Víctor Flores
Una investigación realizada por Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) y difundida por el periodista Luis Chaparro del sitio Pie de Nota, ha revelado que la estancia de Diego Armando Maradona en Sinaloa ocultaba un trasfondo económico que iba más allá del futbol.
Según el reporte, mientras «El Pelusa» dirigía a los Dorados de Sinaloa entre 2018 y 2019, operaba simultáneamente como un intermediario comercial clave para el gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela.
El rol de «comisionista»
La investigación detalla que Maradona mantenía un contrato con la empresa italiana Casillo Commodities.
Su función principal era facilitar la venta de materias primas, como granos y alimentos, al régimen venezolano, aprovechando su estrecha relación personal con Maduro, llevándolos desde Topolobampo a los diferentes puertos de este país sudamericano.
Se estima que el exfutbolista recibía comisiones de entre el 1.8% y el 3% por cada tonelada de producto vendido.
Tras su fallecimiento, reportes financieros sugieren que estas operaciones pudieron reportarle beneficios de hasta 20 millones de dólares.
Triangulación de pagos: Oro y Petróleo
Debido a las sanciones internacionales impuestas a Venezuela y la escasez de divisas en el país sudamericano, el reporte señala que el gobierno de Maduro habría liquidado los pagos a la empresa italiana —y, por consecuencia, las comisiones de los intermediarios— mediante el uso de cargamentos de oro y petróleo.
El factor Dorados de Sinaloa
El periodo de Maradona en Culiacán fue fundamental para estas gestiones. La investigación de MCCI subraya que el apoyo político que el astro argentino manifestaba públicamente hacia Maduro no era meramente ideológico.
«Dedicar triunfos de Dorados a Maduro en conferencias de prensa formaba parte de una estrategia de relaciones públicas para aceitar los negocios de importación de alimentos», señala el informe.

Cabe recordar que, en su momento, la Federación Mexicana de Futbol (FMF) multó a Maradona por realizar declaraciones de tinte político, aunque en ese entonces se desconocía el trasfondo comercial de sus palabras.
La red de negocios contaba con dos figuras operativas esenciales que gestionaban la logística y las finanzas fuera de la vista pública:
Matías Morla: Abogado de Maradona, señalado por gestionar los contratos y las cuentas en Dubái donde se depositaban los pagos.
Valerio Antonini: Empresario cercano a Diego que fungía como el enlace directo con la compañía Casillo.
Es imposible creer que la directiva de Dorados, encabezada por el Grupo Caliente, ignorara que su director técnico utilizaba los micrófonos de la liga para hacer campaña por una dictadura, no por convicción, sino por contrato.
Al final, Dorados y la FMF no solo importaron a un ídolo en decadencia; importaron un esquema de lavado de imagen para un régimen sancionado.
En Culiacán, la pelota no solo se manchó: se utilizó como moneda de cambio para lucrar con la crisis humanitaria de un pueblo hermano.
Es hora de que los directivos expliquen si fueron los «tontos útiles» de Maduro o si, en el fondo, también sacaron tajada de la mesa puesta por el «Diez».

Manotazo en el PRI: De la «farsa» de la dirigencia a los nombramientos imaginarios
La política mazatleca ha entrado en una fase de ebullición tras la estrepitosa fractura en el PRI municipal, donde lo que debió ser un relevo institucional terminó en un auténtico «choque de trenes».
La salida de José Luis Arreola Montoya de la dirigencia no fue, ni de cerca, el proceso terso que la cúpula estatal esperaba; por el contrario, Arreola se retiró lanzando fuego contra sus propios colores, calificando de «farsa» y «albazo» la llegada de Maribel Chollet.
Este desaire no solo exhibió la falta de operación y oficio político en el centro del estado, sino que dejó al priismo del puerto con una herida abierta justo cuando más urgía cohesión frente a la hegemonía de Morena.
En los pasillos del tricolor se dice que el pecado de Arreola fue su perfil excesivamente estridente, el cual terminó por incomodar a quienes prefieren una oposición de «terciopelo» o de acuerdos bajo la mesa.
Sin embargo, su desplazamiento forzado generó un vacío difícil de llenar; mientras la nueva dirigencia de Chollet Morán intenta legitimar su mandato ante las bases, el fantasma de la traición y la imposición recorre los seccionales del sur de Sinaloa.
La gran duda es si este relevo busca realmente fortalecer al partido o si es, simplemente, el pago de cuotas a grupos tradicionales que se niegan a soltar el control del poco territorio que les queda.
Ante el riesgo inminente de convertir al PRI mazatleco en un cascarón vacío y frente a una militancia confundida, la dirigencia estatal parece haber reculado para evitar una desbandada mayor.
En un intento por cicatrizar las rencillas con el grupo de Arreola, optaron por la vieja práctica de la compensación: otorgarle un nombramiento de «alto nivel» que, curiosamente, no existe en el organigrama oficial: Delegado del PRI en la zona sur.
En política, la forma es fondo, y este «premio de consolación» tras el manotazo inicial sugiere que, en el tricolor sinaloense, la democracia interna sigue siendo una asignatura pendiente y, sobre todo, sumamente costosa.
Con Arreola ‘congelado’ en una delegación fantasma y Maribel Chollet sentada en una silla que todavía cruje, la verdadera incógnita es: ¿Quién manda realmente en el PRI mazatleco? Si la respuesta es ‘nadie’, entonces Morena puede dormir tranquila; la oposición en el puerto sigue ocupada tratando de entender su propio organigrama.



