Rodrigo de Triana
Por no explicar “con manzanitas” en qué se gastaban el dinero de todos los sinaloenses, el Gobierno del Estado le cerró la llave del dinero público a la Impulsora de la Cultura y de las Artes (IMCA).
Hablamos de un nada despreciable “tajadón” de entre 20 y 22 millones de pesos al año que mantenía funcionando al Centro de Innovación y Educación (CIE), al Museo Trapiche y al Teatro Ingenio en Los Mochis.
La propia gobernadora Yeraldine Bonilla Valverde tuvo que salir a ponerle nombre y apellido al problema: cuentas muy oscuras sobre el uso del dinero del pueblo y el cobro de cuotas nada caritativas a la gente.
La respuesta del patronato no se hizo esperar, pero sonó más a chantaje que a ganas de rendir cuentas: amenazan con cerrar las puertas este 31 de agosto de 2026 y dejar en la calle a 95 trabajadores. Sin embargo, más allá del drama laboral, lo que de verdad crujió fue el negocio de la acaudalada familia Salido Artola, que por más de 15 años manejó estos lugares como si fueran su rancho privado, pero pagado con el bolsillo de la ciudadanía.
Hay que recordar que este grupo no solo es dueño del periódico El Debate, sino que también maneja los millonarios fondos de la Cruz Roja Estatal. Se les acabó el cheque en blanco; a ver si ahora sí aprenden a entregar cuentas transparentes.
Mazatlán en llamas: de la Oficialía Mayor al crimen organizado
Apenas se digería la caída de una banda de extorsionadores y «cobradores de piso o de cuotas» en el fraccionamiento Hacienda del Seminario, cuando saltó la pus: entre los detenidos cayó un flamante empleado municipal de la Oficialía Mayor.
Según se regó como pólvora en redes sociales, los delincuentes trabajaban usando chalecos oficiales de inspectores de Comercio para extorsionar a gusto a la gente.
El dato no es cualquier cosa.
La Oficialía Mayor es una de las oficinas más poderosas del municipio y, según los rumores de pasillo, la controla el esposo de la alcaldesa Estrella Palacios. La alcaldesa con licencia va a tener que despertarse del sueño y regresar a toda prisa a poner orden y hacer una limpieza a fondo, antes de que otro escandalo le dinamite el camino y le desmonte la idea de convertirse en la próxima gobernadora de Sinaloa.
Gobierno de Estrella Palacios ¿Cueva de Alí Babá?: la casa requiere barrida urgente
Y es que la confianza de la gente en el Ayuntamiento mazatleco está por los suelos. La ciudadanía apenas se iba recuperando del susto que causó la detención del «zar de las compras» de la Tesorería —atrapado en un operativo dentro de un exclusivo fraccionamiento del norte— cuando le asestan este nuevo golpe a la administración municipal.
Si la alcaldesa de verdad quiere salvar el barco, nos dicen que la escoba no solo debe pasar por la Oficialía Mayor, sino entrar de lleno a Obras Públicas y Planeación, dos áreas que por dentro y por fuera del palacio municipal ya son vistas como verdaderos nidos de corrupción.
Otra área descuidada es Comunicación Social, donde dejaron crecer un problema sin necesidad cuando podían haberlo solucionado a tiempo. Apenas ayer, el periodista y director de Frente Noticias, Ernesto Zepeda Rendón, presentó una denuncia formal ante la Fiscalía por hechos que considera represalias derivadas de su trabajo periodístico.

Oposición de «adorno» y el manotazo en la mesa blanquiazul
En medio del desastre administrativo y la crisis de inseguridad que azota a Mazatlán, la gran pregunta de los vecinos era: ¿dónde demonios está la oposición?
La respuesta es triste pero clara.
Mientras el puerto se convulsiona, la dirigente estatal del PAN y regidora de Mazatlán, Wendy Barajas, ha actuado de una forma tan tibia que resulta sospechosa; una actitud de puro «adorno», agachada y extrañamente cómoda con el gobierno en turno, más preocupada por la convivencia social que por exigir cuentas claras.

En contraste, la reaparición de Nadia Vega Olivas al frente del PAN municipal vino a sacudir el avispero.
Panista de hueso colorado y con experiencia, Vega Olivas regresó para decirle sus verdades al Ayuntamiento: a Mazatlán le hace falta mucho más gobierno y menos campañas de promoción política.
Con la mira puesta en las elecciones del 2027, el regreso de Nadia representa un respiro para un partido azul que parecía fantasma.
La verdadera prueba de fuego será ver si le alcanza la fuerza para sacudir a sus propios regidores «amansados» y convertir al PAN en el freno real que la golpeada ciudadanía exige a gritos.



