A todos los que van a leer
les doy una mala noticia
ha muerto Manuel Soler
que Dios le haga justicia
Armando Zamora Canizalez
Hoy me reuní con los integrantes de la Mesa Chayito. Como era de esperarse, uno de los temas principales fue el exitoso encuentro que sostuvimos el viernes pasado con Wendy Barajas, presidenta estatal del PAN, así como la posibilidad de que próximamente invitemos a quienes han manifestado su interés por participar en la candidatura a la gubernatura de Sinaloa.
Y ahí surgió inevitablemente una pregunta: ¿Cómo deberían elegirse las candidaturas en 2027?
Pero antes de entrarle al tema les compartí una noticia triste. Falleció Manuel Soler, personaje ampliamente conocido en Villa Unión y quien en tres ocasiones fue Síndico de esa comunidad. Su muerte me hizo recordar aquellos tiempos en que la política se hacía de otra manera.
En los años ochenta, prácticamente todo candidato que quisiera hacer política en Villa Unión tenía que llegar a la casa de Manuel Soler. Pero después había que cruzar la carretera e ir a visitar a doña Conchita Monárrez, por los rumbos del Cuchupetas. Doña Conchita había sido regidora. Lo curioso del asunto es que Manuel y Conchita estaban peleados. Así que los políticos tenían que reunirse con ellos… ¡pero por separado!
Eran otros tiempos. O quizá no tanto.
En los años noventa, cuando Rafael Oceguera Ramos (+) fue candidato a Diputado Federal, no era precisamente bien visto por Manuel Soler. Sin embargo, Rafael sabía que necesitaba ganárselo y decidió pernoctar en su casa, buscando granjearse su confianza y su respaldo.
¡HAY QUE GANAR VILLA UNIÓN!
En 1994, cuando estaba en plena efervescencia la elección de síndicos municipales y yo era presidente del PRI en Mazatlán, el entonces gobernador Renato Vega Alvarado (+) me dijo una frase que todavía recuerdo: —Hay que ganar Villa Unión…
Aquello me preocupó. Fui con el entonces presidente estatal del PRI, Alfredo Villegas Arreola, y pusimos en marcha un plan para fortalecer la estructura de los seccionales. Pero además se me ocurrió hacer algo por mi cuenta.
Organicé una brigada de jóvenes y los mandé a recorrer Villa Unión haciendo solamente dos preguntas: ¿Quién le gusta para Síndico? ¿Y por qué?
Nada de grandes empresas encuestadoras. Nada de sofisticados algoritmos. Jóvenes caminando las calles y preguntándole directamente a la gente.
Cuando revisamos los resultados me llevé una sorpresa: Manuel Soler aparecía arriba.
Y había un pequeño problema. Manuel no era mi amigo. Mi amigo era Juanito “el Taquero”, pero Juanito aparecía muy abajo en las preferencias.
¿Qué hacer? Para mí la respuesta fue sencilla: respetar lo que decía la gente.
No me quedó de otra que respaldar a Manuel Soler. Y ganamos Villa Unión. También ganamos otras cuatro de las siete sindicaturas que entonces tenía Mazatlán. El Habal todavía no era sindicatura.
Aquella experiencia me dejó una enseñanza que nunca olvidé: una cosa es quién queremos los políticos y otra muy distinta quién quiere la gente.
DE VILLA UNIÓN A EL ROSARIO
Tiempo después apliqué prácticamente el mismo método en El Rosario. Otra brigada de jóvenes y nuevamente dos preguntas: ¿Quién le gusta para presidente municipal? ¿Y por qué?
Mi amigo Fernando Burgueño (+), entonces presidente municipal del PRI, aspiraba a la candidatura. Además, tenía prácticamente amarrado el respaldo de los dirigentes de los sectores y organizaciones: CNOP, CNC, CTM, FJR y CIM. En aquellos tiempos eso parecía suficiente.
Pero salimos a preguntarle a la gente. Y apareció otro nombre: Pedro Ibarra (+).
Cuando llevé los resultados al presidente estatal del PRI no pareció gustarle mucho. Me respondió: —Sí, como Pedro es compadre de Juan Millán…
Ahí quedó aquello. Pero una semana después recibí una llamada suya: —El gobernador mandó hacer unas encuestas y efectivamente sale arriba Pedro Ibarra.
Nuestra modesta brigada de jóvenes había detectado lo mismo que posteriormente encontraron las encuestas profesionales. ¿Por qué? Porque habíamos cometido la maravillosa imprudencia de preguntarle a la gente.
