Tecámac, Estado de México.-Las figuras de Sheinbaum y López Obrador ataviadas con vestimenta de catrines, flanqueadas y rodeadas por otras figuras que representaban a miembros de la delincuencia organizada (narcotraficantes) y haciendo alusión a la polémica frase de «Abrazos, no balazos», fueron presentadas durante un Festival de Catrinas en este municipio.
La instalación fue interpretada por muchos, como una crítica directa a la estrategia de seguridad del gobierno de la Cuarta Transformación, sugiriendo una supuesta colusión o complicidad entre el poder político y el crimen organizado, una narrativa que ha circulado a menudo en redes sociales y entre opositores bajo etiquetas como «#Narcopresidente» o «#Narcogobierno».
Es importante señalar que la sugerencia de que el gobierno actual es el «brazo político del crimen organizado» es una acusación política recurrente por parte de la oposición y de sectores críticos.
Tanto el expresidente López Obrador como la actual presidenta Sheinbaum han negado categóricamente cualquier vínculo con el crimen organizado.
En varias ocasiones, Claudia Sheinbaum ha desestimado las acusaciones de «narcopresidente» o «narcogobierno», calificándolas como parte de una campaña política falsa y con tintes internacionales. Ella ha defendido su estrategia de seguridad, que se enfoca en atender las causas de la violencia y no en una «guerra» directa, buscando una mayor coordinación y el uso de inteligencia.
El montaje en Tecámac, al utilizar la tradición del Día de Muertos y el sarcasmo popular, es un ejemplo de cómo la crítica política y las narrativas de desprestigio se manifiestan en el «Vox Populi» artístico y social.



