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viernes, 2 octubre, 2026

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PALABRA DE SINALOA/La realidad no se decapita

  Calderón les dijo verdades 
es un hombre inteligente
Clau y el KK's: necedades
presión de EEUU se siente

Armando Zamora Canizalez

La realidad no se decapita

Ayer no decapitaron a Felipe Calderón Hinojosa. Decapitaron su estatua.
La diferencia importa. Porque podrán desprender una cabeza de bronce a martillazos, pero no pueden borrar la diferencia intelectual entre Calderón y Andrés Manuel López Obrador.
No necesitamos inventarles una prueba de coeficiente intelectual. Basta escucharlos.
Calderón podrá cargar para siempre con la enorme sombra de Genaro García Luna y con las decisiones equivocadas de su gobierno. Pero es un hombre preparado, con capacidad argumentativa, formación técnica y conocimiento de las instituciones. Se le puede cuestionar, refutar y hasta responsabilizar políticamente; lo que difícilmente puede sostenerse es que sea un improvisado.
López Obrador representa lo contrario: la ocurrencia elevada a doctrina, el prejuicio convertido en política pública y la repetición utilizada como sustituto del razonamiento. Un hombre que durante años quiso gobernar un país complejo con estampitas, apodos, otros datos y cuentos de buenos contra malos.
Calderón construye argumentos. López Obrador fabrica enemigos.
Uno habla de instituciones, contrapesos y riesgos para la democracia. El otro responde con sobrenombres, descalificaciones y una polarización que ya se volvió su escondite favorito.
En pocas palabras: le tiraron la cabeza a la estatua del político con mayor capacidad intelectual, mientras el cabeza hueca de Palenque reaparecía en un video de más de una hora para decir que Claudia Sheinbaum es “la mejor presidenta del mundo”.
¡Vaya profundidad de pensamiento!
Mientras Calderón advertía que Morena cruzó el puente democrático construido por los mexicanos y después comenzó a dinamitarlo para impedir que alguien más lo utilizara, López Obrador presentaba su libro Pueblo y volvía a dividir al país entre los buenos que lo obedecen y los malvados que se atreven a cuestionarlo.
Porque cuando faltan argumentos, sobran adjetivos.
Cuando no pueden explicar la inseguridad, polarizan.
Cuando los alcanza la corrupción, polarizan.
Cuando aparecen señalamientos sobre el huachicol, las aduanas o personajes cercanos al poder, polarizan.
Y cuando agencias estadounidenses examinan acusaciones contra Andrés Manuel López Beltrán —sin que hasta ahora exista una investigación formal ni cargos—, López Obrador reaparece para arropar a su sucesora y recordarle a Morena quién continúa siendo el jefe.
El nerviosismo se siente.
Se percibe en las mañaneras, en la fabricación cotidiana de adversarios y en la necesidad de seguir utilizando a Calderón como distractor. También en la incomodidad que provoca Omar García Harfuch, quien fortalece la cooperación con Estados Unidos, informa sobre funcionarios detenidos por vínculos criminales y se posiciona como el integrante mejor evaluado del gabinete.
El gobierno necesita enemigos porque ya no le alcanzan los resultados.
Pero la gente comienza a cansarse. Está harta de que todos los problemas sean culpa del pasado, de que cada crítica sea una conspiración y de que cualquier ciudadano inconforme sea presentado como enemigo del pueblo.
Podrán llamar “espurio” a Calderón otras mil veces. Podrán recordarle a García Luna cada mañana. Podrán derribar su estatua, arrancarle la placa y pasear su cabeza de bronce como trofeo.
Pero ni así podrán ocultar el contraste:
A Calderón le derribaron una cabeza de bronce.
A López Obrador hace tiempo que las ideas dejaron de caberle entre sus ocurrencias.
Y aunque el oficialismo siga usando el martillo de la polarización, existe algo que jamás podrá decapitar:
La realidad.

Nos vemos mañana… pero recuerda: el 2027 nos llama!

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