¡A LA PLAZUELA!
Muchos años después, el ingeniero Aarón Flores, José Manuel García Mendoza y un servidor traíamos otra de esas «loqueras» que de repente se nos ocurren.
Aarón gritaba por todas partes que los candidatos deberían elegirse como los antiguos griegos: ¡En la plazuela!
Que salieran los aspirantes, que hablaran, que la ciudadanía los escuchara, que debatieran y que después la gente decidiera.
En aquel momento, Movimiento Ciudadano nos dio su palabra de que quien resultara electo mediante aquel ejercicio sería cobijado por ese partido. Participamos. Gané yo. Pero Movimiento Ciudadano no respetó el acuerdo.
Y aquello dejó otra enseñanza: un mecanismo democrático no sirve de nada si quienes participan no se comprometen previamente a respetar el resultado.
DE LA PLAZUELA A SINALOA DECIDE
Hoy han pasado muchos años desde aquellas encuestas hechas por jóvenes en Villa Unión y El Rosario. Tenemos teléfonos celulares, redes sociales, plataformas digitales, encuestas científicas, debates transmitidos en vivo, foros ciudadanos, universidades, organizaciones de la sociedad civil, cámaras empresariales y miles de ciudadanos en colonias, sindicaturas y ejidos que pueden participar.
Entonces pregunto: ¿Por qué en pleno siglo XXI seguimos permitiendo que algunas candidaturas se resuelvan mediante acuerdos cupulares, cuotas, compadrazgos o dedazos?
Eso es precisamente lo que SINALOA DECIDE quiere poner sobre la mesa rumbo al 2027.
Nuestra propuesta parte de una premisa: Primero Sinaloa y después los partidos.
Queremos que PAN, PRI, Movimiento Ciudadano, PAS, ciudadanos sin partido y las fuerzas que estén dispuestas a construir una alternativa encuentren un gran acuerdo. Pero una alianza solamente para repartirse candidaturas sería más de lo mismo.
¡SIN DEDAZO!
Que quienes aspiren levanten la mano. Mujeres y hombres. Militantes y ciudadanos. Que presenten sus antecedentes, expliquen qué han hecho y digan qué proponen para sacar adelante a Sinaloa. Que recorran el estado, participen en encuentros ciudadanos, debatan públicamente y sean medidos mediante estudios serios.
Y finalmente, que exista un mecanismo previamente acordado, transparente, democrático, confiable y verificable para determinar quién tiene mejores condiciones para encabezar una Candidatura Común.
Pero hay una condición indispensable: todos deberán comprometerse de antemano a respetar el resultado y apoyar a quien resulte seleccionado.
Porque si alguien solamente acepta el método cuando gana, entonces no está buscando democracia. Está buscando candidatura.
LA LECCIÓN DE MANUEL SOLER
Curiosamente, la muerte de Manuel Soler me hizo viajar más de treinta años hacia atrás. Recordé aquella brigada de jóvenes, las calles de Villa Unión, a Juanito «el Taquero» y aquella encuesta.
Y confirmé algo que quizá hoy tenga todavía mayor vigencia: no siempre el amigo del político es el candidato de la gente.
Tampoco necesariamente lo es el favorito de una dirigencia partidista. Ni el que tiene más espectaculares. Ni el que aparece más en redes sociales. Ni el que tiene más padrinos.
Por eso, antes de repartir candidaturas para 2027, habría que recuperar aquella vieja y sencilla costumbre: preguntar.
Preguntarle al empresario, al agricultor, al pescador, al joven, a la ama de casa, al maestro, al comerciante, al trabajador y a quienes viven en las colonias, sindicaturas y ejidos:
¿Quién considera usted que puede gobernar mejor Sinaloa? ¿Y por qué?
Hace más de treinta años hicimos esas preguntas caminando las calles con una brigada de jóvenes. Hoy podemos preguntárselo a todo Sinaloa.
Porque si queremos construir una verdadera alternativa en 2027, la candidatura no debe salir de un escritorio, de una oficina partidista ni del dedo de nadie.
Debe salir de la voluntad de los sinaloenses.
Manuel Soler ya se fue. Descanse en paz. Pero aquella elección de Villa Unión me dejó una enseñanza que hoy SINALOA DECIDE puede convertir en principio:
QUE LOS PARTIDOS PROPONGAN. QUE LOS ASPIRANTES COMPITAN. QUE TODOS RESPETEN EL RESULTADO.
¡Y QUE DECIDA LA GENTE!
Nos vemos mañana… pero recuerda: el 2027 nos Llama!
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