
Por: Víctor Flores
Lo que pasó este miércoles en el Malecón Viejo de Culiacán no fue un «sustito» ni un choque cualquiera. El atentado a balazos contra los diputados de Movimiento Ciudadano, Sergio Torres Félix e Elizabeth Montoya, es una cubetada de agua fría para todos los sinaloenses.
Nos viene a decir, de frente y sin rodeos, que aquí nadie está seguro.
Muchos conocen a Sergio Torres. Ha sido alcalde, anda en las colonias y, nos guste o no su partido, es de los pocos que se atrevía a decir las cosas claras en el Congreso.
No se callaba.
Apenas hace unos días denunciaba que en el sindicato del Ayuntamiento (STASAC) se estaban repartiendo plazas entre puros familiares, dejando fuera a la gente que sí trabaja.
Incluso, reconoció su afinidad por el proyecto de la doctora Zaida Flores, de quien destacó su trayectoria limpia para representar a los trabajadores.
Pero Sergio no solo hablaba de plazas; también reclamaba por el robo de las jirafas del Zoológico y, lo más grave, gritaba que el dinero para seguridad no se ve por ningún lado mientras el Gobierno Federal le recorta el presupuesto a Sinaloa para este 2026.
La pregunta que todos nos hacemos en la calle es: si los delincuentes se animan a dispararle a un diputado a plena luz del día, con escoltas y en una zona tan transitada, ¿qué nos puede pasar a usted o a mí?
Si a ellos, que tienen poder y voz, no los respetan, es porque quienes jalan el gatillo se sienten dueños de la calle y creen que no les va a pasar absolutamente nada.
La gravedad del asunto la confirmó el propio gobernador Rubén Rocha Moya, quien acudió al hospital y fue claro: “Sergio Torres está grave”. El diputado entró a quirófano luchando por su vida, mientras que la diputada Elizabeth Montoya, aunque también fue víctima del plomo, se reporta estable.
El golpe a la tranquilidad de Sinaloa, sin embargo, ya nadie lo quita.
Presión nacional: Culiacán en la mira
El tamaño del escándalo obligó a que las autoridades más importantes del país pusieran sus ojos en nosotros:
La Presidenta Claudia Sheinbaum condenó el ataque y prometió que la Federación no dejará solo a Sinaloa, enviando apoyo de inteligencia para que el caso no termine en el cajón de los olvidos.
El Secretario de Seguridad Omar García Harfuch ya activó a sus grupos especiales para cazar a los responsables, advirtiendo que esto fue un ataque directo a las instituciones.
Mientras el gobernador de Nuevo León Samuel García llamó «cobardes» a los agresores, la senadora Lilly Téllez tronó diciendo que Sinaloa es un «estado fallido» donde mandan los criminales.

Unidos por el miedo
En el Congreso local, la parálisis legislativa fue el reflejo del susto. La Junta de Coordinación Política, encabezada por Teresa Guerra, dejó de lado los colores para exigir justicia «sin privilegios».
El mensaje de los diputados es de solidaridad, pero también de terror: saben que el ataque busca callar a quienes denuncian la corrupción y el abandono.
No hay que engañarnos: Sergio Torres estaba haciendo ruido donde más duele, en el dinero y en los abusos de poder. Al pegarle a él, le pegan a las familias sinaloenses que hoy ven cómo hay menos presupuesto para medicinas, calles, agricultores y pescadores.
El diagnóstico es claro: nuestra paz está en terapia intensiva. El gobernador dice que están atentos, pero la realidad es que si no hay detenidos tras este escándalo, la señal será que estamos huérfanos de autoridad.
Sinaloa no merece vivir con el miedo en el cuerpo; merecemos una tierra donde caminar por el Malecón no sea una sentencia de muerte y donde la verdad no se pague con balas.
Hoy Sergio lucha por su vida; mañana, la lucha será para que el silencio no se convierta en nuestra nueva ley.

No cabe duda, el gobernador Rubén Rocha Moya se encuentra bajo una presión sin precedentes. Mientras la presidenta Claudia Sheinbaum envía refuerzos de inteligencia, la percepción ciudadana es de una vulnerabilidad absoluta.
El estado de salud de Sergio Torres (reportado como grave y en Terapia Intensiva) mantiene a la clase política en vilo, pues el desenlace de su salud marcará el tono de la protesta política en los próximos días.



