.
Lo que nadie le avisó a la alcaldesa es que su magno evento “machuchón” —financiado con el sudor del contribuyente— se pasó por el mismísimo arco del triunfo la Base Octava de la propia convocatoria de Morena, esa que en el papel jura “garantizar equidad, imparcialidad y piso parejo”:
a) Se prohíbe el uso de recursos públicos o prerrogativas institucionales para favorecer a aspirante alguno.
b) Queda estrictamente prohibido el gasto desmedido en publicidad, espectaculares o campañas de promoción personalizada, debiendo prevalecer la austeridad.
¡Austeridad! Vaya chiste.
La equidad fue tal que a los medios de comunicación bajo convenio se les alineó a la canija: o cubrían el baño de pureza de la candidata, o el pago de la factura de este mes se quedaba congelado en el limbo presupuestal.
Libertad de prensa en su máxima expresión.
Y para cerrar con broche de oro esta comedia de atracos:
Trascendió que el Club Venados de Mazatlán por fin cobró su jugoso cheque de 13.8 millones de pesos tras ganarle un juicio al Ayuntamiento. ¿Y quién creen que acudió con la manteca en la mano a nombre de la comuna? Nada más y nada menos que Román Lizárraga Quintero, amantísimo esposo de la alcaldesa Palacios.
Qué coincidencia tan tierna que el hoy “Primer Caballero” haya sido, antes de este milagro de la 4T, el Gerente Comercial de ese mismísimo club.
Si la ética tuviera nombre en Mazatlán, seguro estaría pidiendo su liquidación. Agárrense, porque si así están empezando, se va a armar la de Dios es Padre.
Pero ojo, es un run run que está cobrando fuerza.




