Por Rodrigo de Triana
La aristocracia del «sacrificio»: Los mártires de la nómina
Si usted pensaba que los milagros de multiplicación solo ocurrían en los textos bíblicos, le falta leer la «Lista de los 300» de la UAS. No se trata de una película de acción, aunque el drama es de presupuesto millonario.
Es el catálogo de la nueva aristocracia sinaloense: esa que no necesita títulos nobiliarios porque tiene algo mucho mejor: un Reglamento de Jubilaciones para Directivos.
Tras la filtración de la lista de los jubilados con pensiones de jeque, uno de los «agraciados» salió a darnos una lección de humildad que nos dejó con el nudo en la garganta.
Resulta que cobrar una pensión de infarto no es un privilegio, es —en sus propias palabras— una «reacción natural y lógica». ¡Claro! Tan natural como que el agua moje y tan lógica como que, si tú mismo redactas el cheque, le pongas varios ceros.
Lo más conmovedor de su defensa es el uso de la «Ley del Embudo». Nos explica, con una seriedad que asusta, que su jubilación es legal porque se aprobó en la gestión de «Gomer».
Es decir, ellos cocinaron la ley, ellos pusieron la mesa, ellos sirvieron el banquete y ahora se extrañan que al pueblo le dé un poquito de indigestión ver la cuenta.
Pero prepárese para sacar los pañuelos: el hombre dice que se jubiló a los 32 años de servicio pudiendo haber huido a los 25. ¡Qué templanza! ¡Qué estoicismo! Siete años extra sacrificándose en las «incómodas» oficinas de la Secretaría General y la Vicerrectoría, seguramente sufriendo por el aire acondicionado mientras esperaba que el promedio de sus últimos salarios alcanzara la estratósfera.
Eso no es antigüedad laboral, es perseverancia presupuestívora.
Y para rematar, el sello de santidad: «Mis hijos no tienen plaza».
¡Habemus milagro! En una institución donde el árbol genealógico suele ser el organigrama oficial, que su prole no esté en la nómina lo convierte automáticamente en candidato a la canonización laica. «No hay irregularidades», remata.
Y tiene razón: en la UAS, la mayor irregularidad suele ser la ética, porque lo que es el papeleo, ese siempre sale impecable.

Así que, querido lector, la próxima vez que vea a un alto mando universitario, no lo critique. Admírelo. No cualquiera tiene la habilidad de convertir el «contrato social» en un contrato privado de retiro digno de un CEO de Wall Street, todo mientras se envuelven en la bandera de la autonomía y el servicio a la comunidad.
¡Salud por los 300! Que el presupuesto aguante, porque la vergüenza, esa ya se jubiló hace mucho.
Arrendamiento de «Alto Impacto»
En el Morelos de la era Cuauhtémoc Blanco, la hospitalidad no conocía límites, especialmente si el inquilino buscaba un retiro espiritual con sabor a Michoacán.
Resulta que César Sepúlveda, alias “El Botox”, líder de Los Blancos de Troya, no se escondía en cualquier cueva, sino en una propiedad vinculada a Samuel Sotelo Salgado, exsecretario de Gobierno y gobernador interino por accidente.
Al parecer, en el mercado inmobiliario de la «Eterna Primavera», los antecedentes penales son apenas un detalle estético frente a un contrato de arrendamiento bien firmado.
La defensa del exfuncionario es para enmarcarse: él solo puso el inmueble en renta y, ¡oh, sorpresa!, el azar le mandó a uno de los hombres más buscados del país.
Bajo la máxima de «ojos que no ven, renta que se cobra», Sotelo asegura que desconocía las actividades de su distinguido huésped.
Es enternecedor ver cómo la alta burocracia estatal practicaba el desapego informativo, demostrando que en Morelos se podía ser la mano derecha del gobernador y, al mismo tiempo, un casero ejemplar que no se mete en la vida (ni en los arsenales) de sus clientes.
Al final, esta joya revelada por Latinus nos confirma que la administración pasada era experta en el «juego de conjunto»: unos pateaban el balón y otros, aparentemente, les rentaban la cancha a los rivales.
Habrá que ver si el siguiente inmueble de «El Botox» —ahora en una prisión federal— también tiene acabados de lujo o si ahí el contrato de arrendamiento sí incluye una revisión de comportamiento un poco más rigurosa.
¡Cosas de nuestra surrealista política mexicana!

«El Simoncillo»: De las barricadas universitarias a la ventanilla de Vialidad y Transportes (fotografía tomada del sitio. Los Noticieristas)
Con la novedad de que al siempre célebre Juan de Dios Mendoza, alias “El Simoncillo”, le han colgado la medallita de nuevo delegado de Vialidad y Transportes. Conocido por su carácter «fiero» —eufemismo puro para referirse a su papel como gladiador en las despiadadas batallas campales que suelen acompañar los reacomodos de nómina en la UAS—, el flamante funcionario cambia ahora los gritos de Rectoría por el orden del transporte público.
Fue Marco Antonio Osuna Moreno, director estatal de la dependencia, el encargado de tomarle una protesta de ley que, dadas las circunstancias, sonó más a guion de comedia que a protocolo oficial.
“El objetivo es que los ciudadanos se vayan felices y que la corrupción no exista”, declaró Mendoza López sin que se le moviera un solo músculo de la cara.
Una meta ambiciosa para quien llega de último momento a sustituir a Héctor Daniel Brito. ¿Qué pasó ahí? Nadie lo sabe aún, pero en este mundo de filtraciones y redes sociales, el cadáver político siempre termina flotando.
Por ahora, nos quedamos con la imagen de un experto en «choques» universitarios intentando que, por una vez, nadie choque en las calles. ¡Suerte con eso!

Y hablando de éxitos que nacen de la tempestad, las felicitaciones le llueven al polémico empresario Ricardo “Pity” Velarde. Mientras en Sinaloa su salida de la Secretaría de Economía dejó un rastro de dudas y «temas de seguridad de alto impacto» todavía sin digerir, él prefiere cocinar otros proyectos.
El “Muchacho Alegre” ha plantado bandera en Guadalajara, demostrando que, aunque el horno político no esté para bollos en su tierra natal, siempre habrá una mesa puesta y una banda sonando en tierras tapatías.
La vida sigue, y para algunos, los «temas pendientes» se olvidan mejor con un buen aguachile y una exitosa expansión culinaria.
DE ULTIMA HORA: Noche de «levantones» y fuegos artificiales ilegales. Entre la Allende y la Felipe Ángeles, aquí en el puerto, la delincuencia anda más activa que el SAT. Cuatro jóvenes «levantados» y un bombazo en una «casa de seguridad» resumen la jornada de anoche.
Parece que en este barrio la seguridad es de cristal y los demonios ya ni siquiera se esconden para hacer su trabajo. ¡Bonito amanecer para todos los que todavía tenemos techo y cabeza



