El «tremendísimo» secretario del Consejo Municipal de Seguridad Pública, Don Jorge Rubén Ibarra Escobar, acaba de hacer una aportación invaluable a la lingüística de la posverdad. En un despliegue de optimismo que raya en lo místico, ha bautizado una nueva categoría para describir el caos: el “tremendismo”.
Resulta que, para el funcionario, la zozobra en la que vive sumida la sociedad mazatleca no es más que un problema de apreciación semántica. “No hay que ser tan tremendistas”, soltó a un reportero de Noroeste, como quien receta un té de tila para curar una herida de bala.
Bajo esta lógica, la psicosis colectiva que se respira en el puerto no es fruto de la inseguridad, sino de que los ciudadanos somos unos exagerados que no sabemos apreciar el paisaje.
El mensaje es claro: “Bájenle dos rayitas a su pánico, que aquí la paz es un valor eterno, aunque no se vea por ningún lado”.
Habría que preguntarles a las madres con hijos desaparecidos —cuyas cifras, esas sí, son «tremendísimas»— si están de acuerdo con este curso de inteligencia emocional que les imparte el titular del Consejo.
Quizás ellas simplemente no han entendido que su dolor no es una tragedia, sino un exceso de interpretación.

Nuevas caras, viejas mañas
Esta joya declarativa ocurrió justo cuando el Consejo le abría un espacio a Miguel Hernández Fonseca, representante de la CANACO, quien ahora tiene el honor de ser el nuevo consejero en una mesa donde, al parecer, lo que falta es vocabulario y lo que sobra es realidad.
El asiento de Hernández Fonseca no es obra del azar; es un espacio concedido estratégicamente a Guillermo Romero Rodríguez, alto directivo de Concanaco y adversario de la alcaldesa en la contienda electoral pasada. De esta manera, la iniciativa privada también tendrá palco —y quizás voz cantante— en este teatro de las sombras.

Bajo la bendición de la alcaldesa Estrella Palacios, la sesión transcurrió entre protocolos y promesas.
El plato fuerte fue el Modelo Nacional de Policía y Justicia Cívica, un programa que promete, por milagro burocrático, disminuir los delitos mediante la «homologación».
¿Policías investigadores o detectives de oficina?
Lo que realmente levanta la ceja es la ambiciosa meta de crear un «grupo de investigación» dentro de la Policía Municipal. ¿Investigación? Suena innovador, si no fuera porque huele a una invasión de atribuciones tan grande como el cerro del Crestón.
Parece que en el Ayuntamiento ya se sienten con facultades de Fiscalía General, ignorando que la línea entre prevenir el delito y usurpar funciones es tan delgada como la paciencia de los mazatlecos.
Al final, son anuncios que brillan mucho en el boletín, pero que se apagan rápido en la calle, donde el «tremendismo» de los plomazos no entiende de figuras retóricas.
Entre drones y «ensayos» de Carnaval
Para muestra, un botón: anoche los informes sobre enfrentamientos en los rumbos de San Marcos, sindicatura de La Noria, no fueron precisamente «sutiles».
Hubo balaceras tupidas y hasta bombazos lanzados desde drones, según testimonios de locales que clamaban por una ayuda que nunca llegó.
Esta es la “tremendísima” realidad, a no ser que en el Consejo de Seguridad nos digan que esos estruendos son los ensayos del Combate Naval para el sábado de Carnaval.
Y la fiesta siguió: violencia en la maxipista Escuinapa-Acaponeta y, ya en la zona urbana, el asesinato de un joven en la Plazuela del Burro, sumado al ataque a tiros contra una madre de familia en la Mazatlán III por sujetos que buscaban a su hijo.

Pero ya saben: no se asusten. En el Mazatlán oficial, el peligro es solo una cuestión de estilo o de una semántica usada como escudo. Si cambias la palabra «crisis» por «percepción» o «violencia» por «tremendismo», el problema deja de ser un fallo de la autoridad y se convierte en un fallo de la audiencia.
Es como decir que el barco no se está hundiendo, sino que los pasajeros tienen una “fijación excesiva con el agua”.
Así, con palitos y bolitas. ¿O voy bien o me regreso?



