Por Rodrigo de Triana
Resulta que nuestra flamante comuna acaba de autorizar la módica cantidad de 444 mil pesos —casi medio millón de devaluados y aguados pesos— para pagarle el estacionamiento anual a nuestros abnegados, cansadísimos y siempre bien ponderados 13 regidores y al señor Tesorero.
Hasta ahí, usted dirá: «Bueno, qué bueno que no dejen sus camionetotas en doble fila por la Ángel Flores». El detalle, el fino toque de alta escuela financiera que nos regaló la periodista Sheila Arias, está en la magia de la división.
Hagamos cuentas de esas que tanto le fascinan a la Tesorería:
Cualquier mortal que va al Centro Histórico paga unos 30 pesitos al día por dejar su carro.
Para nuestros ediles, el costo por día y por cabeza mágicamente se eleva a 142.50 pesos.
¡Válgame la bendita paridad cambiaria! O el viene-viene del Centro está cobrando tarifas de la Quinta Avenida de Nueva York, o los cajones de estacionamiento del Cabildo incluyen servicio de spa para las llantas, pulido de rines con oro de 24 quilates y un masajista de cuello para cuando se bajen del vehículo tras el extenuante viaje de tres cuadras.
¿Cómo logran pagar casi cinco veces más por lo que a cualquiera le cuesta treinta pesos? Eso no es gasto público, muchachos, ¡eso es un talento nato para el despilfarro!



Entre bomberos y portezuelas
Lo verdaderamente enternecedor es la congruencia de sus señorías. Hace apenas unos días, la mayoría levantó el dedo (el único músculo que ejercitan con regularidad) para blindar al Director de Cultura y perdonarle la molestia de tener que comparecer a transparentar las cuentas del Carnaval 2026.
Claro, quien es generoso con el dinero ajeno para cuidar su propio carro a dos cuadras de la oficina, ¿cómo va a andar exigiendo cuentas de los millones de la máxima fiesta? Entre bomberos no se pisan las mangueras… y entre automovilistas del poder no se rayan las portezuelas.
Mientras tanto, la terca realidad asoma la cabeza: las colectivas de búsqueda de personas desaparecidas tienen que salir a botear este sábado al Malecón porque para ellas no hay presupuesto, solo exclusión.
Prioridades de la casa: primero el confort del funcionario y la opacidad del Carnaval; al último, las causas que duelen.
Esos 444 mil pesos no son solo una cifra; son el monumento al «patrimonialismo» más rancio, ese virus que les hace creer que el presupuesto es su cuenta de gastos personales.
Gasolina gratis, asesorías pagadas y ahora hospedaje VIP para sus vehículos. Al paso que vamos, en la próxima sesión van a meter al orden del día el subsidio para los tacos de los regidores, alegando que «legislar da mucha hambre».
¡Qué chulada de austeridad! Así cualquiera se sacrifica por el pueblo.

Aceitando la maquinaria pasista
Y pasando a otros temas de alta costura política, nos informan que la dirigencia estatal del Partido Sinaloense se propone tunear y aceitar la maquinaria del PAS en Mazatlán con miras al ya no tan lejano 2027.
El próximo sábado se realizará la toma de protesta del nuevo comité directivo municipal.
El evento será encabezado por el líder del partido, Robespierre Lizárraga Otero, y la cita es en el Salón Casa 21, de la calle 21 de Marzo, justo frente a la casona que alberga a la últimamente muy vapuleada e infame CFE. (A ver si no se les va la luz a mitad del discurso, cosa que en Mazatlán ya es deporte municipal).
Se viven tiempos inéditos en estos asuntos de la polaca. Y aunque desde el tercer piso insistan en que Morena es una locomotora que pita fuerte, lo cierto es que el tren guinda se ha vuelto sumamente vulnerable y susceptible de un inminente descarrilamiento; sobre todo en un municipio cuyos habitantes suelen ser sumamente castigadores en las urnas cuando les colman la paciencia, les llenan de piedritas el costal.
El evento, nos dicen, viene también con una fuerte carga de reivindicación histórica para personajes que dejaron honda huella en la política marismeña, comenzando por el fundador del PAS, Héctor Melesio Cuen Ojeda.
Dicen los pasistas que, a la vuelta de los meses y los enredos actuales, el tiempo le está haciendo justicia y dándole la razón.
Cosas del karma.



