
Una gira de trabajo por Sinaloa, un estado que lleva año y medio en guerra urbana–que ha dejado un alto saldo de homicidios, desapariciones y cuantiosas pérdidas económicas—,concierto gratis de Shakira en el Zócalo, la presidenta cenando unos tacos con su pareja y el gobernador de BCS.
¿Qué tienen en común estas fotos? Que no son casualidad; son parte de un plan. Desde Palacio Nacional están tratando de venderle a todo el mundo —y especialmente a los jefes de la FIFA— que México está tranquilo y listo para el Mundial de 2026.
Quieren que creamos que la normalidad ya regresó.
Pero la realidad es terca.
Más allá del fervor futbolístico, lo que está en juego es un cheque en blanco de confianza internacional que México no puede permitirse rebotar.
La FIFA no es una ONG; es una maquinaria de precisión que exige garantías de movilidad, infraestructura y, sobre todo, certeza jurídica y de seguridad.
Cada reporte de «guerra urbana» en el noroeste del país actúa como un arancel invisible que encarece los seguros, ahuyenta a los patrocinadores de alto nivel y pone en entredicho la capacidad del Estado para garantizar que el Mundial sea una fiesta y no un rehén de la nota roja.
Perder la narrativa de estabilidad frente a los socios del T-MEC y el Comité Organizador implicaría un costo económico que ninguna derrama turística por un concierto en el Zócalo podría compensar.
Por ello, la «taquería» y la «gira» no son solo gestos de cercanía popular, sino herramientas de marketing geopolítico.
El gobierno sabe que, en el tablero global, la percepción de seguridad es tan valiosa como la seguridad misma; el problema es que, mientras la imagen intenta vender un país de vanguardia, los datos de Sinaloa siguen gritando que el terreno de juego todavía está minado.
Al final, parece que la estrategia es aguantar el golpe con fotos bonitas y música. Pero hay que preguntarse: ¿De verdad alcanza con una cena en la taquería para olvidar los balazos? La presidenta quiere exportar tranquilidad para el 2026, pero la realidad en la calle le grita que la seguridad no se crea con fotos, sino con resultados.
El Mundial no solo se juega en la cancha, se juega en la seguridad de todos nosotros.
ARROPAMIENTO DIGNO DE LUNA DE MIEL
Para su consumo: En este teatro de la política, quien tuvo un renacimiento digno de telenovela fue el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya.
Nos cuentan que, desde que arrancó el 2026 hasta el viernes pasado, Rocha andaba que ‘no lo calentaba ni el sol’. La frialdad con la que era tratado en Palacio Nacional lo tenía estresado, sacado de onda, avivando los rumores de que su futuro político estaba siendo enviado directo a la congeladora.
Incluso, la denuncia penal interpuesta por abogados sinaloenses ante la FEMDO parecía el último clavo en el ataúd de su carrera.
Pero, ¡oh sorpresa! Repentinamente, el hielo se derritió. Pasamos de la fría indiferencia mediática a un arropamiento caluroso digno de luna de miel.
Las fotos no mienten: al inicio de la gira presidencial, Rocha lucía estresado, con la mirada perdida y sin brillo, como quien sabe que debe la renta. Sin embargo, al cierre del recorrido, el cambio fue mágico: regresó el Rocha alegre y dicharachero.
Tan ‘amigos’ andan, él y la mandataria, que su equipo difundió una foto donde se ve una invasión de espacio personal poco usual en los protocolos presidenciales, sellando así el pacto de reconciliación. Rocha vuelve a la vida.

De última hora.
Nos enteramos por fuentes de alto nivel en la Fiscalía General del Estado que ya tienen nombre y apellido del presunto asesino de la activista Rubí Patricia Gómez-Tagle. Se trata de Manuel N. y según las líneas de investigación confidenciales había acudido al domicilio de la víctima haciéndose pasar como repartidor de comida.
El brutal asesinato —el cuerpo presentaba múltiples lesiones con arma punzocortante— ha cimbrado a los colectivos de búsqueda, quienes aseguran que esto no es solo un ataque personal, sino un intento directo de silenciar la búsqueda de miles.
Nos confiesan que el gremio trabaja en absoluta vulnerabilidad y con nulo apoyo gubernamental.
La saña contra Rubí tiene un contexto macabro: su hijo desapareció hace poco más de un año y ella se había integrado al colectivo para buscar restos en la zona de El Verde.
El asesinato ocurre justo cuando organizaban una búsqueda en la misma área donde, hace unas semanas, se encontraron los cuerpos de los mineros de Viszla Silver.
Cabe recordar que el hijo de Rubí fue visto por última vez el 29 de mayo de 2025 en el fraccionamiento Infonavit Jabalíes. La investigación toma un giro oscuro que vincula la búsqueda de desaparecidos con la guerra de cárteles en la región.



