Felipe Guerrero Bojórquez
La detención de Fausto Corrales Rodríguez, testigo clave del secuestro de Ismael “El Mayo” Zambada y del asesinato de Héctor Melesio Cuén Ojeda, puede representar un avance importante en uno de los episodios más oscuros de la historia reciente de Sinaloa.
Pero también abre interrogantes obligadas.
¿Por qué hasta ahora?
La FGR sabía desde agosto de 2024 quién era Corrales Rodríguez. Sabía que había acompañado a Cuén aquel 25 de julio. Conocía su declaración. Conocía sus contradicciones. Y sabía, sobre todo, que su testimonio había servido para sostener la versión de que Cuén fue asesinado durante un supuesto intento de robo en una gasolinera de La Presita, en Culiacán.
Más aún: la propia FGR cateó desde agosto de 2024 un domicilio relacionado con Corrales mientras investigaba el caso, lo que significa que no estamos frente a un personaje descubierto dos años después, sino ante un hombre que desde el principio estuvo en el centro mismo del expediente.
Y de la pregunta del por qué hasta ahora, nos pasamos a la pregunta del ¿por qué permaneció libre durante dos años? Y luego a otra.
Si Fausto Corrales mintió ¿por qué lo hizo? ¿para proteger a quién?
Porque una mentira de semejante dimensión difícilmente puede analizarse como una ocurrencia aislada de alguien que atestiguó un hecho del que la propia presidente Sheinbaum sigue pidiendo información
La declaración de Corrales se convirtió en versión ministerial que la Fiscalía de Sinaloa hizo suya, la difundió públicamente y presentó incluso el video de una gasolinera como sustento de aquella historia. ¿Fue declaración de motu propio o dijo lo que dijeron que dijera? No hay duda, este personaje es testigo de quiénes asistieron a esa reunión y cómo, quien o quienes mataron a Héctor Melesio Cuén.
Después vino la FGR y desmontó aquella investigación: encontró inconsistencias en el video, contradicciones entre la necropsia y lo ocurrido en la gasolinera, irregularidades en el procesamiento del cadáver y otras anomalías suficientemente graves para desacreditar la investigación estatal. Aún así en la Fiscalía de Sinaloa siguen los mismos que, según la propia FGR, participaron en esta delicada acción.
Por el contrario, de la noche a la mañana
se cayó la historia y durante casi dos años nadie tocó inexplicablemente el caso.
Sara Bruna Quiñónez dejó la Fiscalía sin ser sometida a un proceso de investigación, pero ¿qué ocurrió con quienes participaron en la integración de aquella carpeta?
Claudia Sánchez Kondo, actual fiscal general de Sinaloa, era entonces vicefiscal de la Zona Centro. Ministerios públicos, peritos, policías investigadores y funcionarios participaron necesariamente en diferentes etapas de una investigación que posteriormente fue cuestionada por la autoridad federal.
Eso no significa automáticamente que todos hayan cometido delitos. Significa algo mucho más elemental: que sus actuaciones también tendrían que ser esclarecidas.
Porque si la acusación contra Corrales consiste, entre otras cosas, en haber proporcionado información falsa para encubrir lo verdaderamente ocurrido con Cuén, la investigación no debería terminar en quien pronunció la mentira. Debe llegar hasta quienes eventualmente la conocieron, la procesaron, la incorporaron al expediente y la convirtieron en verdad oficial.
Y todavía existe otro misterio.
Durante mucho tiempo Corrales prácticamente desapareció de la escena pública. Se habló incluso de que estaba localizado y protegido debido al enorme riesgo que significaba ser testigo de acontecimientos relacionados con la entrega de uno de los narcotraficantes más importantes de México.
Si la FGR sabía dónde estaba, ¿por qué esperó dos años para judicializarlo? ¿Qué cambió?
¿Aparecieron nuevas pruebas?.¿Cambió Corrales su declaración? ¿Decidió hablar?
¿Por qué hasta hoy la FGR finalmente decidió meterle mano a una carpeta que había permanecido congelada?
Huertos del Pedregal no es solamente la historia del secuestro de “El Mayo” Zambada sino su mención de que a ella asistiría el hoy gobernador con licencia Rubén Rocha.
Ahí convergen el asesinato de Cuén, la entrega de Zambada a Estados Unidos, Joaquín Guzmán López, funcionarios públicos, policías, fiscales y una investigación estatal que terminó severamente cuestionada.
Por eso la detención de Corrales puede ser mucho más importante por lo que eventualmente pueda contar, que por los delitos que hoy puedan imputarle.
¿Hasta ahora cobra importancia que bajo declaración ministerial cuente la versión real?
si Fausto Corrales mintió durante dos años, habrá que saber por qué. Pero si dijo aquella mentira porque formaba parte de una operación mayor para ocultar lo sucedido en Huertos del Pedregal, entonces la interrogante central ya no será por qué detuvieron a Corrales, sino quién
construyó la mentira y a quién protegía.
Después de dos años, detener al testigo puede ser importante, pero lo más trascendente es si se busca que diga su verdad o la verdad que el régimen quiera que diga.
Por algo hasta hoy lo detuvieron. Pronto se sabrá.



