Por Rodrigo de Triana
¿Prescripción positiva? ¡No, robo exprés!
NOS HACEN VER que, al calor de la encarnizada disputa por la plaza entre distintas facciones del crimen organizado, en Mazatlán ha florecido un jugoso pero vil negocio: el despojo inmobiliario bajo la modalidad de la «prescripción positiva exprés». Nos dicen que detrás de esta pujante inmoralidad operan abogados harto conocidos que ya le hallaron el «caminito» a la trampa.
Pero lo peor del asunto, nos comentan, es que hay jueces que, aun sabiendo de qué pie cojean estos litigantes, no dudan en hacerles segunda. Uno de los trucos más socorridos por este «cártel del despojo» es desempolvar pagarés y supuestos contratos privados firmados entre personas ya fallecidas… ¡y ante notarios que tampoco están en este mundo! Son las triquiñuelas favoritas de los leguleyos sin escrúpulos: revivir tranzas del pasado para sorprender —o hacerse los sorprendidos— en el presente.
Nos aclararon que, si bien hay juzgadores que caen redonditos en la componenda, hay otros que de plano no le entran al juego. Tienen muy claro que unos cuantos pesos ofrecidos por estos abogadetes venales no valen la pena para poner en riesgo sus carreras. Saben que hoy estas maniobras equivalen a un pase directo a la sombra, pues tarde o temprano enfrentarán acusaciones por Asociación Delictuosa, Fraude Procesal, Falsedad de Declaraciones, Falsificación de Documentos Oficiales y lo que resulte. ¡Vaya joyitas!
En algunos colegios de abogados hay profunda indignación por esta situación, pues consideran injusto que estas mafias salpiquen al gremio entero, y ya se habla de pedir la intervención directa de la Gobernadora interina, del Presidente del Supremo Tribunal de Justicia, de la Secretaría General de Gobierno y de la FGE para ir al fondo de esta cloaca.
No se trata de una conducta nueva, sino de una modalidad sofisticada. La figura legal existe en el marco normativo desde 1931, pero el cambio radical radica en que la dinámica pasó de ser una invasión espontánea a un esquema de delincuencia organizada, con suplantación de identidad, documentos apócrifos, simulación de actos jurídicos y redes de corrupción que alcanzan a autoridades, notarios y registros públicos.
Mazatlán es una ciudad ávida de inversiones y desarrollo; pero con este tipo de «regalitos» disfrazados de certidumbre jurídica, los capitales simplemente terminarán por salir huyendo.
El desfalco inmobiliario que salpicó hasta EE. UU. y Canadá
Y HABLANDO DE cómo el despojo y la simulación destruyen la certeza jurídica en el puerto, el caso de Cortés Jiménez, presidente de Grupo Universal Inmobiliario, es la otra cara de esta misma moneda de impunidad que azota a Mazatlán. A la par del proceso por violencia de género e intento de feminicidio que ya lo tiene ingresado en el Reclusorio Oriente de la Ciudad de México, el empresario mantiene un colosal frente legal en tierras sinaloenses, donde es acusado por más de 70 familias de México, Estados Unidos y Canadá de haber perpetrado un fraude superior a los 200 millones de pesos.
Los afectados invirtieron dinerales en preventas de departamentos de lujo en la Torre Triana —en pleno malecón— y complejos como Citadel, Coto Munich y Coto Barcelona, cuyas obras fueron abandonadas impunemente desde 2022. Según denuncias en el Registro Público de la Propiedad, el esquema no solo defraudó a compradores de buena fe, sino que despojó de sus predios a cerca de 80 familias sinaloenses a cambio de propiedades fantasma.
Por si fuera poco, el sujeto tramitó un crédito fraudulento por 105 millones de pesos dejando la Torre Triana como garantía y a los compradores bajo amenaza de embargo antes de poner tierra de por medio rumbo a Sacramento, EE. UU.
Hoy, las víctimas en Mazatlán exigen a las autoridades sinaloenses que el caso no quede impune tras su captura en la capital del país. Entre las mafias leguleyas que simulan escrituras viejas y los desarrolladores golondrinos que despojan terrenos e hipotecan lo ajeno, el patrimonio inmobiliario de Mazatlán enfrenta su prueba de fuego. ¿Habrá manotazo en la mesa de la justicia?



