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Descansa en paz la profesora María del Socorro Osuna Urrea (N. Rosario, 4 Dic. 1938; M. Mazatlán, 3 Dic. 2023)

  • Texto tomado del libro «SINALOA: 100 años de Historia Educativa 1910-2010» publicado por José Guadalupe Rincón Andrade en 2012.

A corta edad, sin más preparación que su educación primaria, María del Socorro Osuna Urrea, ingresó a las filas del magisterio con deseos de realizarse como guía de la educación, vocación que convirtió en realidad con el tiempo.

Es la única mujer en Mazatlán como Jefe de Sector en Educación Primaria, puesto que para obtenerlo tuvo que escalar todos los niveles: empezó como maestra por 28 años; de ahí 6, como directora; 5 como supervisora, y actualmente lleva 22 como jefe de sector. «Empecé a trabajar muy pequeña porque mi mamá era maestra y me encantaba su carrera, entonces cuando terminé la primaria a los 10 años, mi madre me consiguió un acta extemporánea y a los 11 entré a trabajar», comenta la profesora María del Socorro.

Comenzó a trabajar en una escuela de la comunidad de Mármol, con plaza Artículo 123, se le llamaba de esta manera porque los maestros eran pagados por la Fábrica Cementos del Pacífico, ganaba 90 pesos por quincena.

«A pesar de mi corta edad, me sentía grande, importante, me decía el supervisor: ‘hija, bájale al vestidito para que te veas más grande y píntate los labios’, yo le respondía: “¡no! mi mamá se enoja», dice entre risas.

A los 16 años, en Tepic, Nayarit, la aceptaron en la escuela de maestros. Dedicó a sus estudios el tiempo libre y vacaciones, terminando su carrera en 1963 con el título de maestra normalista.

«Tenía mucho interés, me gustaba mucho mi trabajo, siempre me gustó, soñaba con ser maestra y al obtener el título me sentía realizada. En ocasiones, cuando mi mamá se enfermaba, yo le cuidaba el grupo».

La profesora María del Socorro es la mayor de siete hermanos, por ello se sentía con la obligación y el compromiso de ayudar en su casa. «Mis hermanos y yo no disfrutamos la infancia porque éramos muchos y nos cuidábamos todos, a mí me responsabilizaban de cuidarlos, pero yo quería trabajar para apoyar en los gastos de la casa». El primer cheque que le pagaron lo utilizó comprándole una carriola y una cuna a su hermanito.

En 1964 contrajo nupcias. Al combinar sus actividades de trabajo y hogareñas, en un principio, fue de mucha presión, ya que su trabajo era muy absorbente y de constante dedicación. «Poco a poco fui ingeniando la manera de organizarme, nunca me atemoricé y me gusta enfrentar retos lanzándome con valentía y seguridad al desarrollo de mis actividades», dijo en su espacio de oficina que tiene decorado con distintas ranas de peluche, cerámica y juguete. «Sentía que cada día crecía más, combinando toda una serie de responsabilidades y experiencias que nos involucra a todas las mujeres al tener un trabajo, esposo e hijos».

Después de 22 años de permanencia en el grupo, concursó para la plaza de directora de primaria, nombramiento que obtuvo y lo desarrolló en la escuela Melchor Ocampo, ubicada en la colonia Nueva Esperanza. Ahí laboró seis años, después se le presentó la oportunidad de concursar con plaza de supervisora escolar, ganándose el ascenso y siendo nombrada para la Zona 076 de Guasave, Sinaloa. «Con todos los altibajos presentados, estuve al frente de la Supervisión, que se me hizo eterno, ya que cada viernes

me trasladaba a mi hogar, regresándome los domingos, a las 12:00 horas, para llegar el lunes a las cinco de la mañana».

A los dos años como Supervisora, fue llamada a Culiacán ante la SEP para recibir nuevas órdenes de cambio y trasladarla de nuevo a Mazatlán, donde por tres años laboró en la Zona rural 044.

El siguiente ascenso y reto para la maestra fue que la hicieron responsable de 12 zonas escolares abarcando cinco municipios de la Región Sur: San Ignacio, Mazatlán, Concordia, El Rosario y Escuinapa. «Esto es lo último a donde llega uno como maestro en el trabajo, ya de aquí más arriba no hay, pero mientras no me duela nada, yo me sienta bien y no se me olviden las cosas aquí voy a estar, apoyando siempre», dice con voz firme. En su actual cargo, como Jefa del Sector 10, tiene la responsabilidad de estar checando que todos los centros de trabajo estén laborando bien, que los horarios se respeten, donde haya problemas tiene que acudir para tratar de resolverlos.

También tiene la encomienda de ver que tengan el número de alumnos exactos, estar checando que las escuelas tengan lo necesario y ayudar a los maestros a gestionar. «Me siento feliz con Dios porque ha dirigido mi vida muy bonito, me siento realizada como mujer, aunque me haya divorciado, me siento realizada como madre y sobre todo como profesional de la educación».

Hijos profesionistas; siempre ha procurado que sus hijos sean responsables y les habla sobre los deberes que tienen, de prepararse para la vida, para que tengan que ofrecerle algo a su familia. Su hija mayor, Yoli Edith es médico cirujano; Laura Elena profesora; Sergio, ingeniero químico; Jéssica, ingeniero en alimentos; Héctor Ornar, técnico en computación e ingeniero civil; Juan Samahí (+), Licenciado en Derecho, y María Celeste, programadora analista en computadoras. (María del Socorro Osuna Urrea. Una mujer de retos, Mazatlán, México, Johana Páez, Noroeste Gente, 2008).

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