Muchas ranas para poca agua
Por: Rodrigo de Triana
El sábado pasado, el morenismo sinaloense vivió su particular «Día de la Marmota» con el registro de aspirantes a coordinar los Comités de Defensa de la 4T.
En cristiano: la rebatinga por la candidatura al Gobierno del Estado para 2027. Fieles al folklore de la casa, se inscribieron 13 especímenes. Sí, el número de la mala suerte, ideal para una lista donde conviven pesos pesados, medianos y auténticos fantasmas de la política local.
El orden del desfile dejó cinco damas y ocho caballeros: Imelda Castro, Tere Guerra, Graciela Domínguez, Estrella Palacios, Gerardo Vargas Landeros, Lucila Ayala, Tomás de Jesús López, Jesús Ibarra, Ricardo Madrid, Fernando García, Omar López, Rodolfo Valenzuela y Kristiam Alexis Espinoza.



En este pintoresco zoológico electoral hay de todo. Están los que traen canicas de verdad para jugar y los que se inscribieron bajo la mística filosofía de «a ver si pega el chicle».
Pero lo verdaderamente patético son los que van de puro relleno; esos que se apuntan solo para hacer bola, para que sus familias los vean en el periódico o, peor aún, para ver si les cae de rebote una regiduría de consolación o una dirección de bacheo.
¡Qué necesidad de pasar vergüenzas!
El establo del «rochismo»: ¿Herencia o resistencia?
El dato que verdaderamente levantó la ceja de los analistas de café es que, de las cinco mujeres anotadas, cuatro salen directamente del establo del rochismo.
Vaya audacia. Es una señal clarísima de que esa corriente se resiste con desespero a la extinción, queriendo ignorar olímpicamente los bombazos informativos y los fuertísimos señalamientos que pesan sobre sus máximos dirigentes nada menos que en las cortes de los Estados Unidos.



Ellos actúan como si vivieran en el país de las maravillas, pensando que el electorado padece de amnesia colectiva o apostando a tomarnos como electores zombies: personas despojadas de su voluntad y completamente esclavizadas por algún hechicero al servicio de Morena.
Las «reglas» de la simulación y el jueguito de Estrella
Ahora viene el supuesto «filtro». Dice la sacrosanta convocatoria que la Comisión Nacional de Elecciones evaluará perfiles, antecedentes y méritos. Traducido: van a usar el infalible «dedómetro» para dejar pasar solo a los bendecidos.
Las reglas también exigen —por favor, no se rían— respetar resultados, no hacer actos anticipados y no usar recursos públicos.
¡Ajá!, ¡Si Chuy¡
Cuéntenle ese chiste a la alcaldesa de Mazatlán, Estrella Palacios, a quien ya le están armando un expediente tamaño enciclopedia.
Dicen las malas lenguas (y las fotos) que para su registro se llevó a medio gabinete municipal a hacerle el caldo gordo. Ahí andaban los funcionarios, convertidos en porristas de ocasión, cargando matracas, soplando serpetinas, tocando pitos y, para colmo de males, utilizando aparatos de difusión que son propiedad del Ayuntamiento.
Total, el dinero del pueblo es para gastarse en la fiesta de la jefa, ¿o no?

El embudo que viene
De las 13 almas que buscan el milagro, la dichosa comisión tendrá que rasurar la lista para dejar solo a tres damas y tres caballeros. Esos sobrevivientes irán a la famosa «encuesta interna» (ese misterio de la fe morenista) para definir quién será el ungido de la triple alianza Morena-PT-Verde… o lo que dicte el Santísimo dedo del poderosísimo señor de Macuspana.
Hagan sus apuestas, porque en este charco hay demasiadas ranas brincando por una sola cubeta de agua… y el lodo ya empezó a salpicar.

Los nuevos «ilustres» del gabinete: Rostros nuevos, mismos resultados
Y mientras la baraja morenista se acomoda para el 2027, en el Palacio de Gobierno la gobernadora Yeraldine Bonilla Valverde decidió jugar al «magia de las sorpresas» e hizo cambios en su gabinete.
Designó como nuevo secretario de Economía a un tal Diego Armando Aguerrebere Espitia, y como nuevo titular de la Secretaría de Bienestar y Desarrollo Sustentable (Sebides) a un tal Francisco Javier Barrón Aguayo.
¿Les suenan los nombres? No se sientan mal si la respuesta es un rotundo no. Estamos ante dos perfectos desconocidos de la escena pública estatal; de esos personajes que, políticamente hablando, sólo en sus casas los conocen a la hora de la comida.
La puesta en escena fue la típica de la liturgia oficial: foto en el Despacho de la Jefa, mano derecha extendida al frente, la toma de protesta de ley y, como testigo de honor, el encargado del Despacho de la Secretaría General de Gobierno, Pablo Bedoya Bañuelos. Todos muy sonrientes, como si estuvieran anunciando el fichaje de un premio Nobel de Economía y de un gurú del desarrollo social.
Lo verdaderamente cómico —por no decir trágico— vino con el discurso. La gobernadora Bonilla Valverde exhortó a sus nuevos colaboradores a «continuar con el excelente trabajo que se ha venido desplegando en ambas dependencias».
A ver, detengamos el reloj un momento. ¿»Excelente trabajo»? ¿En serio? ¿Usted les cree semejante audacia discursiva?
No se preocupe, nosotros tampoco. En el Sinaloa de la realidad, el que está fuera de los boletines oficiales y del aire acondicionado de Palacio, las cuentas en economía y bienestar no dan para colgarse ninguna medalla.
Pero claro, en el año de la simulación prometer milagros con rostros anónimos es la especialidad de la casa.
A ver cuánto dura el encanto antes de que la realidad los alcance.



