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miércoles, 30 septiembre, 2026

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PALABRA DE SINALOA/¿Maremoto o MOREMOTO?/Ocho años de destrucción

  ¿Maremoto o MOREMOTO?
   lo segundo...luego se nota
   en 2027 a negarles el voto 
   a esos que chupan la mota 

  Armando Zamora Canizalez

MOREMOTO: ocho años de destrucción

Un maremoto es una sucesión de olas gigantescas que golpean las costas, arrasan comunidades y dejan destrucción a su paso.
Pero México lleva casi ocho años padeciendo algo peor: un MOREMOTO.
El maremoto es una tragedia de la naturaleza. El MOREMOTO es una tragedia política. El primero no distingue colores ni ideologías; el segundo fue provocado por decisiones deliberadas, ocurrencias presidenciales y una obsesión enfermiza por destruir todo lo que no llevara el sello de Morena.
La primera gran ola desapareció el Fondo de Desastres Naturales. México quedó expuesto ante huracanes, inundaciones, incendios y terremotos, mientras el gobierno improvisa ayudas, administra electoralmente las desgracias y reparte recursos sin reglas claras.
Después vino la ola contra las estancias infantiles. Miles de madres trabajadoras perdieron un apoyo fundamental y miles de niños quedaron atrapados entre la indiferencia y la demagogia.
La siguiente arrasó con el Seguro Popular. Prometieron un sistema de salud como el de Dinamarca, crearon el INSABI y terminaron desapareciéndolo después de su fracaso. El resultado está a la vista: hospitales sin medicinas, familias comprando tratamientos y enfermos condenados a esperar.
El MOREMOTO también golpeó al campo y al mar.
Desmantelaron programas para agricultores, abandonaron a los productores y redujeron los apoyos para la pesca. Mientras el campo sinaloense agoniza y los pescadores salen sin certeza de recuperar siquiera el combustible, el gobierno responde con discursos, promesas y reuniones que no resuelven nada.
Otra ola cayó sobre las organizaciones de la sociedad civil. Morena no quiere ciudadanos organizados: quiere beneficiarios agradecidos, dependientes y silenciosos. Por eso debilitó el fomento a las OSC, cerró espacios de colaboración y convirtió muchos programas sociales en instrumentos de control electoral.
Después vino el golpe contra la transparencia. Desaparecieron el INAI porque a este gobierno le incomoda que le pregunten, que le revisen y que le exijan cuentas. Prefirieron que el propio gobierno se vigile a sí mismo: algo tan absurdo como poner al ladrón a cuidar la caja. La reforma constitucional extinguió al INAI y transfirió funciones al Ejecutivo federal.
El oleaje continúa contra el INE. No han logrado desaparecerlo, pero intentan debilitarlo, recortarle recursos, someter a sus consejeros y convertir al árbitro electoral en empleado del partido gobernante.
Y llegó la ola más peligrosa: la destrucción de la independencia del Poder Judicial. Morena no quiere jueces autónomos; quiere jueces agradecidos. No busca justicia, busca obediencia. No pretende democratizar los tribunales, sino capturarlos para que ninguna institución pueda detener sus abusos.
Así opera el MOREMOTO: primero desacredita, después recorta, enseguida somete y finalmente destruye.
Mientras tanto, los idiotas profesionales andan hechos la mocha, defendiendo lo indefendible, repitiendo consignas y celebrando cada demolición como si fuera una conquista histórica.
Son los voceros de un gobierno que se revuelca en el lodo de la kakistocracia: el gobierno de los peores, ejercido por los menos capaces y defendido por los más fanáticos.
Todo esto ocurre en un aire enrarecido por la corrupción, por Segalmex, por el huachicol fiscal, por contratos oscuros, información reservada y fortunas inexplicables. Presumen superioridad moral mientras el olor de la corrupción sale por todas las ventanas de Palacio Nacional.
Un maremoto pasa y comienza la reconstrucción.
El MOREMOTO, en cambio, sigue avanzando porque se alimenta del silencio, del miedo y de una oposición que todavía no comprende la dimensión del desastre.
En 2027 tendremos que decidir si permitimos que esta ola termine de destruir Sinaloa o levantamos un muro ciudadano para detenerla.
Porque después de ocho años, la advertencia es clara:
MORENA no transforma.
MORENA destruye.
MORENA es el MOREMOTO.
Y si no lo detenemos unidos, mañana quizá ya no quede nada por reconstruir.

Nos vemos mañana… pero recuerda: el 2027 nos llama!

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